Broken Ice Capítulo 16
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Capítulo 16

Sayer

Fynn me pone muy nervioso, al igual que al resto del equipo. Kerr no se da cuenta porque, desde que Ginette se fue, está como ido. Y, joder, lo entiendo. Pero me estoy haciendo cargo del equipo más de lo que debería. Por eso, voy hasta el despacho de mi hermana a hablar con ella.

Toco a la puerta y veo a Simon cuando abro.

Fynn le está contando algo que, por el tic de Simon, le pone nervioso.

Podría volver luego y hablar con mi hermana, o lo haría en su casa, cuando me pase, pero Amanda dijo que el trabajo se queda aquí; si quiero algo del trabajo, se lo debo decir en horas lectoras o su cabeza no da para más.

Por otro lado, quiero ayudar a Simon.

—¿Me puedes dejar a solas con Simon, por favor? —Fynn nos mira a uno y a otro.

—Perfecto, voy a comprar algo para la hora del desayuno.

Se marcha y cierro la puerta.

—Gracias, no puedo concentrarme. —Simon mira el ordenador, agitado.

—Bueno, venía a hablarte precisamente de él. —Su mirada se hace más aguda. Es como si pensara que es porque le voy a decir que me gusta. Ni de coña. Demasiado tengo con una posible novia que no sé cómo manejar.

—Tú dirás.

Se apoya en la silla. Lleva una camisa azul arremangada y algo abierta por el cuello.

Verlo así me hace desear mandar todo a la mierda y tirar de los botones hasta dejar su torso desnudo.

Este deseo que siento por él me está volviendo loco.

Me consume y no sé cómo lidiar con una atracción que no pedí; que solo me complica la vida.

—¿Sayer? —Simon me mira preocupado porque, aparte de ser jodidamente sexi, es empático y se da cuenta de todo. ¿No podía ser un cabrón? No, joder, tenía que ser una de las mejores personas que conozco.

—No me gusta Fynn. Pone nervioso al equipo cuando entra al vestuario y hace comentarios sobre el culo de unos y otros.

Simon se pone tenso.

—Admito que a mí me está poniendo de los nervios. Voy a hablar con Stewart. No puede ir por ahí diciendo esas cosas. Es molesto.

—Pues sí. Y no nos deja concentrarnos antes del entrenamiento.

—Y a eso súmale que hace una mierda de vídeos y los edita aún peor. —Pone algo en el ordenador y lo gira—. Dime cómo arreglo esto. —Se pasa la mano por el pelo, cansado.

—Vaya mierda. —Sonríe.

Nos miramos. Hablar con él siempre me calma y, a la vez, me tiene alerta, pero por algo diferente.

—Lo arreglaré.

—Bien. —Se levanta para salir conmigo.

Pasa por mi lado y nos tocamos sin querer. La piel se me pone de gallina por el ansia de sentirlo de nuevo junto a mi piel. Tomo aire. Su perfume me hace querer dejar mi nariz vagar por su cuello.

—Ponen una película muy buena en el cine.

—Tal vez vaya. —Nos miramos y quiero decirle cuándo iré. Vernos allí—. Podemos ser amigos, si quieres, Simon. No solo de mensajes de móvil.

Amigos… Lo quiero en mi vida, pero no sé si a un amigo se le debería desear así.

—Sí, está bien. Tal vez vaya mañana por la tarde.

—Tal vez yo también.

Asiente y, cuando salgo, Mary viene derecho hacia mí para hablarme de algo de prensa de mi novia. Lo que se ha publicado de la otra noche y la gala a la que fuimos juntos.

—¿Boda a la vista? Si es sí, avísanos primero. —Simon se marcha y no mira hacia atrás.

No me gusta hablar de Blanca delante de él. Es como si lo estuviera engañando, o tal vez más a mí, porque por ella no siento ni la mitad de lo que experimento por él cuando lo tengo cerca.

Agitado, me marcho con Mary para ver qué se ha filtrado a la prensa.

Llegamos a su despacho, que no queda muy lejos, y veo que solo son unas fotos con Blanca. A ella le han preguntado en la fiesta si iba en serio conmigo y dijo que por supuesto y que tal vez pronto sonarían campanas de boda. Mierda. Eso no es así.

Le digo a Mary que eso no va a pasar, por el momento.

Voy hasta los vestuarios y busco el móvil para mandar un mensaje a Blanca. Pensándolo mejor, la llamo.

—Hola, querido. —Odio cuando me dice esto y es todo por mi culpa. Yo solo me he metido en este lío.

—Hola, ¿has visto la entrevista?

—Salimos espectacular, pero han malinterpretado mis palabras. Me dijo que si me veía casada contigo en un futuro y respondí que por qué no. Luego, han escrito lo que han querido.

Aliviado, porque ella no haya ido con el cuento, le digo que no se preocupe.

Guardo el móvil y me marcho a entrenar con el resto.

Al acabar, quien entra al vestuario para grabar algo es Simon.

Intenta no mirarme, y yo también. Aunque lo siento.

Su presencia y su risa, cuando se ríe por alguna estupidez que le dice Basile, llenan este lugar.

Por eso, oigo cómo dice que Fynn ya es historia. Van a contratar a otro. Qué descanso.

Voy a lavarme recordando nuestra ducha juntos. Sus besos y su forma de empujarme de forma juguetona. En ese momento no encontré las fuerzas de irme porque estar ahí me hacía sentir como si dejara de correr hacia ninguna parte.

