Capítulo 20
Simon
Gin ha denunciado lo que sufrió con su entrenador.
Joder, no esperaba algo así. A ver, me lo olía, tras todo lo que Kerr provocó en mi mente, sobre que algo pasaba; sobre lo que podía ser.
Pero hasta este momento, no se me pasó por la cabeza que Ginette sufrió algo así en silencio, porque se sentía culpable, y porque ese cerdo le hizo creer que tocarla «sin querer» no era malo.
Ese hombre violó su intimidad cuando no era más que una niña.
Ahora estoy aterrizando en París, donde está Gin, tras ahorrar para poder pasar unos días con ella. Necesito tenerla cerca, verla bien y no conformarme solo con llamadas y videollamadas.
Si es cierto que, tras todo esto, está mejor. Ha contado la verdad y le ha apoyado todo el mundo. Kerr debió darle más fuerte a ese cabrón. Y ahora están juntos, al fin. Les ha costado dar el paso. Sabía que para Ginette era especial, desde que me contó lo del bar y que lo había besado.
Gin siempre buscaba excusas para no salir con nadie: los estudios, el trabajo que hacíamos para ganar dinero tras las clases…
y me dijo que era por su ex. Por el cabrón de su ex, y tal vez en parte sí, pero también estaba todo lo que pasó esa noche y cómo de vulnerable y expuesta se sentía solo con el entrenador.
Por eso, cuando me dijo que lo había besado, sentí que Kerr iba a ser especial para ella y lo ha sido.
Espero mi maleta y veo un mensaje de Sayer.
Ha pasado poco más de un mes desde que nos acostamos por última vez.
Desde que decidimos ser amigos. Esa noche me escribió para ver si había llegado bien a casa de su hermana y, desde entonces, me escribe cada dos por tres, y yo a él.
Casi siempre hablamos de películas. De lo que vivimos en el trabajo y de temas sin mucha importancia.
Pero antes de acostarnos, me pregunta si está todo bien y yo le digo que sí.
Ese miedo a perderme es peligroso, porque saber que le importo tanto, pero no lo suficiente como para luchar por mí, duele.
Sayer: Cuando llegues, me avisas.
Simon: Estoy esperando mi equipaje. Deseando estoy de conocer París.
Mientras regreses a mí, disfruta :P
Tal vez me acabe por conquistar una baguette parisina.
Haré como que no he leído nada :P
Este juego tonto es peligroso, pero acabo sonriendo como un idiota.
Sayer dijo la verdad. No ha tenido nada con nadie desde Blanca y de Blanca no se sabe nada.
Mejor, pero debería haberla denunciado. Él no quería acostarse con ella y ella se aprovechó de su vulnerabilidad.
Me cansa que Sayer deje de lado tantos temas importantes, pero es su vida. Él sabrá.
Salgo de la terminal y no tardo en ver a Gin.
Corre hacia mí como una loca y nos abrazamos con fuerza.
Tomo aire y tiemblo ante su contacto. Joder, cómo la echo de menos.
La necesito en mi vida más que nunca. Pero, a su vez, no puedo explicarle todo esto porque Sayer tiene derecho a que nadie quiera saber su intimidad.
Odio tener secretos con mi mejor amiga.
—¿Eh? ¿Todo bien? —Me mira con sus grandes ojos dorados.
—Ahora mejor. Te echaba de menos.
—Y yo a ti. —Me abraza de nuevo—. Pronto estaré de vuelta.
—Contando los días estoy, y tu novio más. —Se ríe.
—Mi novio, cómo suena eso, ¿eh?
Está feliz y, tras el peso que se ha quitado de encima, más.
Es horrible que un entrenador haga algo así.
Lo peor es que, como eran caricias inocentes, Ginette no era consciente de la gravedad del asunto hasta que todo le explotó en la cara.
No sabía cómo contarlo sin que le dijeran que estaba siendo exagerada.
Hemos normalizado tanto entre niños a veces dar besos y abrazos a extraños que, cuando uno de esos se aprovecha, no saben si está bien o mal.
Vamos hasta su coche y luego conduce camino al centro. Aparca donde puede y subimos a su guardilla. Es minúscula y, aunque Kerr ha intentado alquilarle otra, ella quiere hacer esto por su cuenta. Luego ya aceptará vivir en la gran casa de Kerr.
—Casi no cogemos los dos. —Se ríe y abre la ventana diciendo: «¡Tachán!»—. Vale, así parece más grande.
Miramos por la ventana y la abrazo mientras París se expande bajo nuestros pies.
—Mañana, tras mi entrenamiento, pienso enseñarte mis lugares favoritos.
—Me encantará hacerlo.
—Y ahora ponme al día de tu vida. Sé que algo te pasa.
—No te puedo decir mucho. —Vamos hasta mi maleta y colocamos mi ropa.
—Odio que siempre seas el oscuro secreto de un hombre que no te ama lo suficiente para luchar por ti.
—Yo también.
—No te merece eso.
—Lo sé, Gin. Por eso no tengo nada con nadie.
—Pero alguien te importa.
—Mucho, pero estoy aquí para pasarlo bien y, poco a poco, me abriré a nuevas experiencias.
—Vale. Y recuerda: si no puedes contar esas experiencias a tu mejor amiga, es que es un hombre de mierda.
Me río por cómo lo dice. Da gusto tenerla a mi lado.
Es parte de mí. Estoy deseando que regrese.
Es como si me faltara un brazo cuando ella está lejos.
Preparamos algo de cenar y Gin se queda dormida a mi lado, tras hablar de todo un poco.
Yo no tengo sueño. Cojo el móvil de la mesita y mando una foto a Sayer de mis pies, saliéndose de la cama.
Presiento que voy a dormir fatal en esta lata de sardinas.
Kerr ya me dijo que esa cama era de juguete. Le pagó otra, tras romperla, pero que, por lo pequeño que era todo, no podía ser muy grande.
Lo imagino riéndose por ello. Al poco, me manda una foto de él en el sofá. Ese sofá donde nos enrollamos hace unas semanas. Escribe:
Al menos en mi casa, sí había sitio para ti. Yo trato mejor a los amigos.
No seas idiota.
No lo soy. ¿No puedes dormir?
No, el cambio de hora me está matando.
Ponte los cascos y elegimos una película para ver juntos.
Perfecto.
¿Cómo está Gin?
Mejor, ya no tiene esa angustia en la mirada.
Me alegro mucho.
Elegimos una película y la pongo en pantalla dividida, para poder ir comentándola con Sayer. Al acabar, me suelta:
Intenta no coger empacho de baguete.
Idiota :P
No responde más, y mejor, porque casi parecía celoso porque yo pudiera tener algo con alguien y, sinceramente, lo mejor que nos podría pasar como amigos es que me enamorara de otro que no fuera él.