Broken Ice Capítulo 14
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Capítulo 14

Sayer

Llego al hotel donde mi hermana está con mi sobrino, en Niza, Francia. Su ya oficial ex la ha dejado. No quiere las responsabilidades de una familia. Le ha dado igual tener ahí a su hijo. Ante un ultimátum de mi hermana, ha dicho lo que todos pensábamos: que no quería una familia.

Abre la puerta del hotel. Me abraza con fuerza.

Llora tan fuerte que me rompe por dentro.

Mi hermana y yo nos llevamos diez años. Mis padres no lo esperaban.

De hecho, se plantearon abortar, pero no lo hicieron porque no querían que nadie se enterara y los tachara de nada.

Como siempre, las formas, lo primero. No somos una familia rica, pero en nuestro barrio siempre hemos sido trabajadores y muy conservadores.

Desde que tuve a Amanda en mis brazos, supe que daría mi vida por ella.

Y aquí estoy. He dejado un partido importante para poder llevarla de vuelta y que no se volviera sola con el niño en este momento tan delicado para ella.

En cuanto me llamó llorando, que la había dejado y rechazado a Sasha, hablé con mi entrenador y me vine aquí.

***

—Lo triste es que no me ha pillado por sorpresa. —Sasha está dormido, mientras Amanda y yo compartimos el helado que he ido a buscar.

—A mí tampoco —admito al fin—. Nunca me gustó para ti, pero a veces tenemos que esperar, y es complicado cuando sientes que están haciendo daño a quien más quieres. —Sus ojos se llenan de lágrimas y me coge la mano.

—Yo solo quería una familia perfecta. Esa que no tuvimos.

—Tal vez no estamos destinados a tener algo así.

—Bueno, a ti lo mismo te van mejor las cosas. ¿Qué tal con Blanca?

Pienso en mi novia, o la chica con la que salgo.

No hemos follado y eso que ella se empeña en ponérmela dura.

Problema: no se me levanta. Ya puede besarme, ponerme las tetas en la cara o ponerse ropa sexi, que no siento nada.

Le he dicho de dejarlo varias veces, pero no quiere.

Una parte de mí se pregunta por qué, mientras otra quiere ver si consigo olvidarme de unos ojos azules y una sonrisa ladeada que no necesita más que mirarme una vez para que arda en deseo.

—Van.

—Por experiencia te digo que no fuerces las cosas.

No hagas como yo. Siempre sentí que no era para mí…

, pero me aferraba a ello aunque no era feliz y ahora tengo un niño que adoro, pero que tiene que lidiar con un padre que no lo quiere.

¿Cómo voy a hacer para que Sasha no crezca notando su ausencia y esto no lo marque, como nos marcó a nosotros unos padres egoístas?

—Porque nosotros estaremos ahí para él. Juntos, Amanda. Siempre juntos. —Deja el helado y se sube a mi regazo para llorar.

La abrazo con fuerza y no me separo de ella hasta que se duerme. La meto en la cama junto a Sasha. Me preparo para acostarme. Miro el móvil y veo que tengo un mensaje de Simon. Al verlo, siento miles de cosas, como cada vez que nos escribimos.

Simon: ¿Cómo estás? Amanda ya sé que no está bien, pero para ti tampoco debe ser fácil. Seguro que te estás agobiando por ser el tío perfecto y el hermano ideal para que no sufran.

Sayer: Estoy aguantando las ganas de buscar al cabrón de mi excuñado y partirle la cara.

Mejor no te jodas la mano. Solo te faltaba eso. Esto iba a acabar pasando. Al final, no se pueden forzar las cosas.

Pienso en Blanca y me niego a rendirme. El problema es que con ella ni hablo. Solo quedamos de vez en cuando y siento que todo está bien… Pero no lo está.

Amanda se pondrá bien, y Sasha, por suerte, no se acordará, pero sentirá su ausencia y se preguntará qué hizo mal para que su padre no lo quisiera.

Amanda me contó que vuestros padres son muy exigentes y siempre ha sentido que no la quieren lo suficiente. Y más, tras darle de lado con el bebé. ¿Tú te sientes igual?

Mi padre odiaba que jugara al hockey. Elegir el hockey siempre era un desafío… Bueno, odiaba todo de mí.

Callo la verdadera razón por la que cogí el hockey, aparte de desafiarlo. No me gusta que nadie sepa lo que pasaba en mi casa.

En el fondo siempre luchas por lo que amas. Si no lo luchas por algo al cien por cien, es porque no lo amas de verdad.

Pienso en él y lo descarto, pero tal vez tenga razón. Si algo me importa de verdad, lucharía a muerte.

Supongo que sí. ¿Qué haces?

Estoy en el cine. Como sabía que no te vería, me vine.

Joder, duele saber que me evitas.

Es lo mejor, Sayer. Tú tienes novia y yo… tengo un futuro sin ti.

Entonces, piensas en mí.

¿Y de qué sirve eso?

Releo el mensaje. No sirve de nada. Joder, lo sé, pero saber que esto que me pasa no es solo mío me hace temblar. Hasta que recuerdo que yo lucho por lo que quiero y quiero una familia; una, como siempre soñé. Sin discusiones, sin riñas, sin malas caras… sin miedo.

Contemplo a mi hermana. Ella no sabe hasta qué punto nuestros padres eran capaces de llegar para conseguir lo que querían. Pero yo sí. Tengo pequeñas cicatrices en la piel de sus palizas. No quiero vivir más con ese miedo.

Miro agitado el móvil porque, cuando pienso en lo que siento por Simon, soy ese niño que lloraba mientras su padre le pegaba con el cinturón por ser demasiado blando o por no ser como ellos querían.

¿Sigues ahí?

Sí, y no, no sirve de nada.

No responde, pero yo me leo la conversación varias veces y me callo el decirle que no quiero perderlo como amigo. Hablar con él siempre es lo mejor del día. Cierro los ojos y, por un segundo, vuelvo a tener diez años. Estoy sangrando y siento que nadie nunca va a salvarme, si no lo hago yo mismo.

Ese día me prometí conseguir una familia perfecta y ser un padre ejemplar.

Quiero tener lo que nunca tuve como niño.

Un hogar.