Broken Ice Capítulo 18
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Capítulo 18

Simon

Sayer se ha quedado dormido en su cama. Por suerte, me dejó llevarlo a ella.

Luego me contó lo que ha pasado y ardí de rabia, pero sobre todo por él.

Por preferir esa vida a una real. Eso no excusa lo que ella hizo.

Joder, menuda cabrona aprovecharse de él.

Debería denunciarla, pero no quiere y, lo peor, que esto le ha pasado otras veces.

Sayer es capaz de esto con tal de vivir su vida perfecta.

Puedo ser su mejor amigo. Si lo quiere, puedo ser eso. Pero enamorarme de él solo me destruiría. El problema es que si estoy tan enfadado, tan agitado y tan preocupado por este idiota es porque no me es indiferente.

Había hecho planes este fin de semana. Amanda se ha ido con unos padres del colegio a pasar el fin de semana con sus hijos.

Yo había quedado con algunos tíos de la app.

Tenía un par de citas para ver si llegaba a algo.

Y, cuando me ha llamado, lo he cancelado todo sin saber si me quería para unas horas o para todo el día.

Soy un amigo increíble y un gilipollas de manual por no alejarme de él.

—Huele de maravilla. —Remuevo la cebolla.

—A ver si esta comida te quita la resaca.

—Dudo que algo lo haga.

Se sienta en la isla de la cocina, donde le he dejado agua y pastillas. Hasta con mala cara está para comérselo. Aparto la mirada y remuevo la pasta. He estado mirando qué tenía en la cocina para hacer algo para comer.

—He recordado qué pasó —admite.

No puedo olvidar lo vulnerable que lo vi en su aseo. Por primera vez, no tenía ese aire impenetrable. Por eso, estoy aquí, porque me importa. A pesar de todo.

—¿Y? —le digo al ver que se queda callado.

—He roto con ella.

—A ver, eso lo esperaba. Eres gilipollas, pero no masoquista. —Alza una ceja—. Vamos, di, ¿qué has recordado?

—Ella me llevó a la cama y me puso encima. Creí que eras tú.

—Sí, el mismo cuerpo. —Su mirada se hace oscura—. Eso no cambia que se aprovechó.

—Ya, no, no lo cambia. No cambia ese puto momento, pero estaba ahí porque elegí beber hasta desearla.

—¿Y así va a ser siempre tu vida? ¿Elegir una mujer que te queda perfecta del brazo y beber hasta crear con ella tu perfecta familia?

—No, por ahora no quiero nada con nadie.

—Bueno, al menos ha salido algo bueno de esto. Espero que, en el futuro, si empiezas algo con una mujer, sea porque te gusta.

—Lo tendré en cuenta. Y ahora no quiero hablar más de ello.

—Eso no cambiará que deberías denunciarla.

—No. Tampoco lo hice con las otras dos. —Gruño—. Se me pasará.

¿Otras dos? Joder, Sayer está peor de lo que pensaba.

Si lleva años forzando su familia perfecta, es que algo dentro de él no va como debería.

Hay algo que no me cuadra. Una pieza que siento que hará que encaje este deseo suyo por tener algo perfecto a los ojos de los demás.

Porque a los suyos dudo que eso pase, viendo que ha tenido que recurrir a la bebida para poder tener algo con algunas mujeres.

—No, toda esta mierda no se pasa. Solo te dejan heridas que luego sangran cuando menos lo esperas —le respondo enfadado por elegir esto. Por hacerse esto.

—Tal vez, pero es mi decisión.

—Tú mismo, Sayer. En unos meses cumplirás treinta y cinco años. ¿Qué sabré yo de la vida cuando me sacas diez años de experiencias…?

—Ahora siento como que tú sabes más.

—No lo olvides. Soy más listo porque yo elegí luchar. Ahora zanjemos este tema, si te duele, y déjame acabar la comida.

Termino la comida y la sirvo en dos platos. Sayer ha puesto la mesa en el salón. Los llevo allí. Kerr le escribe para decirle que va a salir con los del equipo, por si se pasa. Simon le dice que está conmigo viendo películas. Al poco, Kerr se pasa. Me ha sorprendido que le dijera la verdad.

—Tienes una cara horrible —le dice Kerr a su amigo.

—Anoche bebí más de la cuenta y he cortado con Blanca.

—Ah. ¿Quieres que me quede?

—No, ya tengo a Simon para ver una película tras otra.

—A mí no me importa verlas. —Kerr se ríe tras mis palabras.

—Me voy tranquilo porque estás en buenas manos, pero si necesitas algo, me llamas, me escribes o lo que sea. —Sayer asiente—. Esa tía no te merecía. Nunca me gustó para ti.

—Lo sé.

—A los amigos no se les oculta nada. —Lo llaman y nos dice que lo pasemos bien.

—Kerr sabe que soy bisexual —admite Sayer cuando pone la primera película—. Nadie más lo sabe. Bueno, descontando a todos los tíos que he besado… en la universidad.

—¿Desde entonces nada?

—Me hice famoso y no quería cometer errores. La prensa está siempre pendiente de mí, pero a Kerr se lo conté una noche que me pilló.

—¿Y qué dijo?

—Vale. Solo vale y me doy un abrazo. Temía que me mirara raro, pero Kerr solo dijo: "Vale".

—Es propio de Kerr.

—Sí, muy propio de él.

Su mirada se torna cálida. Se nota que lo quiere mucho.

La verdad es que ahora que conozco más a Kerr, sé que es un hombre increíble.

De vez en cuando me escribe para ver cómo voy, por no tener a Ginette, y que esté pendiente de mí; es algo raro.