Tomo aire y, cuando salgo de la ducha, Simon no está.

Mejor…

Mucho mejor.

***

Entro al cine y voy al fondo. No hay nadie. Esta película no tiene aún mucho reconocimiento. En este lugar ponen películas de autor; de personas que están empezando. Cine indie . Me gusta por eso y porque sé que podré disfrutar del cine solo o casi solo, sin tener miedo a que la gente me reconozca.

Pienso que Simon no va a venir cuando la película empieza sin él. Meto la mano en las palomitas sin hambre. Llevo dos puñados cuando la cortina de la puerta se abre y, al mirar hacia allí, veo a Simon.

No lleva palomitas. Sus ojos azules están fijos en mí.

Se sienta y su rodilla toca la mía. Los dos somos muy altos y estos asientos muy pequeños.

—Puedo compartir.

—Bien.

Mete la mano en las palomitas y nuestros dedos se rozan. Lo hago aposta. Joder, me veo comiendo más de lo que deseo solo por tocar su piel. Y, cuando lo acaricio, no la aparta.

—Vamos a acabar por ver todas las pelis malas que ponen en este lugar —bromea y me gusta esa sonrisa que nace en sus labios.

—Leí a un crítico y decía que no estaba mal.

—Seguro que se acabó durmiendo y, cuando despertó, escribió lo primero que se le ocurrió. —Miramos la pantalla y se ve un micro mal escondido entre la ropa.

Luego, ya es un desmadre. Se observan micros por todas partes y cámaras grabando en los espejos y cristales.

—Vamos a ver quién ve el siguiente micro.

—Eres un crío —lo pico, pero me dejo llevar y miro la película para encontrarlo primero.

Lo hace él primero y se ríe. Me encanta su risa. Es ronca y sus ojos brillan cuando se deja llevar.

—¿Cómo fue para ti salir del armario? —Pierde la sonrisa y me mira—. ¿Fue duro?

—No fue fácil, no, pero antes de eso ya se metían conmigo por ser demasiado alto y delgado. Mi padre me apuntó a clases de defensa personal. Pero, si no me golpeaban por eso, lo hacían por otra cosa. A veces despertamos los demonios de la gente sin hacer nada.

Pienso en mi padre y en cómo se enfadaba por cosas que yo no entendía.

—Sí. ¿Tu primer novio?

—Un chico de mi clase. Estaba loco por él —noto algo cálido en sus ojos—, pero no quería que nadie lo supiera. Para todo el mundo éramos amigos. Yo estaba tan colgado de él que, con tal de que no me dejara, habría hecho lo que fuera.

—¿Y qué pasó?

—Que con el paso del tiempo me cansé de ser su secreto.

Entonces, se corrió la voz de que yo era gay y, bueno, empezaron a decir que estaba siempre con él y que lo mismo él también lo era.

—Tomo aire—. Me dio un puñetazo delante de sus amigos, para demostrar que yo no era nada para él, y luego me dejó, poco antes de ir a la universidad.

—Joder. —Busco su mano—. Lo siento.

—No me dolió. Se notaba que no quería hacerme daño, pero que llegara a eso, para que nadie supiera su secreto, me destrozó. Me iba a ir a la universidad. Así que fue fácil hacerlo, ya que nada me ataba a ese lugar.

—No fue fácil.

—No, pero vi su verdadera cara y dejé de esperar lo mejor de la gente. Fue el primero de muchos que solo quieren de mí un rato, curiosidad y no cambiar.

—Te mereces a alguien que lo dé todo por ti.

Nos miramos a los ojos y, aunque quiero ser ese alguien, no puedo. Sonríe con tristeza.

—Lo merezco, sí.

—Tal vez, como amigo, yo no esté tan mal.

—Eso espero, o tendré que darte una patada.

Me río y eso alivia la tensión. Al menos por un momento. Simon ha sido muy valiente por no ocultarse. Yo no sé hacerlo sin tener miedo. No sería el primero de mi entorno que reconociera que es bisexual, pero no sé hacerlo sin sentir que me ahogo.

—He ganado viendo micros. —La luz se ha encendido y no me he dado cuenta pensando en mi pasado o en mi infancia. En un padre que odiaba cada tara que había en mí.

—Voy a ir a cenar a casa de mi hermana. Ahora llevaré pizzas. ¿Cómo te vas?

—En el metro. —Quiero decirle que podemos ir juntos, pero luego me quedo callado—. Nos vemos allí.

—Ten cuidado.

—Siempre lo tengo. —Me guiña un ojo y se marcha mientras yo me quedo solo, agitado y nervioso por no poder ir con él.

Soy un capullo. Uno de los grandes. Se merece a alguien que no sea como yo.

Llego a casa de mi hermana con pizzas. Ya la avisé y Sasha estaba deseando que viniera. Cuando Simon tarda, le mando un mensaje. Me responde que ha quedado con Basile y Aquiles; que se le había olvidado avisar.

Mentira, pero sé que es su forma de seguir adelante con gente que no se avergüenza de él.

Nunca me he odiado tanto como en este momento. Tal vez, por eso, cuando quedo con Blanca a solas, en su casa el fin de semana, tras el partido, me paso bebiendo, porque quiero ser algo que no soy al lado de ella y quizás así pueda ser el mejor amigo para Simon.