Broken Ice Capítulo 27
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Capítulo 27

Simon

Gin ha vuelto y Kerr la ha acaparado para él solo, después de que ella regresara en un partido crucial para distanciarse más de los segundos en la liga y le pidiera matrimonio delante de todo el mundo.

La prensa solo habló de eso. De cómo Ginette hizo que el capitán de los Chicago se arrodillara ante ella, la expatinadora y futura entrenadora de grandes estrellas.

Fue muy emocionante y, desde entonces, no hemos visto ni a uno ni a otro. Y es normal. Tienen que recuperar el tiempo perdido. Solo Amanda, Simon y yo sabíamos que volvía y lo preparamos todo para recogerla e instalar sus cosas en casa de Kerr, sin que este se diera cuenta.

No he encontrado un cuarto que pueda alquilar, manteniendo el de Amanda para cuando regresemos a la casa.

La cosa no pinta bien, porque se ha filtrado el agua por las paredes.

Amanda está buscando casas nuevas y, sospechosamente, cerca de Tyre.

Que de hecho está aquí con su hijo. Este último está jugando con Sasha a los legos en el suelo.

Por cómo Amanda mira a Tyre, se nota que le gusta mucho.

Tengo que buscar cuartos porque mucho me temo que, como les vaya bien, acabarán por vivir los cuatro juntos y yo que me alegro por mi amiga.

Tyre se nota que es un buen hombre. Cuida de ella y de Sasha.

Siempre está pendiente de que no les falte de nada.

Como ahora, que Sasha pide agua y él va a la cocina a por botellas.

Amanda se merece lo mejor y todos hemos dado el visto bueno. Matizo: Gin todavía no, pero no creo que tarde.

Tocan a la puerta y Sayer va a abrir. Cuando escucho la voz de mi madre, voy hasta allí sorprendido. Mi madre abraza a Sayer y luego mi padre.

—¿Qué hacéis aquí? —Mi madre me abraza y mi padre me choca la mano—. Eh, a él le has dado un abrazo.

—Porque él no tiene padres molones —me pica mi padre. Sayer sonríe.

Sonríe de esa forma que me encanta.

Vivir cerca de él es una puñetera tortura.

Por suerte, no ha insistido en dormir más juntos.

Pero esa noche nos buscamos el uno al otro y, cuando desperté, me abrazaba.

Lo peor es que me hice el dormido para quedarme así un poco más y me dormí.

Cuando desperté, no estaba, pero sí una nota en la que decía: «Como no te pongas las protecciones antes de salir al hielo, hago que te expulsen del club».

Le mandé un mensaje que decía que era un idiota.

Pero le he hecho caso; a él y a todos los del equipo.

Y menos mal, porque no saben jugar sin machacar. Son unos brutos. Por suerte, sé patinar muy bien y no me pillan. Y las tomas son muy buenas. Han dado mucha calidad a la app.

—Hemos venido en un viaje relámpago, para buscar casas —me informa mi madre y Sayer me dijo lo de la fiesta.

—¿Hablas con mis padres? —Sayer asiente y se marcha a ayudar con todo.

—Le escribo cada día para ver cómo está y me dijo esto —me comenta mi madre—. También hablo con Amanda mucho.

—Gracias —le digo, y le quita importancia, pero sé que para ellos es importante tener a alguien mayor que los cuide.

Mi padre se sienta a ver el partido, al lado de Aquiles, tras saludar a Sasha.

Sasha le enseña, desde donde está, todo lo que hace, orgulloso.

Por suerte, ya no ha comentado más sobre sus abuelos y su padre.

Pero estamos pendientes y, sobre todo, no queremos que sienta que nos tiene que ocultar lo que siente.

Ayudo a Mary, que está embarazada y lleva mucho peso.

Está de poco, pero, al parecer, el embarazo le está dando quebraderos de cabeza.

Ya está buscando a alguien que la sustituya para cuando se coja la baja.

Ha comentado que tiene un primo que acabó la carrera de Periodismo y que ha estado trabajando con el departamento de prensa del equipo de su ciudad.

Que tal vez quiera un aumento y luego quedarse en plantilla y ayudarla.

Apuesto a que se quedará su primo.

Dejamos las cosas en la mesa. Han venido casi todos los del equipo y algunos del club. Kerr me manda un mensaje para decirme que bajan.

Cuando mi amiga entra, sus ojos brillan y no creo que solo sea por la felicidad de vernos a todos. Seguro que Kerr y ella no han podido separar las manos el uno del otro. Por la cara de tonto de Kerr, apuesto a que sí.

Ginette y yo nos abrazamos y es como estar en casa.

—Ya estoy aquí.

—Como te vuelvas a ir, te persigo por el mundo. —Se ríe.

—Tú y Kerr. No, ya estoy donde debo estar.

Nos miramos fijamente y verla tan feliz, tan radiante, me hace feliz. Su felicidad siempre fue la mía.

—No te emociones tanto —me comenta con lágrimas en los ojos; seguramente las mismas que reflejan los míos.

—Es solo que me gusta verte así. Feliz.

—A mí también. Mañana nos tenemos que poner al día de todo —me informa cuando el resto la arrastran para saludarla.

Mary le pide ver su anillo de compromiso y mi madre se une a las mujeres que quieren ver lo bonito que es. Ginette está tan feliz que parece flotar. Kerr la hace feliz.

