Broken Ice Capítulo 10
25%

Capítulo 10

Simon

Subo al avión. Me toca viajar con el equipo.

Hago algunos vídeos y, cómo no, grabo a Sayer.

Intenta no mirarme. Está sentado de forma despreocupada hablando con Aquiles.

Lleva el chándal del equipo y eso, sumado a su forma de estar, hace que salga muy sexi en cámara.

Por su mirada deduzco que es consciente del efecto que causa en la gente.

Dejo de grabar, agitado, y busco otras cosas que grabar, antes de que nos digan de sentarnos en nuestros asientos.

He estado hablando con Sayer casi cada noche, para hablar de películas, aunque siempre cuela una pregunta personal y yo otra.

Siempre me dice que está bien. Yo no le digo que hablar con él me descoloca porque eso hace que lo conozca y me guste algo más que para besarnos. Es una mierda.

Pero sé ser amigo de la gente, por lo que, si él quiere un amigo, lo tendrá.

Aunque yo lo mire y me derrita por dentro con su sonrisa ladeada y esos aires de chulo.

Me quito el cinturón cuando podemos hacerlo y busco mi tablet . Basile se sienta a mi lado.

—¿Qué película vas a ver?

—Dudo que te guste.

—Me vale cualquier cosa. —Le paso un casco.

—¿Qué tal con tu cita? —pregunto cuando suspira varias veces. Dudo que pueda ver la película a su lado. Ayer quedó con una chica y quiere hablar.

—Una mierda. Dice que no la entiendo. Que no me esfuerzo lo suficiente para hacerla feliz… ¿Qué más quiere que haga?

—Tal vez solo escucharla.

—Lo hago, pero luego quiere que me ponga en plan empotrador en la cama. —Lo miro divertido—. Hasta me leo los libros que devora para coger ideas. Y solo hemos quedado algunas veces.

—Bueno, creo que esto es más bien un «por mucho que lo intentes, no eres para ella».

—Eso le he dicho yo. —Aquiles se pone ante nosotros—. El otro día se compró ropa de corsario para darle una sorpresa, así en plan comedia romántica. —Basile se sonroja—. Y la tía le dijo, tras eso, que no hacía lo suficiente. Yo saldría por patas ahora que puede que estén empezando.

—Nadie merece que te rebajes tanto para tenerla contenta —admito y Aquiles asiente.

—Vosotros no lo entendéis porque no tenéis parejas. Voy a dar un paseo porque esta chica me gusta de verdad.

Se me hace raro ver a este grandullón triste.

—Esa chica lo va a joder. O la deja pronto o acabará con su personalidad.

—Cuesta dejar a quien quieres —dijo Aquiles.

—Si eso es amor, no lo quiero. Cuanto más lejos, mejor, y ahora dime qué peli vemos.

Le digo cuáles tengo y pone una. Alzo la mirada y sorprendo a Sayer mirándome, mientras habla con uno de los veteranos. Está bebiendo algo caliente y se lleva la taza a esos labios que me atormentan cuando estoy solo. Todo él lo hace. Dudo que un día pueda olvidar sus manos en mi cuerpo.

Aparto la mirada. No quiero sufrir. Es mejor olvidar a toda costa.

***

Entro en el vestuario para grabar cosas para la app.

A quien más grabo es a Kerr y a Sayer. Este último me mira cuando le apunto con la cámara.

El cabrón se quita la camiseta para cambiarse y puedo ver su perfecto cuerpo.

Sus tatuajes y cómo uno, de una serpiente, se oculta la mitad bajo sus bóxers negros, que se ven un poco.

Sonríe de medio lado cuando empieza a desabrochar el botón.

—No queremos que nos cierren la app por contenido erótico —digo bajando el móvil.

Nos deberían comprar otro tipo de cámaras, pero no quieren.

Así que con esto tiene que valer. Salgo para hacer más vídeos hasta que empiezan a cambiarse y espero fuera.

Reviso los vídeos, apoyado en la pared, y retoco algunos para subir a la app.

