Broken Ice Capítulo 8
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Capítulo 8

Simon

Estoy al lado de Gin viendo cómo juegan un partido.

Sayer intercepta un pase y mete un tanto.

Así, como si fuera fácil, sin costarle nada.

Sus compañeros van hacia él. Me gusta verlo jugar.

Ver cómo se desliza por el hielo. Aparto la mirada y me centro en retocar los vídeos que grabé antes.

El problema es que hay muchos planos suyos.

De su sonrisa o de cómo se queda un momento quieto antes de coger sus cosas.

Siempre hace lo mismo. Me pregunto si lo sabe. A mí qué me importa.

Al acabar el partido, entro al vestuario.

Algunos me observan incómodos, por si les miro la polla.

Idiotas. No tengo otra cosa que hacer. Están celebrando con Sayer.

Este me contempla, solo con los pantalones puestos.

Doy a grabar para que no note cómo me tensa verlo así y reparar en sus tatuajes. Su cuerpo sí me tienta, me llama.

—¿Qué se siente al anotar uno de los mejores tantos de la noche?

—Ha sido increíble. —Sonríe y doy a parar—. ¿Te gusta lo que ves? —Alzo una ceja. No hay nadie a nuestro alrededor. Están en las duchas.

—No, la verdad.

Sonríe y luego se pone serio. De nuevo, recuerde que no puede coquetear conmigo. Me marcho hacia la zona de prensa. Gin ya está ahí con Mary y nos dice qué preguntas han aprobado para la prensa.

Sayer entra con Kerr y Basile. Grabo su entrada y luego me marcho.

Gin me dice de ir a cenar unos perritos y luego ir al pub donde va el equipo, por si grabamos algo de ellos, estando de fiesta.

Le digo que vale y buscamos un lugar de perritos que estén buenos, baratos y no nos maten.

Acabamos compartiendo uno que está asqueroso.

Se ríe por mis caras cada vez que le doy un bocado.

—De verdad, no tener dinero es una mierda. ¿Vamos a cambiarnos?

Le digo que vale y vamos a casa a cambiarnos.

Hay una fiesta o varias en el piso. Subimos por la escalera sorteando a la gente.

Estoy cansado de este piso. De esta vida universitaria.

Quiero otro tipo de casa. No quiero buscar nada aún, porque Gin se irá, o eso dice.

Luego tendré que mirar algo para mí solo o alquilar un cuarto.

No tardo en cambiarme. Unos pantalones negros y una camisa blanca arremangada.

Gin tarda un poco más y eso que casi siempre va de oscuro.

Al final se prueba varios y le digo que están bien todos.

No entiendo de moda y para mí siempre está preciosa.

Termina por elegir otro que ni se ha probado antes.

Este interés por verse bien sé que es por Kerr.

Tal vez ella no se ha dado cuenta, pero yo sí.

Lo sigue con la mirada sin darse cuenta.

Al llegar al pub , pedimos algo sin alcohol para los dos. Ella no quiere beber y yo, por respeto, tampoco.

Gin bebe, pero la música tira de su cuerpo.

Baila y yo miro a cada capullo que se le acerca.

Joder, odio la violencia, pero no soporto que nadie la toque, si ella no quiere.

Por eso, cuando un idiota trata de tocarle el culo, paso mi brazo por la cintura de mi amiga y ella usa mi cuerpo para bailar.

Su forma de bailar es muy sexi, aunque yo no siento nada.

No, cuando alzo la cabeza y mi mirada se cruza con la de Sayer, que nos observa desde arriba.

Está apoyado en la barandilla. Kerr se acerca y, al ver a Gin, la observa con deseo.

Gin alza la cabeza y luego nos hace ir a otra parte donde no los veamos.

—¿La idea no era grabarlos?

—Otro día. —Baila alejada de la gente.

Me apoyo en la pared y un hombre se me acerca.

—¿Tu novia?

—¿Eh? No. —Su mirada es penetrante. Gin alza las cejas y me dice que va al aseo.

Luego, me levanta los pulgares, cuando este hombre no ve nada, como diciendo: «Te doy mi permiso para que te líes con él».

—¿Cómo te llamas?

—Simon. —Me tiende una mano.

—George. —Se la estrecho—. No te gusta bailar. —Se apoya en la pared y mira hacia la zona VIP. Pensaba que no se veían a los jugadores, pero ahí están. Y Sayer entre ellos, al lado de una morena preciosa que le pasa las uñas por la camisa.

—No, no es mi estilo.

George se me acerca. Es directo. No se anda por las ramas y, joder, yo hace unos años me hubiera dejado llevar, pero ahora no me gusta. No me gusta esto de que te entren tan a saco.

—Voy a buscar a mi amiga.

