Broken Ice Capítulo 15
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Capítulo 15

Simon

Gin se ha ido a entrenar con una antigua patinadora en París.

Ahora estoy guardando mis cosas para irme a casa de Amanda.

Acaba de dejarlo con su ex y no está bien.

Gin no se enteró hasta que ya estaba instalada.

Amanda no quiso decirle nada de su viaje para ver a su ex, por si cancelaba todo.

Saber que Ginette está tan lejos de mí es duro.

Sé que también está siendo duro para Kerr; él y Gin se aman.

Dejar que Ginette se marche no es fácil para nadie.

El problema es que aquí ella no es feliz y cree que, haciendo esto, encontrará la paz que no ha conseguido desde que perdió su sueño.

Amanda me dijo que podía irme con ella, pero dependía de cómo salía todo con su novio. Si su novio volvía con ellos, no iba a instalarme en su casa. No me parecía bien. Pero ahora que todo se ha ido a la mierda, tengo que estar ahí para ella.

Termino de guardar todo y empiezo a bajarlo a mi coche. Ahora voy a trabajar en la app cobrando un sueldo completo y no como prácticas. Estaba deseando dejar atrás todo lo que tuviera que ver con los estudios.

El casero me espera en la puerta, le entrego las llaves y me devuelve la fianza.

—¿Sin ver la casa?

—Al lado de todos los demás, vosotros erais los mejores. —Me río—. Que te vaya muy bien en la vida.

—Gracias.

Monto en el coche. Ahora ya puedo echar gasolina sin sentir que me crujen de más; mi cuenta corriente no da risa. Conduzco hasta la casa de Amanda. Al llegar, aparco en la puerta y empiezo a sacar mis cosas.

—Te ayudo. —Escucho a Sayer tras de mí y, como siempre, me agito.

Desde la otra noche que me escribió y admitió que piensa en mí, no nos hemos visto y tampoco me ha escrito más.

Odio que me atraiga tanto y, a la vez, pensar si está bien.

Siempre lo noto triste. Es como si hubiera una oscuridad dentro de él, de la que no habla con nadie.

A mí me cuesta expresarme, pero él me gana en eso.

Cuando me giro para mirarlo, veo que va con la gorra puesta y una sudadera que no es la de su equipo. Así la gente tal vez no lo reconozca. Cosa que yo haría con los ojos cerrados. Tengo metido su perfume bajo la piel. Ese toque a madera y sándalo.

—¿Quétal el viaje? ¿La vuelta con el equipo?

Tras volver con su hermana, regresó con sus compañeros.

—¿No has mirado la app?

—No, Mary se llevó al nuevo para que aprendiera. Y, bueno, no he tenido tiempo de mirarla.

Como la app no solo va bien, sino que está dando beneficios, han querido contratar a alguien más para que ocupe el puesto de Ginette. Se llama Fynn, y ahora graba y edita.

—Tu nuevo compañero es un poco intenso.

—Intenso de más —admito y saco mis cosas.

Me ayuda y, aunque no quiero, me fijo en sus fuertes antebrazos cuando se arremanga.

Usa pulseras de cuero, cuando no está jugando, junto con el caro reloj plateado.

Este hombre todo lo que hace es sexi, y es una mierda, cuando tiene proyecto de novia y yo debería haberlo olvidado con los tíos con los que he salido.

No he tenido más que besos, y eso me cabrea, porque debería seguir con mi vida, sin compararlos a todos con él.

Tomo aire y sacamos todas las cosas. Luego, entre los dos, nos apañamos para llevarlas dentro. Hacemos dos viajes de ascensor. Sube él primero y yo segundo, porque no cabemos los dos.

Al llegar a su planta y entrar al piso, escucho a Sasha, en el que será mi cuarto, diciendo que quiere abrir todas mis cajas.

—No vas a abrir nada, trasto —le dice su tío.

—¡Jo! —Entro y Sasha, al verme, se me tira a los brazos—. ¿Te han contado ya que mi padre no me quiere? —Amanda da un grito y Sayer lo mira agitado.

—A ver, la versión que yo tengo es un poco diferente.

—Dejo las cosas y me agacho a su altura—.

La versión que yo tenía es que tu padre no sabe querer a alguien más que a él mismo y, bueno, tú tienes la suerte de tener un tío que te quiere como si fueras su hijo y que daría hasta su vida por ti.

—Sasha mira a Sayer y este asiente—. Y una madre que lucharía contra todo el universo por ti.

—Sasha salta, contento—. A ver, y me tienes a mí, que no pienso dejarte nunca.

—Le hago una promesa de meñique—. Así que, sí, tal vez esa persona no sepa apreciar la suerte que tiene, pero el resto sí.

Lo vas a superar, pequeño. Eres una de las personas más fuertes que conozco.

—Eso hace que se sienta importante—. Y si alguna vez quieres hablar de ello, yo te escucharé encantado.

Sasha me abraza con fuerza y luego se marcha a jugar o gritar. No sé bien qué hace. Sayer se va tras él para que no se mate solo.

Amanda me mira con lágrimas en los ojos. Me levanto y voy hasta ella para abrazarla con fuerza.

—Tú también me tienes para siempre. —Llora con fuerza y la sostengo—. Ahora estoy aquí. Poco a poco, saldrás adelante. Estoy convencido.

—Lo sé…, pero me siento tonta por haber creído que todo podía ser diferente.

—Créeme, yo he sentido eso toda mi vida.

—Bueno, ahora hay que ser positivos.

—Sí.

Me ayuda a sacar mis cosas y colocarlas en el armario.

Luego, se va a ver qué hace Sasha, porque Sayer tiene un punto en la voz de estar perdiendo los nervios.

Sonrío, porque me lo imagino todo serio creyendo que así Sasha le hará más caso.

Amanda le da un bufido a su hijo y este dice: «Lo siento, mami».

Saco mis pertenencias y pienso en dónde guardar mis cosas más íntimas.

Lo hago justo cuando Sayer entra. Se pasa la mano por el pelo, cansado.

Va a decir algo, pero tengo la bolsa medio abierta y ve lo que hay dentro.

Su mirada se hace hambrienta al recordar el lubricante en mi piel.

En sus manos. Joder…, pensé cambiarlo, porque el olor a menta me recuerda a él.

Por su culpa, ya no tomo caramelos. Pero aquí está el lubricante.

No lo cambié porque por eso me gusta, precisamente. Debo ser masoquista.

—Mejor eso dejarlo arriba. —Señala la parte alta del armario. Luego lo coge de mis manos, tocándome aposta.

Lo deja ahí y se queda cerca de mí. Muy cerca. Sus ojos verdes recorren los contornos de mi boca. Tiemblo por las ganas de besarlo, de acortar esta distancia y morderle la boca.

Por suerte, Sasha lo llama y se marcha.

Cuando decidí venirme con mi amiga, sabía que tendría cerca a Sayer, pero esperaba poder con ello. En el trabajo nos vemos a menudo, pero aquí todo es más íntimo. Ahora me doy cuenta. Tal vez por eso dejo de posponer más citas y, por la noche, ya solo en mi nuevo cuarto, acepto varias.

Lo que sea para poder seguir con mi vida sin pensar en él.