Broken Ice Capítulo 6
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Capítulo 6

Simon

Escuché la conversación sin querer. Primero pensé que hiciera lo que le diera la gana, ya que yo también hablo con varios tíos de la app, pero luego me molestó y no me gustó sentir eso. Sayer no es para mí. Los hombres así solo me hacen daño.

Pero aquí estoy, queriendo saber más de él, a pesar de todo.

Soy idiota.

—No me gusta sentirme demasiado mayor con la gente.

—Es verdad, eres un viejete ante mí —lo pico, y hacerlo no debería ser divertido. Este tío puede coger mi corazón y destrozarlo, si lo dejo.

No es de los que se quedan. No es como yo, que lucharía a muerte por los míos. O tal vez sí lo es, pero solo con quien no le hace destacar.

—Te saco diez años.

—Madre mía. ¿Qué hago hablando contigo? —Se relaja un poco. Siempre anda tenso—. Seguro que lo pasáis bien. Basile y Aquiles son buena gente. Y no me miran raro por saber mis preferencias sexuales.

Se remueve inquieto y observa a su alrededor.

—Claro. —De golpe es consciente de que ahora todo el mundo sabe qué me gusta y estamos aquí solos, comiendo. Noto el cambio de actitud y cómo se cierra en banda, nervioso.

—Vale. Hora de irme. No vaya a ser que alguien te vea conmigo y sume dos más dos, y no se le pase por la cabeza que los gais también tenemos amigos. —Hago amago de levantarme, pero pone su mano sobre la mía.

—Lo siento. Solo estás trabajando.

—Y este lugar está sin nadie. —Acaricia mi mano hasta que se da cuenta y la aparta. No comento nada de eso. Es mejor hacernos los tontos sobre que la atracción no existe entre los dos.

—¿Tú qué métodos usas para ligar? —me dice directo. No sé si por curiosidad o para que me sienta más cómodo.

—Una app —le respondo y luego disfruto un poco de la comida mientras me mira a la espera de más—. Una app donde la gente entra para tener encuentros con otros hombres. Casi siempre para follar y luego pasan de ti.

—¿Y eso te gusta? —indaga y, de golpe, tiene una mirada muy seria. En plan protector.

—No, pero me toca joderme. Y, como tú, a mí también me gusta de vez en cuando liarme con alguien, pasarlo bien y luego olvidarme. ¿O la cita de esta tarde es para buscar la futura y perfecta madre de tus hijos?

Sé cómo es Sayer, lo que desea de la vida. Le gusta liarse con tíos, pero, por su miedo, no es lo que quiere para su futuro. Solo es un juego.

—No. Dudo que salga algo de esa cita. Los gustos de Basile y Aquiles son… ruidosos.

—¿Cómo es eso? —Sayer sonríe y eso hace que parezca por un momento relajado.

—Les gustan las mujeres muy gritonas. Las que llaman mucho la atención.

—¿Y a ti eso no te va?

—No, no me gusta llamar la atención.

—Y eres famoso y uno de los jugadores de hockey más sexis, por lo que lo tienes un poco complicado.

—Lo sé.

Mi móvil suena y es uno de los hombres con los que me escribo. Sayer mira la pantalla y lo ha leído. «¿Quedamos?», dice.

Desbloqueo y respondo que sí. ¿Por qué no? Mejor no esperar nada de nadie, por mucho que me encante estar aquí y mirar a Sayer; por mucho que nuestro beso no deje de repetirse en mi mente, una y otra vez.

Sé cómo va esto.

Sé cómo duele esto.

«Sal corriendo», me dice mi instinto y eso pienso hacer.

—Has quedado.

—Sí, como tú.

Nos miramos a los ojos. Luego saca su teléfono y me lo tiende.

—Dame tu número de móvil, por si necesitas que te rescate.

—¿En plan hermano mayor?

—Gin y tú no tenéis a nadie más en la ciudad. Siempre es bueno tener a alguien, por si lo necesitas.

—No necesito un hermano mayor. —Anoto mi móvil—. Pero si quieres un amigo, me escribes.

No dice nada y, al finalizar, nos traen postres caseros. Lo grabo para la app y me levanto al acabar. Dejo dinero en la mesa.

—Invito yo —me dice, dándome el dinero.

—No hace falta. Así puedes usarlo para invitar a las chicas ruidosas. —Sonríe. Joder, este tío va a irse a una cita y yo a otra. No debería perderme en su boca—. Adiós, Sayer.

—Ten cuidado.

—Vale, viejete —bromeo y no le gusta ni un pelo.

Salgo de este lugar y ando hasta mi casa. Sayer sale detrás de mí y se queda mirándome.

—Puedo llevarte a casa.

—No, por si nos ven juntos y te rayas la cabeza. El metro está cerca. —Duda, pero solo asiente.

Quiere insistir en llevarme. No lo hará, porque hacerlo es estar nerviosos por si alguien nos ve juntos. O nos hace una foto o algo. Saco los cascos de mi bolsillo y me pongo música. Dejo que la música me haga ver la ciudad de otra forma.

Cuando subo al metro, me doy cuenta de algo: al lado de Sayer he sido yo mismo. Sin que la timidez me marcara. Vaya mierda, encuentro un tío que me hace sentir cómodo y nunca será para mí.

No importa.

Toca seguir, aunque duela.

Da igual no ser la primera opción.

No importa…

No duele…

Eso me digo cada vez.

Y siempre miento.

Porque sí me importa.