Miro a Sayer. Ha escuchado lo que me ha dicho Ginette antes, porque estaba muy cerca y sabe que me duele no abrirme a mi amiga.

Por eso, aparto la mirada. Él me ha metido en esto y tengo que respetarlo, pero no sé cómo lidiar con ello sin abrirme a los míos.

Por cosas como esta, sé que amar a quien no te merece duele mucho y no solo por no tenerlo.

Esto me recuerda a cuando empecé a salir con Richard.

Mi primer gran amor. Me dijo que no contara nada.

Y no lo hacía. Eso creaba que estuviera siempre inquieto, nervioso y discutiera más con mis padres de lo que debería.

Un día mi madre me pilló teniendo un ataque de nervios por callarme todo, por fingir que Richard no era mi novio y que, cuando me humillaba en clase con sus amigos, era solo para protegernos. Eso me decía.

—Hijo, te conozco lo suficiente para saber que alguien te tiene así. —Mi madre me acarició el pelo—. No mereces que nadie te oculte. Cuando tenerte es un lujo con el que solo una persona podrá contar un día.

—Tú no lo entiendes, mamá —le dije, agitado—. La gente no quiere el dolor de confesar a quién amas, si eso conlleva que te humillen o te peguen.

Mi madre pasó la mano por una de mis cicatrices del brazo. Una de las palizas que me dieron por gay. Me defendí, sí, pero el dolor estaba ahí. Quería tanto a Richard que no deseaba que él pasara por eso.

—El mundo está cambiando, pero aún va lento. —Acarició mis mejillas y me abrazó con fuerza—. No me cuentes nada. No me cuentes quién es, pero, cuando te sientas devastado, abrázame con fuerza.

—O a mí —apuntó mi padre desde la puerta—. Solo abrázanos, ¿vale?

Les dije que vale y los abracé muchas veces. Ahora me encantaría abrazarlos porque lo que siento por Sayer me está destrozando. Sobre todo, por no poder contar a nadie por qué estoy así.

***

Al entrar a mi cuarto, después de que todos se hayan ido, veo a Sayer sentado en la cama.

—Te gustaría contarle a Ginette lo nuestro.

—Sí, para qué te voy a mentir.

—Kerr lo intuye. Puedes hacerlo. —Se levanta y pasa por mi lado—. Hazle prometer que no dirá nada.

—Tranquilo, ella no contará que te importo, ni que te gusto, pero que no eres lo suficientemente valiente para luchar por mí. Por esta mierda ya hemos pasado juntos.

—Simon…

—No pasa nada, Sayer. Pero te aviso que voy a empezar a tener citas.

—Es lo justo.

Odia que tenga citas. Lo veo en sus ojos. En su respiración acelerada y en cómo aprieta los puños. Se marcha y sé que, si sigue así, tal vez acabe por odiarlo por cobarde. No es mal plan si eso me hace avanzar.

***

—Vaya, no sé qué decir… A ver, Kerr se olía algo y me lo contó, para qué te voy a engañar. Y yo también, por la forma de miraros, y pensé que ya nos enteraríamos.

Ginette y yo hemos quedado para correr juntos. Hace tiempo que no lo hacemos. Y nos apetecía correr un poco y luego comprarnos algo dulce y un café. Quedamos para correr por el chisme y por el dulce, la verdad.

—Estoy loco por él. Desde mi primer amor, Richard, no me pillaba así por nadie.

Estamos andando por el parque. No hay casi nadie.

—Pero Sayer no va a luchar por ti.

—No, le jode que tenga cosas con alguien, pero no hace nada. Le duele no tenerme cerca, pero solo me mira o me busca… Tengo que salir de esa casa cuanto antes.

—Puedes venir a la de Kerr.

—No, paso de veros y escucharos follar como conejos. —Se ríe y no lo niega—. Tengo que pasar página. He vuelto a hablar con algunos tíos de la app.

—Bueno, ahora me tienes aquí. —Se cuelga de mi brazo—. Todo irá bien, y un día yo lloraré de felicidad por ti.

—Eso espero. A veces me da miedo que la felicidad no esté hecha para mí. —Me da fuerte en el brazo—. ¡Eres una bruta!

—¡Y tú un idiota! Eres un tío increíble. Si Sayer no lucha por ti, él se lo pierde. Tú le harías feliz. ¿Hay algo mejor que eso? No, pues deja de decir tonterías. Un día serás feliz y Sayer…, como no cambie, no. Así que a estar orgulloso de ser como eres.

—No me gusta pensar que ese cabezón no pueda ser feliz.

—Lo sé, estaremos a su lado. Al menos Kerr y yo. Tú deberías irte de su casa.

—Lo sé.

Vamos hasta una pastelería y nos compramos algo para compartir. Lo tomamos juntos de camino a su casa. Al llegar, prepara café y Kerr sale medio dormido.

—Buenos días. —La besa de tal forma que puede entrar en un beso porno.

—Dais asco —le respondo, pero, en vez de irme, me siento a tomar el desayuno con ellos.

Gin se molestaría si lo hiciera. Desayuno con ellos hasta que se meten mano de más. Cojo lo que ha sobrado para bajar a casa de Sayer. En cuanto entro, escucho silencio. Deben estar fuera. Dejo la comida en un túper y me marcho a mi cuarto.

Entonces, escucho un gemido de Sayer. Un gemido… Joder. Y el agua de la ducha no consigue amortiguarlo.