Ando hasta los aseos y entro en el de hombres, que casi siempre tiene menos gente. La cola de las mujeres es enorme y Gin no está. Seguro que está en la barra o en la zona VIP con el equipo.

Me lavo la cara y pienso en salir y buscar a Gin. La puerta se abre y se cierra. No presto atención hasta que siento a alguien detrás de mí.

Alzo la mirada al espejo y veo a Sayer. Parece fuera de sí. Sus ojos verdes parecen más intensos que nunca. Está celoso, joder. Está muy celoso.

—¿Te pone ese idiota? —Sube su mano hasta mi cuello. Aprieta lo justo para que me excite.

—Tal vez —lo provoco para ver hasta dónde llega.

Su mirada es intensa y deja claro que no quiere sentir esto; que no le gusta dejarse llevar por esta atracción. Lo tiene claro, pero me empuja hasta un aseo libre, al fondo, y luego su boca busca la mía de forma desesperada. Odia este latir en su cuerpo por mí, pero aquí está.

Sayer me va a destrozar. Lo veo venir, pero lo beso con la misma ansia con la que lo hace él, incapaz de poner fin a este beso.

Su lengua se enreda con la mía. Ha estado bebiendo.

Saboreo el ron en su boca. Gime cuando tiro de su lengua.

Apoya mi espalda contra la pared. Mis manos recorren su cuerpo.

Me encanta tocarlo, sentir el calor de su piel traspasar la camisa.

Está muy bueno, y lo sabe. Me vuelve loco y me destroza porque sé que estoy cayendo en un círculo vicioso donde solo acabaré herido.

Todo esto me recuerda a mis ex, esos por los que me olvidaba de qué quería yo. A mi primer amor. Ese que me destrozó.

El problema es que, cuando Sayer clava sus ojos verdes en mí y me toca cerca del cinturón, me olvido de todo.

—¿Ibas a dejar que te tocara la polla?

—Tal vez algo más que eso. Me gusta que me la chupen. —Gruñe y me muerde la boca antes de lamerme el labio.

—Eres un provocador.

Su mano va hasta mi cinturón. Lo abre y, sin preliminares, desabrocha mi pantalón lo justo para meter la mano dentro.

Sujeta mi polla con fuerza. Apoyo mi frente en la suya.

Joder, es muy bueno, y sabe lo que hace.

No la sujeta a la espera de ver qué me gusta.

Es como si se dejara llevar por cada uno de mis gestos para subir o bajar la presión.

—Sayer…

—Esta noche no vas a ser de nadie. Te voy a dejar sin ganas.

Esta noche, es un cabrón, solo quiere jugar conmigo. Me desea, pero no me quiere.

—¿Te gusta? —Presiona con más fuerza.

—No pienso responder a eso. —Sonríe y me besa de nuevo mientras hace con mi cuerpo lo que quiere.

Su mano sube y baja. Estoy muy cachondo. Tengo la vista vidriosa. Sus besos, su cuerpo duro contra el mío. Su mano en mi polla subiendo y bajando con fuerza… Joder, esto es demasiado.

Baja la cabeza por mi cuello y me lame.

—No deberías oler tan bien… Ni besar así… No deberías tentarme tanto.

Y ese es el problema: Sayer no quiere esto, pero algo superior a él le ha hecho venir a buscarme. Para reclamarme, incapaz de dejar que me fuera con otro.

De nuevo, busca mi boca y sigue haciéndome una paja. Cuando estoy cerca, busca papel para que termine de correrme ahí, mientras mueve la mano. Me corro con su mano firme mientras su boca se bebe cada uno de mis gemidos.

Agotado, me echo hacia delante y entonces la realidad golpea a Sayer. Lo veo en sus ojos verdes.

—Lárgate, Sayer. Solo ha sido una puta paja. No le des más vueltas. Tu vida perfecta seguirá ahí cuando abras esa puerta.

Le doy la espalda, pero he visto cómo se pasa la mano por el pelo agitado. Abre y cierra la puerta. Me quedo solo, agitado y nervioso. No pasa nada. Sé cómo salir de esta. Sé lo que es solo el entretenimiento de un hombre que no quiere la responsabilidad de salir del armario.

Tomo aire y me cuesta salir de este lugar.

Cuando lo hago, tengo una máscara de indiferencia.

Gin está en la barra de la zona VIP. Me han dejado pasar sin problemas y, al verme, me abraza y me dice de ir a casa.

Miro a mi alrededor y veo a Kerr mirando a Gin; seguramente, la ha estado protegiendo al no verme.

No hay ni rastro de Sayer. Mejor. Y a ver si con suerte me deja en paz y yo dejo de recordar sus manos en mi polla y su boca devorando la mía.

Lo he hecho antes, no puede ser tan complicado.