Capítulo 31
Simon
Mary tiene ya la baja por su embarazo y hoy llegará su primo. No sabemos nada más de él, salvo que está deseando conocernos y ponerse manos a la obra con todo. Espero que nos caiga bien.
Ha pasado un mes desde que Sayer empezó a ir a terapia y ser amigos se nos da… bien. Salvo cuando lo veo sin camiseta por la casa o él a mí. Entonces, no comernos la boca es casi doloroso. No hemos dormido juntos, pero cada noche hablamos como idiotas por el móvil, estando pared con pared.
Me dijo que estaba mejor con las sesiones de la psicóloga. Y lo parece. Más calmado, sobre todo. Y seguimos igual: amigos que se desean, se quieren y no cambian.
He tenido citas y ninguna ha ido bien. Sayer se alegra.
Se alegra mucho y odio que me lo diga, porque así no podremos ser solo amigos.
No he encontrado casa para irme. Tampoco he estado buscando con mucho ahínco, pero debo hacerlo.
Dudo que Amanda regrese a la casa de alquiler.
Se han quedado algún fin de semana a dormir con Tyre y parece que él ha dejado caer lo de vivir juntos.
Ella tiene miedo, pero no lo descarta. Estoy feliz de que no cierre puertas.
De que sea valiente. No, como su hermano y sus movidas mentales.
Si he de ser sincero, esperaba que en este tiempo al menos me hubiera pedido intentarlo, mientras acepta que un día tendrá que exponerse. Pero no, se queda ahí, mirándome serio, antes de salir con otros sin hacer una mierda.
Lo odio cuando hace eso o cuando se alegra luego porque no pueda olvidarlo.
Entro en el despacho y Amanda va de un lado a otro.
—¿Se puede saber qué pasa?
—Pasa que los seguidores se han estancado. Y, como no consigamos que suban, nos vamos a la calle.
—Solo se ha estancado.
—No quiero perder mi puesto, así que, lluvia de ideas. ¿Qué se te ocurre?
—Tal vez yo pueda ayudar. —Esa voz… Me giro y no sé quién se queda más de piedra de los dos—. Simon… No… No puede ser.
Miro a Richard, mi primer ex. Ese hombre por el que estuve dos años esperando a que me diera mi lugar.
Pero nunca me lo dio, hasta que esperarlo me destrozó.
Perdí peso. Me encerré en mí mismo y me perdí…
Todo acabó cuando me dio un puñetazo para que sus amigos vieran que yo no le importaba.
Que fuera solo teatro no cambió que llegó tan lejos solo por las apariencias.
Verlo es como recordar esos momentos donde éramos felices en mi cuarto o en el suyo y luego me rechazaba en público. Era su oscuro secreto. Luego, me decía que me quería y todo arreglado.
—Richard. —Nos miramos sin saber qué decir.
—Joder. —Se pasa la mano por el pelo rubio—. No esperaba verte, pero… Bueno, hace años que ansiaba este encuentro.
—Con público, supongo. No vaya a ser que te tachen de lo que no eres. —Molesto, miro a Amanda y le pido perdón por lo que voy a hacer—. Me marcho.
Salgo del despacho y Richard me sigue.
—¡Lo siento, joder! —grita y los del equipo de prensa nos miran a uno y a otro—.
Solo tenía diecisiete años y estaba aterrado con lo que sentía por ti.
—Que no se esconda, me sorprende—. Salí del armario poco después de perderte y de fingir ese puñetazo.
Me di asco a mí mismo —añade y el resto agradan los ojos.
Por sus caras, solo les faltan las palomitas—.
Quería pedirte perdón, y, bueno, vamos a trabajar juntos, al parecer.
Lo siento, Simon. Eres lo mejor que me ha pasado, pero tenía miedo y te perdí.
¿Podemos ser compañeros de trabajo sin rencillas?
Solo quiero pedirte perdón por hacerte daño por gilipollas.
Por cómo lo dice, siento que lleva años pensando en esto, en lo que me diría si me viera de nuevo. Lo conozco lo suficiente para saber que sus disculpas son reales. Al final, la situación nos sobrepasó a los dos, siendo demasiado jóvenes.
Veo a Basile flipando, no muy lejos.
—Todos a trabajar —digo y ando hasta la máquina de cafés. Richard me sigue—. Dame tiempo.
—Lo que quieras.
Voy hasta la máquina de cafés y Basile me sigue.
—¿Un ex?
—Mi primer ex. —La máquina se me revela y no me sale café. Basile la golpea y empieza a echar café—. Gracias.
—Estás temblando.
—Es que es fuerte… No te imaginas cuánto lo amé y cuánto me denigré por él. Hasta que, para que sus amigos no le dijeran que era homosexual, me pegó. Que fuera fingido no cambió que llegara tan lejos. Rompimos. No dudo que se arrepienta de todo, pero eso no cambia el pasado.
—Joder, no te merecía.
—No, pero lo entiendo. Asusta todo esto y… ¿Por qué? ¿Por qué tenemos que pasar por esto?
—A ver, sé que no es lo mismo, pero conmigo se metían en el colegio por ser grande y gordo.
Luego, cambié. Y bueno, me empezó a dar igual lo que dijeran de mí.
Un día mi madre me dijo que la gente idiota solo puede apagar la luz que más brilla.
Si no brillaras, nadie trataría de ocultarte.
Cuando yo dije que era bisexual en la universidad, alguna gente dijo cosas, otras no.
Supongo que como todo. La gente siempre encuentra algo con lo que hacerte daño si quieren ir contra ti.
—Cierto, pero la vuelta de Richard ahora me supera.
—Hace que pienses en tu historia con Sayer. —Lo miro asombrado—. A ver, puedo hacerme el tonto y Aquiles, pero se te nota cómo lo miras o cómo te mira él. Es una mierda que no haga nada.
—No quiero hablar de esto.
Escuchamos pasos y vemos a Richard acercarse.
—¿Le parto la cara por ese puñetazo que te dio?
—No, ya lo hago yo, si hace falta. —Basile se ríe y se marcha cuando Richard me dice de hablar a solas. Yo asiento—. ¿Qué quieres?
—Aparte de pedirte perdón, decirte que me alegra verte. —Ha crecido, pero sigue siendo muy sexi. Y hay algo en mí, al mirarlo. No se olvida a un primer amor, así como así.
Pero no sé si es amor o el recuerdo de lo que fue, que lo era todo para mí.
No esperaba esto ahora. No, cuando estar con Sayer es una montaña rusa de emociones.
—No puedo decir lo mismo —respondo sincero.
—Bueno, ya te acostumbrarás. Vamos a trabajar juntos. Soy el primo de Mary.
—Vaya casualidad. La vida y sus puñetas varias. —Me paso la mano por el pelo, cansado—. Déjame asimilar todo esto.
—Si te afecta es porque tal vez, como yo, no te has olvidado de lo nuestro.
—No, eso sí que no. No tienes derecho a aparecer ahora en mi vida y ponerla patas arriba. —No dice nada. Solo se marcha.
¡Joder! No debería sentir nada. Solo odio por el infierno que pasé a su lado. Miro el café y me lo tomo sin ganas, antes de volver al despacho con Amanda.
—¿Deseas hablar de ello?
—No, solo quiero que todo regrese a como estaba.
—Dudo que eso pase, pero no estás solo.
—Gracias y ahora vamos a trabajar, que necesito centrarme en la vida privada de otros. La mía es una mierda.
No comenta nada y lo agradezco. Como esperaba, no me centro en nada. No puedo. El pasado ha vuelto para hacerme temblar.