Broken Ice Capítulo 38
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Capítulo 38

Sayer

Simon y Ginette nos acompañan hasta el aeropuerto. Nos toca irnos para jugar varios partidos. Estaremos tres semanas fuera. Cuando Kerr detiene el coche, sale de este, y Gin hace lo mismo. Nos dejan intimidad para despedirnos.

Me aterra que alguien pueda vernos. Hacer fotos…

Simon me da un beso en la frente y sale del coche.

Odio esto.

Llevamos ya un mes juntos y la liga se está acabando.

Me toca dar el paso o lo perderé. No hay más.

Lo peor es que creía que tendría más fuerzas para todo lo que se me viene encima y no dejo de ver a mi padre antes de pegarme.

Esa mirada cargada de odio. Tengo pesadillas con esto.

Se lo he dicho a la psicóloga y dice que es porque pienso que, cuando diga la verdad, recibiré un golpe y, por eso, veo a mi padre.

Amanda y Sasha se han ido a vivir con Tyre esta semana y, desde entonces, estoy más nervioso, porque Simon ahora vive en mi casa, solo conmigo. Simon se ha dado cuenta, cómo no, y ha propuesto irse a vivir con Basile, al que se la suda lo que digan.

Y me lo creo. Basile es así, pero yo no…

Kerr toca a la puerta y salgo.

Vamos hasta la terminal donde nos espera el resto. Cuando llega el momento de despedirnos, Simon solo me mira.

—Voy a quedarme con Ginette mientras estáis fuera. —No lo sabía y sé por qué lo hace—. Es mejor así. Y luego me iré a casa de Basile.

—No, joder…

—Es solo hasta que lo tengas claro.

Tomo aire. Agitado, nervioso y ansiando besarlo. ¡Vamos a estar días sin vernos! Doy un paso hacia él y veo que nos hacen fotos. Nos han reconocido. Entonces, Kerr nos abraza a los dos y acaba con mis dudas. Acaricio a Simon, sin que nadie vea nada raro.

—Tómate este tiempo para pensar, Sayer.

Nos separamos y me marcho con Kerr dentro. Les decimos con la mano adiós a los dos. Gin está abrazada a su amigo mientras llora por separarse de Kerr.

—Joder, cada vez es más complicado pasar tanto tiempo separados —añade mi amigo.

—Lo es, sí.

—Como sigas así, lo vas a perder y te juro que te lo mereces.

—Lo sé.

—Se va a ir a casa de Basile. Todo lo que le cuenta a Gin, me lo cuenta.

—Me lo acaba de decir. Esta semana, sin Amanda, he estado algo alterado.

—Bueno, como te ha dicho, tómate el viaje para pensar.

—Sé que lo quiero.

—Pues entonces salta o quédate sobre seguro. Haz lo que quieras. Yo siempre voy a estar ahí.

Lo sé. Al llegar con el resto del equipo, Basile se sienta a mi lado. Le gruño, pero se queda igual. Al final, Kerr se sienta con nosotros y nos mira divertido por mi cara de buenos amigos.

—No me sorprende que me prefiera a mí. —Le fulmino con la mirada—. Nos han hecho fotos juntos. —Saca el móvil y las veo—. Salgo muy guapo. La prensa se pregunta si somos pareja.

—No se va a ir a tu casa.

—Pues haz algo, porque a mí me la suda lo que piensen, pero a ti no. He apostado con Aquiles que lo dejarás marchar.

—No sé en qué momento dejé a Simon que os contara nada.

Simon me dijo que si se lo iba contando poco a poco al resto del equipo, podría ver cómo me siento. Le dije que se lo contara bajo secreto a estos dos y me arrepiento. Ahora los tengo pegados a todas horas porque se creen de golpe mis mejores amigos.

En el fondo, me encanta cómo son, pero no pienso decirlo en alto.

—Yo estoy deseando tener razón y que dejes de tener miedo. —Aquiles se mete en la conversación.

