Broken Ice Capítulo 21
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Capítulo 21

Simon

Salgo a hacer turismo por la ciudad. He mandado varias fotos a Sayer, para que las vea cuando pueda.

El aire bohemio de la ciudad me encanta.

Hay luz y color por donde mires y arte. La belleza de este lugar me atrae.

Cuando subo a la Torre Eiffel, como un turista más, llamo a mis padres.

Con mis padres me llevo muy bien, hablamos siempre que podemos.

Tuve mucha suerte de tenerlos cuando les conté lo que sentía, que me sentía atraído por un compañero de clase.

Mi madre me abrazó con fuerza y mi padre me acarició el pelo; luego me apuntó a defensa personal para hacerme fuerte contra los idiotas.

—Hola, mamá.

—¡Estaba viendo tus fotos! Qué envidia me das, hijo.

—Le he dicho a tu madre de ahorrar para ir este verano —informa mi padre y sé que mi madre ha puesto el manos libres.

—Estaría bien. Me encanta todo lo que estoy viendo.

—¿Y qué tal está Ginette? —indaga mi madre—. Qué lástima que pasara por algo así. No me hago a la idea.

—Bueno, ya te dije que no es la primera ni será la última, por desgracia —añade mi padre—. Por suerte, yo a mi chico le enseñé a defenderse.

—Sí, me sirve para cada día de mi vida. Me levanto listo para dar puñetazos. —Mi madre se ríe.

En verdad, lo agradezco, porque tristemente me tuve que defender más de una vez.

—¿Y cómo te va todo, hijo? Hace tiempo que no nos cuentas nada de tu vida amorosa.

—No va, como siempre.

—Vaya, hijo, lo siento. A ver si pronto nos presentas a un yerno muy guapo. No espero menos para mi pequeñín.

—Lo sé, mamá.

—Ya llegará, hijo.

—Estuve conociendo a alguien en Chicago —no sé bien por qué se lo cuento—, pero, como siempre, no quería que yo fuera público para el resto.

—Es complicado, hijo —añade mi padre—. Ojalá no fuera así, pero tú, mejor que nadie, sabes que cuando la gente del barrio se enteró, te pusieron las horribles etiquetas de mierda. Como si yo fuera por la calle poniendo etiquetas a cada idiota que me encuentro. —Sonrío.

—No dejes que nadie te oculte, Simon. Eres un chico increíble y yo quiero presumir de yerno. Solo espero saber cómo ser una buena suegra.

—Lo haréis genial y, si no, los tres aprendimos a dar buenas patadas en el culo.

Se ríen y hablamos de la ciudad. Al colgar, me siento mejor tras hablar con ellos y abrirme, en cierta forma, con lo de Sayer.

***

—Hacía tiempo que no salía de fiesta. —Irma nos lleva a un sitio que le han recomendado.

Su marido se ha quedado con su hija. Irma me cae bien y se nota que quiere mucho a Gin.

Ella ha sido un gran apoyo cuando contó la verdad.

Y se enteraron de que había más personas en esta situación.

Incluso niños. Niños que, al saber esto, hablaron con sus padres de ello.

Por eso, Gin sigue subiendo cosas a la app del equipo: para ser su voz y para que la gente vea cómo se esfuerza por ser la mejor entrenadora.

Saca el móvil y nos graba. Me da un beso en la mejilla.

—Mi mejor amigo ha venido a verme y está siendo la sensación. Ya me entendéis. —Alza las cejas.

Bajo el móvil.

—No subas eso.

—Sí, joder. Quien sea que no te valora, que rabie por no tenerte.

—¿Problemas con un tío? —pregunta Irma—. Dime que sí, necesito una copa y un chisme de los buenos y, a poder ser, luego la polla de mi marido, si no está agotado dormido porque nuestra hija no le ha dejado descansar.

Gin se ríe y luego dice que va al aseo. Pedimos algo de beber. Siento que me miran un par de hombres. Son muy sexis, pero, al mirarlos, no siento nada. Es una mierda que a todos los compare con Sayer. Quiero sentir por lo menos ese fuego y esas mariposas moverse en las entrañas. No sucede nada.

Gin regresa y cuando nos invitan a una copa, Ginette me insiste en que vaya a hablar con uno de ellos.

Lo hago, pero solo por sentir algo más que el deseo de saber qué narices hace Sayer.

Al final, el hombre me cae bien. Me dice de quedar mañana para dar un paseo.

Es elegante y muy sexi. Acepto y no sé bien por qué.

Tal vez porque quiero ser feliz. Poner piedras que me lleven a un camino lejos de un hombre que no olvido, por más que lo intento.