Pongo más de una vez el de Sayer. Estoy ardiendo.

Joder, él sabía lo que hacía. Quería provocarme.

¿Para qué? Para jugar, divertirse a mi costa y luego seguir con su vida, con una modelo preciosa que no le haga sentir incómodo.

Cuando salen para calentar, grabo algunas posturas.

Sobre todo, las que parece que están follando el hielo.

A la gente le gustan mucho esas. Sayer está en el suelo y no quiero mirarlo, pero lo hago.

Y de nuevo su mirada se encuentra con la mía y mis pensamientos no son nada inocentes.

Joder, ¿por qué me tiene que gustar tanto él?

Aparto la mirada y espero que empiece el juego.

Me siento con Mary, de prensa, que ha venido con nosotros.

Hablamos del partido, de cómo juegan. Ella toma notas para la entrevista de luego.

Yo la grabo para que la gente conozca a parte del equipo que hay tras los chicos.

Mary pone caras raras. Se lo enseño y dice que lo suba, que está gracioso.

Eso hago. Ganan y se nota la felicidad en el vestuario.

Al entrar, la mitad no lleva camiseta. Grabo un poco y de nuevo mi mirada va a Sayer.

Aparto la mirada cuando Basile me abraza.

—Esta noche salimos de fiesta. —Me da un beso en la mejilla en plan bruto y se marcha para seguir celebrando con el resto.

***

Basile me ha cogido por banda y estamos en la barra de la zona VIP los dos mientras me cuenta toda su historia de amor, una y otra vez. El camarero me mira divertido cada vez que nos sirve algo nuevo para beber.

Cuando Basile se marcha con Aquiles a bailar, el camarero me pone otra copa.

—Buen consejo lo de no dejar que nadie te cambie. A esta invito yo.

Lo miro. Es poco mayor que yo. Lleva una camisa blanca y es muy guapo, ¿para qué voy a negarlo?

Acepto la copa y doy un trago sin que deje de mirarme la boca.

Me gustan los hombres que no se andan con rodeos.

Sobre todo, cuando solo es sexo y no esperas nada.

El problema es que, al mirarlo, no percibo nada.

No siento esa adrenalina de seguirle el juego y disfrutar.

Dejo la copa y giro la cabeza hacia los jugadores.

Sayer nos está observando mientras habla con Kerr. Su mirada es afilada.

—¿Qué papel juegas tú en el equipo?

—Con la prensa. Ayudo con una app donde subimos cosas de los jugadores.

—Interesante, aunque la app ganaría más si subieras cosas tuyas. —Sonrío por su descaro.

—Me gusta más estar entre bastidores que ser el protagonista.

—No siempre se puede ser invisible.

Lo miro y sonríe. Tiene una boca jugosa, de esas que da gusto besar. Se da cuenta y se me acerca.

—Salgo en una hora, por si me quieres esperar.

—Nos falta bebida. —Sayer se pone a nuestro lado. Le pide bebidas y, cuando se marcha, me mira—. Ese tío tiene pinta de gilipollas.

—Solo se insinúa para follar. Como a ti esa rubia, que no para de acercarse a tu brazo para rozar sus tetas.

—¿Te has dado cuenta de eso? —Su mirada es divertida.

—Todos se han dado cuenta. —Sonríe y su boca sí es de las que mordería—. Déjame en paz, Sayer. Los dos sabemos que solo te molesta que otro te quite la atención.

El camarero llega con las bebidas y Sayer le dice dónde las debe dejar. Luego se marcha, pero no deja de mirarme de reojo en toda la noche. La mujer intenta llamar su atención y se sienta sobre él para bailar. Y Sayer… Este hace como que le encanta la atención. Total, a él le ponen las mujeres.

—Entonces, ¿nos vemos en un rato? —Miro al camarero—. Mi casa está cerca.

Debería decirle que sí. Debería… Ve mis dudas y me deja una tarjeta con su dirección. La cojo y la guardo en el bolsillo. Termino mi copa y, tras despedirme de Aquiles y Basile, que ya ni se le entiende al hablar, me marcho.