Bufo y se ríen. Nos dicen que nos pongamos el cinturón y apagamos los móviles. Antes de hacerlo, le mando un mensaje a Simon con las fotos de la prensa con Basile.

Simon: Salimos muy guapos :P

Por su respuesta, sé que no sabía nada. Pero esto seguro que hace que la prensa lo persiga, ya que a Basile lo han pillado con hombres y pueden pensar que ahora su pareja oficial es Simon y, como pasan tanto tiempo juntos, no les extrañaría.

Por eso, cuando podemos quitarnos los cinturones, voy a hablar con Richard.

No me cae mal y, por lo que sé, Simon y él se llevan bien.

Ahora que han limado asperezas, se han dado cuenta de que lo suyo acabó hace tiempo.

—¿Qué pasa? —Richard me mira cuando me siento a su lado.

—¿Sabes lo de las fotos de Simon?

—Sí, estoy viendo cómo va todo para que la prensa no le dé mucho el follón. Como vamos a estar fuera tres semanas, lo dejarán en paz hasta que Basile vuelva. Simon me ha dicho que se muda con él. Esto solo alimentará la noticia. ¿No te importa?

—No va a ir a casa de Basile.

—Bueno, pues piensa que, si se queda en tu casa, lo verán contigo, ahora que la prensa está pendiente de saber si es el nuevo novio de Basile.

—Las cosas no deberían precipitarse.

—Ya, bueno, es lo que hay, Sayer. Te iré informando de cómo va todo.

—Gracias.

—Yo cometí un error al dejarlo ir, no hagas lo mismo o te arrepentirás.

No respondo nada porque tiene toda la razón. Regreso a mi sitio y Aquiles y Basile se sientan uno a cada lado. Al final, me cuentan cómo les van sus líos con las mujeres y con algún hombre. Lo hacen de forma natural y los envidio. Quiero ser más como ellos.

Desconecto a medio vuelo.

Al aterrizar, tenemos a muchos fans esperando. Paramos a hacernos algunas fotos y luego vamos al autobús. No llamo a Simon hasta que estoy solo en el hotel.

—Estoy a punto de matar a Basile. —Se ríe.

—Ya será menos.

—Creo que piensa que soy su nuevo mejor amigo.

—Es buen tío.

—¿Te gusta?

—Como amigo, me encanta. Tengo mucha suerte de tenerlo a él y a Aquiles. Sobre todo, porque se la suda darme abrazos, besos o salir conmigo porque sea homosexual.

—Vale, eso ha sido un golpe bajo.

—No, no lo es. Pero sigue en pie lo de irme. Es lo mejor, Sayer. No quiero que mires el móvil como un loco, por si alguien nos ha visto juntos y ha sumado dos más dos, al vivir bajo el mismo techo.

No digo nada y es horrible.

Al final, cambiamos de tema, pero sé que tengo que dar otro paso. Por suerte, en este viaje tengo citas con la psicóloga por videollamada. No puedo dejarlo ahora. Yo esperaba estar más preparado.

Pero el tiempo pasa rápido y cuando vuelvo a casa, Simon no está. Es tarde y se ha ido a casa de Basile. El portero le ha dicho que le diera unas llaves. Simon debería estar aquí. Debería estar en nuestra casa.

Agitado, lo llamo.

—Son las dos de la mañana. Ya ni dormir me dejas.

—¡Estoy en casa, amorcito! —le grita Basile.

—¡Quítate de encima, pedazo de bruto!

—No, joder. Dame un puto abrazo. —A Simon se le cae el móvil y lo escucho reír por las tonterías que dice Basile.

Yo quiero eso, quiero eso. Quiero eso…

Cuelgo y le mando un mensaje diciéndole:«Buenas noches».

La prensa se hace eco enseguida de que viven juntos y saca fotos de ellos al ir al trabajo. Ese debería ser yo. Cogen la foto de Simon, que nos hizo de nuestras manos, y piensan si llevan juntos desde entonces. Esto no está bien…