Capítulo 30
Sayer
Ir a la psicóloga me está destrozando. Y solo he ido dos veces. Ayer salí hecho una mierda. Kerr estaba ahí y fuimos juntos a casa. Lo que me hizo sentirme peor, por no hacer lo mismo con Simon. Le he contado a la psicóloga lo mío con Simon:
—No se pueden forzar las cosas. Por llevar años obligándote a creer que estabas bien, estamos aquí —me dijo mi psicóloga—. El amor no cura. Te curas tú y luego amas sin que nadie tenga que cargar con tus mochilas.
—Lo sé.
Por estas cosas, esta mujer me cae bien. Te dice las cosas como son y luego te da la esperanza de saber que un día serán de otra manera.
Ahora estamos jugando en casa y el ambiente es increíble. La gente grita mi nombre y sé dónde está Simon con Ginette, Amanda y mi sobrino. Hoy también ha venido Tyre con su hijo. Este último lleva una sudadera con mi nombre, igual que la de Sasha.
Miro a mi equipo y doy lo mejor de mí. Cuando empieza una pelea, separo a Basile y le regaño por empezarla.
—Me estaba provocando.
—Pues sé mejor que él.
—¡Es un maricón de mierda! —dice el idiota al que le ha pegado.
—¿Quieres que te la coma para ver si tú también lo eres? —responde Basile y se vuelve a liar.
Los expulsan varios minutos a los dos. Miro a Kerr y sé qué está pensando: que entre nosotros siempre acabamos con ese insulto fácil. Es horrible que los tiempos cambien, pero la gente no.
Seguimos el partido y anoto un tanto. Al acabar, hemos ganado y el equipo lleva la celebración a los vestuarios. Simon entra para grabar para la app. Basile y Aquiles lo abrazan como a uno más. Me gusta ver la sonrisa de Simon con sus amigos.
Levanta la cabeza y me mira.
—Enhorabuena —me felicita.
—Gracias.
Aparto la mirada y me marcho a las duchas. Cuando salgo, me pongo el traje para ir a la sala de prensa. Hacen preguntas sobre el conflicto y Basile pasa de indagar en el tema. Kerr se hace cargo de la entrevista y acabamos pronto.
***
Simon está con Gin, en la zona de abajo del pub .
Esta baila con su amigo. Parece que hemos vuelto atrás en el tiempo, salvo porque Kerr no pierde de vista a su chica.
Veo a un hombre que se acerca y le dice algo a Simon.
Este sonríe y asiente. Luego se va a la barra con él y Gin sube a donde estamos.
—Si no te gusta, cambia las cosas —dice Kerr con simpleza.
—Ya, para ti es fácil decirlo. Amar a Gin no te coloca una puta etiqueta ni te hace que la gente te mire de forma diferente. O te remueve mierdas del pasado.
—Vale, no la tomes conmigo. —Me paso la mano por el pelo, cansado.
Gin llega y se tira a los brazos de Kerr. Cuando estos dos empiezan a bailar, me marcho hasta la barra. No dejo de pensar en Simon con ese hombre. Pido algo para beber y Basile se sienta a mi lado.
—Hay una mujer muy sexi que no para de mirarte. —Me giro y la mujer, al pillarla observándome, me saluda.
La mujer se me acerca y Basile nos deja solos. Se presenta y no quiero ser descortés, por eso la escucho. Por el rabillo del ojo veo a Simon subir e irse con Basile. Nuestras miradas se cruzan y sé que no le gusta verme así, pero no hace nada. Como yo tampoco lo hice.
—Perdona…, quiero estar solo —le digo a la mujer y se marcha.
Simon se pone a mi lado para pedirse algo.
—¿Tu cita bien?
—No… Odio tu sonrisa de sobrado.
—Pienso alegrarme de cada fracaso.
—Eres idiota.
—Pero eso ya lo sabes. —Choco su copa con la mía cuando se la ponen.
Bebe y lo miro a través del espejo que tengo enfrente. Va vestido de negro, lo que resalta sus ojos azules. Se me seca la boca solo de verlo. Cuando se marcha con Gin, estar aquí pierde su atractivo. Regreso a casa solo.
Me doy cuenta de que no me he dejado llevar por esa mujer para poder sentir que todo sigue como siempre. Aunque no lo parezca, estoy luchando por no tener miedo.
Pasito a pasito.