Capítulo 22
Sayer
No me concentro en el entrenamiento. Gin publicó ayer en la app cosas y una de ellas es que Simon, al parecer, ha conseguido llamar la atención de algunos hombres.
Joder, no me extraña. Hoy Simon había quedado con uno de ellos para que le enseñara París.
No sé nada de él desde anoche, que me escribió antes de acostarse.
Por lo mal escrito que estaba, intuyo que o estaba muy cansado o había bebido.
Me puso buenas noches, idiota, pero eso lo intuí yo.
Tal vez sí sea un idiota, porque no quiero que mi amigo tenga más amigos de ningún tipo.
Luego me dijo que había quedado con un hombre sexi.
Y poco más. No leyó mis comentarios. Se debió de quedar dormido en esa caja de sardinas, que no sé cómo cogen los dos.
Kerr ya comentó que él se cayó de la cama un par de veces, tras pedir otra de urgencia.
Al llegar a casa, mi hermana está dentro con Sasha.
—Te quedas con él. Tengo una cita. O algo así. ¿Es pronto para tener una cita? —Dejo la bolsa deportiva y cojo su cara entre mis manos.
—No es pronto. Sal, disfruta y hoy Sasha se queda conmigo a dormir. Mañana lo llevo yo al colegio.
—Vale. —Me abraza y tiembla—. Tengo miedo —admite—. ¿Y si es mejor estar sola?
—Si es mejor estar sola, es porque ese hombre no te merecía.
—Cierto. —Toma aire. Está preciosa—. Voy a pasarlo bien y lo que surja, pues ya se verá.
—¿Has mirado sus antecedentes antes de quedar?
—¡No me pongas más nerviosa! Es un repartidor que viene a veces al club. Parece buen hombre.
—Vale. Si te hace algo, sabré dónde encontrarlo. —Bufa y, tras despedirse de Sasha, que ya está redecorando mi salón, tirando todo al suelo, se marcha.
Tras un rato, persiguiendo a mi sobrino, estoy agotado, pero he conseguido que me haga caso pintando y se ha relajado.
Ha hecho dibujos. Todo va bien hasta que lo veo a él con su madre; luego estamos yo y Simon.
Lo sé, porque me lo ha dicho. En verdad, solo somos cabezas y palos, pero al fondo hay un punto negro. Y lo está tachando.
—¿Qué es eso?
—Mi padre —lo comenta tan tranquilo que siento escalofríos—. Es un monstruo malo que hace llorar a mamá. —Miro el dibujo y no sé qué decirle. Va a una psicóloga.
—Tu padre… Bueno, a veces los padres no saben comportarse como tal.
—Tú lo sabes. Los abuelos son malos también. —Hace un borrón de dos personas.
Me remuevo inquieto. Creemos que los niños no se dan cuenta de nada, pero se enteran de todo.
—Son especiales.
—Otros niños tienen abuelos… Yo no. —Noto pesar en el pecho.
No sé qué decirle. No sé cómo llevar este tema porque yo he tenido un padre de mierda y una madre que miraba para otro lado. Mando la foto a Simon, ¿por qué? Ni idea, pero no sé qué responder para no cagarla.
Simon responde enseguida. Tarde, me doy cuenta de que tal vez le he jodido la cita. Aunque, si es así, no me importa. Soy un idiota.
Simon: ¿Qué es eso?
Sayer: Mi sobrino nos está dibujando. Tu cabeza es más grande que la mía, por cierto… Pero los manchurrones son mis padres y su padre.
Lo he imaginado.
Simon hace una videollamada. Aquí son las cinco, allí deben de ser las doce y está en la calle. Su cita ha debido ir muy bien, al parecer. Siento dolor en el pecho.
—¡Hola! —Gin aparece en el plano y Sasha se pone como loco por verla.
Simon se graba y veo que están los dos solos. El alivio que siento me molesta porque debería alegrarme por él, si yo no le puedo dar lo mejor.
—¡Gin! ¡Simon! Mirad qué dibujo más chulo. —Les explica la creación—. ¿A que es bonito?
La psicóloga ya nos dijo que Sasha intentará buscar siempre la aprobación, porque puede infravalorarse o tender a ser demasiado exigente consigo mismo. Eso me recordó mi búsqueda por la perfección constante.
Simon le dice que no tiene a su padre, pero hay niños que no tienen a nadie.
—Eso sí, pero quiero abuelos.
Simon se queda callado y luego vemos en la llamada que entran unas personas. Joder, son sus padres. Su madre mira la cámara y su padre le dice que le deje el teléfono.
—Sasha, estos son mis padres. Están deseando ser abuelos. Te los presto como abuelos. Ellos quieren nietos y tú buscabas abuelos. Problema resuelto. —Su madre se ríe. Se parece mucho a Simon; tiene un poco de los dos.
Sasha mira emocionado la pantalla.
Sus padres le dicen que les muestre el dibujo y luego se lleva el móvil para enseñarles mi casa. No sé qué mosca le ha picado a Sasha ahora con mis padres, pero toca en hueso. No lo quieren porque, para ellos, mi sobrino es un error en su vida perfecta. Y lo peor, está mejor sin ellos.
—Sí, para Navidad vamos a Chicago —le dice la madre de Simon y Sasha se pone a saltar por los sofás.
—¡Tengo una obra del cole! ¡Podéis venir todos! ¿Verdad, tío?
—Pregunta a Simon, él es quien controla todo esto. —Sasha se ríe y escucho a Simon reírse, también.
Cuando cuelga, Sasha ya no se acuerda de qué pasó antes y dice que la madre de Simon le va a enseñar a hacer galletas.
No pensaba que echaba en falta esa figura en su vida hasta ahora.
Los padres de su padre tampoco quisieron saber mucho de él cuando su hijo estaba con mi hermana, y luego han cortado el contacto del todo.
Mi hermana les dijo que, si querían ver a Sasha, no se lo iba a impedir.
Le respondieron que apoyaban a su hijo en todo y que para ellos su hijo era lo único que les importaba.
No dieron más y, desde entonces, no han preguntado por el pequeño. Cabrones.
Cenamos y luego se duerme en el sofá. Escribo a Simon, a pesar de las horas.
Estás loco. Te pareces a tu padre y tienes la sonrisa de tu madre.
Pregunté a mis padres antes. Y mi madre me dijo que sí; que lo que fuera por el hijo de Amanda. Saben de ella por mí.
Tienes suerte de tenerlos.
Lo sé.
¿Qué tal tu cita?
Le pregunto y voy a borrarlo hasta que veo que está respondiendo. Espero agitado y nervioso.
Besaba de puta madre.
Los celos me nublan la visión y veo que sigue escribiendo. Como me cuente cómo se lo han pasado en la cama, lo bloqueo.
Pero no eras tú.
Sonrío. Sonrío mucho y me gusta su respuesta.
Esto no debería hacerte sonreír.
No puedes saber que sonrío.
Te conozco mejor de lo que crees y debería haberme ido bien, porque tú solo eres mi amigo.
Lo sé…, pero me alegro de que te haya ido fatal.
¿Sabes que eres un idiota?
Bueno, soy tu idiota favorito.
No lo veo, pero sé que sonríe. Le doy las buenas noches pensando en él. En su sonrisa y en esa capacidad de Simon de iluminar mi mundo.