Claro que yo acabo por preguntarle lo mismo.

Hablar de ella con él hace que la extrañe menos.

Vemos la película en silencio. No comento nada hasta que lo que pasa me encanta y se lo expreso.

Sayer me dice que es su parte favorita. Se apoya en el respaldo.

Yo hago lo mismo y, sin querer, nuestras manos se tocan.

No la aparto. Él tampoco la suya. La dejo ahí, sintiéndolo. Absorbiendo su calor.

Los amigos no se deberían desear tanto.

Pone otra película y estoy más cerca de él. O él de mí.

Cuando lo miro, está muy cerca. Demasiado para dos amigos que fingen no desearse.

—Solo una noche…, para olvidarme de todo. O como despedida.

—Sayer… —Acaricia mi cara—. ¿Se puede luego seguir siendo amigos como si nada?

—Sí. Podemos… Solo quiero olvidarla… Olvidar sus manos. Su cuerpo… Dejar de sentir asco.

—Esto no lo va a cambiar.

—Pero al menos te recordaré a ti, en vez de a ella, porque dudo que pueda estar con alguien en un tiempo.

Lo miro y veo su dolor, también el deseo, y no puedo más, porque yo también quiero una última vez para el recuerdo; una despedida, antes de pasar página con él y seguir con mi vida, como algo más que un amigo.

Beso su boca y me devuelve el beso con fuerza.

Ojalá fuera tan fácil olvidarme de sus brazos como perderme en ellos.

Sayer

Tiro de él hasta que se pone a horcajadas sobre mí.

Tiro de su sudadera y él de mi camiseta.

Joder…, necesito tocarlo más que respirar.

Quiero olvidarme de los pocos recuerdos que tengo de Blanca sobre mí.

La llamé Simon, cuando estaba medio ido, y le dije que se apartara, cuando veía que no era él.

Ella sabía que yo no quería estar ahí y no le importó, con tal de tenerme.

Te gustará, me decía; yo sé lo que te gusta… No lo sabía.

Lo beso de forma hambrienta y desesperada.

Toca mi cuerpo. Pasa las manos por mi torso.

Sus manos me calientan ahí. Hacen que el frío de mi pecho, tras lo vivido, se disipe.

Nos movemos rozando nuestros cuerpos. Sus manos están por todas partes.

Las mías igual. Bajo los besos por su cuello y lamo su piel tersa y firme.

Tiene los pezones duros. Tiro de uno de ellos y luego del otro.

—Cabrón —me dice cuando lo muerdo.

—Te gusta. —Gruñe cuando lo hago de nuevo. Joder, quiero más—. Vamos a mi habitación.

Vamos hasta mi cuarto y saco el lubricante de menta, como el suyo, y condones.

—¿Pienso mal? —dice sentándose en la cama.

—¿Si tu pregunta es si me la cascaba pensando en esa noche? Sí.

—Joder, Sayer… Eres un gilipollas.

—Eso ya lo sabías y aquí estás.

Voy hasta él y me arrodillo a sus pies. Tiro de su pantalón y libero su polla.

Está dura y la punta mojada. Lo dejo desnudo y me la meto en la boca sin preliminares.

No quiero dulzura. Solo quiero sexo. Sexo guarro que me haga olvidar.

Si me hace el amor, me derrumbaré y lo peor es que, si se lo pido, me lo haría. Así es Simon.

Disfruto de él en mi boca. Me encanta comerle la polla. Me gusta mucho, y más cuando tira de mi pelo o me maldice por hacer presión. Subo y bajo mi cabeza. Alzo la mano y toco los músculos contraídos de su torso. Llevo mi dedo a su boca y me lo lame como si fuera mi polla.

Joder, estoy muy cachondo.

Me duelen los huevos de lo mucho que lo deseo.

Lo llevo al límite, una y otra vez, hasta que no puedo más y lo insto a subirse a la cama. Se pone de espaldas y su culo me tienta. Lleno la espalda de lubricante tras desnudarme y ponerme un condón. Juego con la entrada de su culo. Me vuelve loco la curva de su espalda.

Mojo mi polla con el lubricante y entro en él poco a poco, notando cómo me presiona. La piel se me perla de su sudor mientras entro del todo. Luego caigo sobre él y nos movemos un poco de lado, para que pueda cogerle el pene, que está duro como una piedra. Muevo mi mano al compás de mis embestidas.

Beso su cuello, sus clavículas. Lo acerco a mí todo lo que puedo. No quiero que corra el aire entre los dos. Mi alma grita mío, una y otra vez, pero la realidad es que no sé cómo ser suyo.

Follo con él de forma egoísta y dura, como si así lo pudiera retener para siempre en mi burbuja. No quiero que se vaya. No quiero perder esto. No quiero dejar de experimentar lo que siento con él.

—Sayer… —Mi nombre muere en sus labios y le doy lo que quiere.

Se corre conmigo. Nos corremos juntos y luego caigo sobre él. Agitado, nervioso y sin saber cómo explicarle que, a pesar de todo…, lo quiero.

—Voy a ser el mejor amigo que conoces —le prometo, porque el resto no puedo.

Noto el escozor de lágrimas en los ojos, sabiendo que, a pesar de todo, esto es una despedida de lo que sentimos. O al menos una forma de encerrarlo para siempre.

Soy un cobarde por no dejarme llevar…

Tengo un miedo atroz. Una parte de mí se quedó anclada en el primer latigazo del cinturón de mi padre. Se quedó ahí, agachado, haciendo creer al mundo que era valiente, cuando en verdad no era así. Cuando solo era un niño que entendió lo cruel que podía llegar a ser el mundo.