Capítulo 25
Simon
—¡Falta, árbitro! —Amanda grita fuera de sí, y no me extraña.
Acaban de hacer un placaje a Sayer, que le ha llevado contra la pared y tiene sangre en la ceja. Pero Sayer sonríe de forma provocadora. Aunque pitan falta, el ambiente está caldeado y acaban en pelea. Se veía venir.
Pienso en lo que me dijo de meterse en este deporte para ocultar las palizas de su padre.
Intento olvidarme de lo que me contó, pero está ahí.
Y eso que han pasado varias semanas. Estamos en febrero.
Entre viajes y trabajo, casi no nos vemos.
Sobre todo, porque ahora viaja con ellos el chico nuevo.
Este parece que sí se ha adaptado bien y, la verdad, me cae genial.
Me ayuda mucho con los montajes. Va a ser fijo en los viajes y yo solo editaré.
Amanda dirige para que todo salga según su visión.
Es mejor así. Así no nos quedaremos solos para no caer en la tentación.
Llaman a Amanda y, como ha dejado a Sasha con un compañero de clase, se marcha corriendo por si fuera eso.
Y también porque el padre del niño le gusta.
Es padre soltero. Tuvo un lío con una mujer y, desde que nació el niño, tienen custodia compartida.
Ahora un mes cada uno, pero antes era cada quince días.
Y a Amanda le gusta mucho. Cuando habla de él, se pone tontita. Tyre le gusta.
—¿Qué pasa? —digo cuando regresa.
—Malas noticias: se ha inundado la casa.
—¿Cómo?
—Nos marchamos, Simon. No sé qué nos vamos a encontrar.
—Vale, no te preocupes.
Miramos a la pista y Sayer, al ver que recogemos, se acerca asustado. Alzo los pulgares para arriba y regresa al partido. Le mando un mensaje para explicarle todo. Ha debido pensar que a Sasha le pasa algo.
Nos marchamos a casa y, al entrar, notamos el agua en el suelo.
El suelo de parqué se ha quedado inservible y, como él, muchos muebles.
Amanda va hasta las cosas más importantes, como las fotos de Sasha o sus juguetes favoritos.
Por suerte, casi todas las fotos están bien.
El problema va a ser que este lugar no está para vivir.
—¿Necesitáis ayuda? —Sayer llega con Kerr y varios del equipo. Entre ellos, Basile y Aquiles.
—Sí, tenemos que intentar que no se moje todo. —Amanda les da órdenes y metemos los objetos con cuidado en cajas.
Kerr se ha encargado de encontrar un sitio donde dejar las pertenencias. Hasta una camioneta para ir llevando cosas.
—¿Habéis ganado? —Miro la ceja partida de Sayer mientras me ayuda a guardar mi ropa.
—No, no podía concentrarme y perdimos por mi culpa.
—Bueno, son cosas que pasan, y podrías dejar de imitarme en todo. ¿Ahora también querías una ceja partida?
—Tonto. —Sonríe y seguimos recogiendo todo—. Vais a venir a mi casa.
—Tal vez lo mejor es que yo me busque otro lugar…
—No, vais a venir a mi casa y ya lidiaremos con todo.
—Sayer…
—Me toca a mí también cuidar de ti.
No respondo, porque Basile entra y nos ayuda. Cargamos todo en tiempo récord y llevamos algunas cosas al trastero y otras a casa de Sayer. La casa de Amanda no está para vivir ahora. El casero ha dicho que iban a tener que levantar el suelo entero.
Era de esperar, viendo cómo estaba la casa.
Por suerte, cuando Sasha regrese mañana de casa de su amigo, no verá todo ese desastre y sé que, por eso, Amanda y Sayer han querido hacerlo al completo esta noche.
El problema es que ahora comparto casa con Sayer.
Era fácil evitarlo cuando solo nos veíamos de vez en cuando y nada más compartíamos mensajes telefónicos.
Ahora todo se complica. Es como si la vida nos llevara una y otra vez al punto de partida.
Pedimos pizzas y las tomamos juntos en el salón.
Al acabar, estoy agotado y me doy una ducha en mi nuevo cuarto, que tiene aseo propio. Como cada habitación personal de la casa de Sayer. Amanda duerme al fondo, al lado de otro cuarto para Sasha, y yo en el que está cerca de Sayer.
Genial. Simplemente genial.
Para evitarlo y seguir con mi vida, esto es maravilloso.
Apoyo la frente en la pared y, tras un rato, salgo para vestirme cerca de la cómoda. Abro la puerta. Sayer está sentado en la cama mirando el móvil. Lo deja en la cama y me mira. No, rectifico: me devora con la mirada. Solo llevo una toalla porque no esperaba que estuviera aquí, en mi cuarto.
—Sayer…
Se acerca y me pierdo.
Entramos al aseo entre besos y caricias. Acaba de instalarme en su casa y ya estamos así. Esto es un error, pero, cuando me toca, me olvido del mundo.
Tira de mi toalla y busca mi polla dura.
La presiona con su mano, como sabe que me gusta.
No deja de masturbarme mientras nos besamos y yo no me quedo corto.
Meto la mano dentro de su pantalón y cojo su pene duro.
Nos masturbamos el uno al otro. Los besos cada vez son más urgentes.
Nuestras bocas se tragan los gemidos del otro.
Poco se puede hacer con las respiraciones aceleradas.
No dejamos de torturarnos hasta que nos corremos en las manos del otro.
Cuando me mira, hay dolor en sus ojos.
—Lo complicas todo, Sayer.
—Lo sé. —Me abraza con fuerza. Caemos al suelo abrazados—. No sé cómo tenerlo todo.
—Ese es el problema, Sayer, que buscas una utopía.
—Tal vez.
Se levanta y tira de mí hasta la ducha. Nos duchamos juntos. Otro error, porque nos besamos de nuevo hasta acabar con las manos donde no deberíamos. Entro en la cama solo, pero le mando un mensaje.
Simon: Ahora mismo te odio.
Sayer: Ya me odio yo por los dos. Tal vez no nací para ser valiente.
Pero sí puedes ser el rey de los idiotas.
Tengo el puesto ganado.
Quiero entenderlo, pero no puedo. No, porque hacerlo es volver yo al punto de partida. A esa primera historia de amor donde acabé con ansiedad mientras esperaba que todo cambiara, pensando que, si lo amaba con suficiente fuerza, un día seríamos invencibles.
Solo podemos ser amigos.
Sí, intentaré no joderlo todo más.
Lo intentará y yo… Vivir juntos es un error. Por eso, no me pongo a dormir. Busco cuartos para poder alquilar mientras arreglan la casa de Amanda.