Epílogo
Sayer
Dalila tiene ocho años. Ocho años. Ahora está con su primo Sasha, de once años, en mi salón, cantando con el nuevo juego de karaoke que les ha comprado mi suegro. Él también canta y la hija de Ginette y Kerr, de un año, da palmas cuando no está gateando.
—No sé quién canta peor —añade mi suegra.
Simon lo está dando todo para nuestra colección familiar.
Me mira y sonríe. Cada año está más guapo. No puedo creer la suerte que tengo. Sobre todo, cuando me mira y sonríe como si me dijera: «Te quiero comer entero».
El tiempo solo ha hecho que lo desee más.
Kerr y yo nos hemos retirado. Ahora somos comentaristas deportivos.
Basile y Aquiles siguen en el equipo y están juntos con una chica.
Se liaron una noche de fiesta los tres y, desde entonces, están juntos.
Al final no fueron los nuevos los que hicieron que se dejara de hablar de nosotros.
Fueron ellos. Me he dado cuenta de que la gente cada vez tiene menos prejuicios.
Poco a poco, la gente aprende a vivir su vida y a aceptar la de los demás.
Siempre habrá alguien que te critique, que trate de destruirte, porque, cuando alguien se sale de lo establecido, asusta a los débiles de mente.
A los que no entienden que la vida es un constante cambio y que lo más importante es ser feliz.
Yo, al fin, lo comprendí.
—Ginette dice que quiere dos hijos más —me dice Kerr. Tiene ojeras por la falta de sueño.
—Te quiere matar. —Asiente.
—Tú sí me entiendes.
—Tres más —le dice Ginette y, por la cara que pone, sé que bromea.
Kerr sonríe y va hacia ella.
—Vigila a mi pequeña, tío Sayer, tengo que poner en práctica los trescientos hijos más que quiere mi mujer.
—¡He dicho tres!
Ginentte sale corriendo y se choca con Tyre.
Se marchan a su casa. Mi hermana se acerca y se sienta.
Está de nueve meses y en cualquier momento tendrá a su hijo.
Llevaban años buscándolo, pero no llegaba.
Al final, lo dieron por imposible y se conformaron con los hijos que ya tenían, pero entonces se quedó embarazada.
Se va a llevar muchos años con Sasha, pero yo, que me llevo diez con mi hermana, sé que Sasha lo amará con locura.
—Te prometo que voy a tirar ese trasto por la ventana —dice cuando mi suegro se pone a cantar. Fatal. Pero es que Sasha no lo mejora y su hermano, el hijo de Tyre, tampoco.
—Yo me sigo preguntando en qué momento os invité a mi casa.
—Fui yo, papá —informa Dalila—. Cogí tu móvil y le mandé un mensaje al primo. —Su sonrisa me derrite el corazón.
—No pasa nada —le dice Simon, cuando yo no reacciono.
—Vale, papi.
Me da un beso y sale corriendo. A mí me dice papá y a Simón, papi. Me preguntó por su madre. Le conté la verdad y Sasha le ayudó a entender que en tu vida está quien te ama y no quien se obliga a amarte. De mis padres no he sabido nada, ni lo espero. He aprendido a vivir sin ellos.
Cuando Kerr y Gin regresan, parecen dos adolescentes.
Me gusta verlos así de bien.
***
Salgo al balcón,donde Simon está mirando la noche. Dalila está torrada. Al fin. Esta noche me tocaba a mí contarle un cuento.
Lo abrazo por detrás y miramos la ciudad bajo nuestros pies.
—¿Qué piensas?
—En esto. —Se gira y me besa.
Su boca se junta a la mía y nos besamos. Al poco, empieza a llover, pero eso no nos detiene. Tira de su ropa y yo de la mía. Andamos hasta la cama y cierro la puerta. Cuando caemos en la cama, estamos mojados.
Entro en él con fuerza. Como le gusta. Lo domino, lo hago mío. Lo llevo al límite y él a mí. Toca su polla y yo con él. Nos corremos y luego nos enredamos en la cama.
—Pensaba en besarte y en pasarme cada día de mi vida contigo.
—¿Hasta que sea un viejete? Mira que si soy idiota, ahora lo seré más con los años.
—Hace tiempo que lo dejaste de ser. Aprendiste a cuidar de ti.
Lo miro feliz y me doy cuenta de que es cierto. Que dejé de huir, de correr, sin ir a ninguna parte. De tener miedo. Y me paré. Aprendí a quererme, a valorarme y a vivir. Sobre todo, aprendí a vivir.
Le acaricio la mejilla, perdido en él.
Él me hizo entender que la perfección solo es una emoción que nos calienta el alma cuando, al mirar algo, sentimos que ese instante, esa persona, ese momento… es simplemente perfecto.