Broken Ice Capítulo 5
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Capítulo 5

Sayer

Observo a Simon en las gradas, hablando con mi hermana.

Están haciendo vídeos y se nota que se llevan bien.

Mi hermana parece otra desde que han llegado a su vida Gin y Simon.

La han hecho sentirse algo más que una madre.

Le hacen bien, y a mí me gusta ver a mi hermana feliz.

Puede que al principio me jodiera su presencia porque le quitaron el puesto, pero, en cuanto lo supieron, exigieron que la contrataran.

Quisiera creer que el problema fue solo ese.

Cuando los vi, quise odiarlos únicamente por eso.

Mi hermana es lo primero para mí. Sobre todo, porque solo somos ella y yo.

Nuestros padres dieron de lado a Amanda cuando esta decidió seguir adelante con el embarazo.

No querían que ella se complicara la vida tan pronto y, como ella sí quería al bebé, cortaron todo contacto.

No han sido un ejemplo de padres, pero esperaba que a estas alturas ya hubieran recapacitado.

Sasha tiene tres años. No creo que lo hagan.

Son muy orgullosos y nos han educado para ser intachables.

Un modelo para seguir siempre. Y yo lo sé mejor que nadie.

Desde hace años no nos hablamos. Ni ganas tengo de retomar las conversaciones.

Cuando me marché a la universidad, les dije adiós, esperando que fuera para siempre, ansiando que con Amanda no fueran así. Me equivoqué.

Y mi hermana de golpe se quedó embarazada en la universidad y de un hombre que ni le pidió matrimonio. Un gilipollas, pero, por ella, me callo lo que pienso de mi futuro cuñado. Si es que un día lucha por su familia.

Así que, cuando supe que mi hermana se quedaba sin el trabajo, por la ahijada del jefe del equipo, los odié sin conocerlos.

Pero entonces los vi. Y observé a Simon.

Con esa sonrisa tímida y esos azules tan tiernos.

El pelo negro le caía sobre la frente y era jodidamente sexi.

Me atraen los hombres desde que empecé a tontear con el sexo.

Mi primer beso con un hombre fue con dieciocho años, en una fiesta en la universidad.

Escondidos de todos. Y me encantó. Me gustó más de lo que quería admitir, pero luego me lie con una tía y me atrajo más.

Aun así, ahí estaba esta atracción por hombres y mujeres.

Pero siempre más fuerte por mujeres. Si he intentado algo más serio, ha sido con mujeres porque me atraen más.

Es como si los hombres solo fueran mi oscuro secreto.

Hasta ahora. Hasta este instante, ningún hombre me había atraído para algo más que para perdernos y robarnos unos besos, o algo más erótico.

Y ahí estaba Simon, sonriendo, y yo admirando su cuerpo fibroso y ese aspecto de chico bueno y dulce.

Joder…, era más de lo que me había atraído nunca un hombre.

Eso me molestó y me cegué pensando que eran lo peor, por lo de mi hermana.

Pero sé que Simon me aterra por algo diferente.

He intentado no pensar en ello, hacerme el tonto, hacer como si nada. Pero, tras verlo en el cine a solas, me vi devastado por la atracción que siento por él cuando lo tengo cerca.

Me he liado con hombres de los que no me he acordado tras un beso, pero el beso que le di a Simon vuelve a mi mente una y otra vez.

Podría haber hecho con él lo que deseara, y ansiaba hacerlo. Dominarlo, llevarlo al límite… Quería todo con él. Si no se llegan a encender las luces, le habría metido mano ahí mismo. Cuando lo besé, no me paré a pensar en todo lo malo que pasaría si alguien nos pillaba.

Pero ahí estaba la verdad. La dijo él. Y no pude negarla. No quiero esta atracción. Tal vez para una noche, un rato, pero nada más.

No debería fijarme en su sonrisa ni en cómo mueve la nariz cuando se ríe. O en lo guapo que está con esa camiseta negra. No debería, pero lo hago, y eso me cabrea.

***

—He quedado con una tía y trae tres amigas. —Basile se sienta a mi lado mientras me cambio—. Aquiles se apunta, ¿te vienes?

—No me gustan las mujeres menores de treinta.

Y por regla general, tampoco los hombres. No me gusta sentirme demasiado mayor ante ellos. Pero aquí estoy, pensando en un hombre al que le saco diez años que está haciendo prácticas de su carrera.

—Por eso te lo decía. Tienen más de treinta.

—¿Y qué vais a hacer vosotros con unas mujeres así?

—Dejar que nos dominen. —Sonríe descarado—. Te apuntas, ¿no? —Le digo que vale y queda en pasarme la dirección.

Termino de cambiarme y, cuando salgo, Simon está apoyado en la pared mirando el móvil. Sonríe por algo que ha leído y se muerde el labio. Joder, en el cine lo vi hacerlo y al final no me pude resistir. Menos, tras verle saborear el caramelo de menta. La menta ahora siempre me recordará a su boca.

Empiezo a irme, pero me llama.

No me gusta el vuelco que da mi corazón, ni cómo, al mirarlo, algo se agita en mi pecho.

—Necesito grabar algo tuyo para la app. Gin se está centrando en Kerr… Bueno, y muchos preguntan por ti. —Sus ojos azules me observan firmes. Es tímido, pero tiene una fuerza que no he visto en mucha gente.

No tengo dudas de que por los suyos va a muerte.

—¿Qué quieres de mí? —Agranda la mirada y se sonroja más. Joder, no debí decir eso. Y lo peor es que me veo tentado de quedar con él, para hacerle perder los estribos por mí.

—¿Vas a ir a comer cerca? Por grabarte ahí. Tu hermana dice que a veces comes solo en un bar del barrio. Ella iba a ir, pero Sasha estaba inquieto. —Veo el cariño por mi sobrino en sus ojos.

Sasha no para de hablar de los animales de papel que le hace. Lo he visto con mi sobrino y se nota que Simon tiene mano para los niños.

—Vamos en mi coche. Tengo que hacer cosas. Te espero allí en diez minutos.

—Vale.

Ando hasta la zona médica porque tienen que darme unos resultados. Como yo esperaba, todo está bien. No tengo lesiones graves. Voy a salir cuando escucho el nombre de Simon.

—Sí, tío. Les ha dicho a los chicos que es gay. A ver, no lo esperaba, porque creía que era el novio de Ginette y no se le nota esa pluma… ¿Los gais no tienen todos pluma?

—¿Y los capullos no tienen cara de eso? No, yo creo que no —respondo molesto—. Dejad de hablar de quien no está delante.

—Vale, tío —me dice uno de ellos, que creo que está en prácticas.

Odio cuando la gente pone etiquetas. O dar por hecho que las cosas tienen que ser a o b. Camino hasta el coche, pensando en que ahora todos saben lo que yo sé. No tuve dudas cuando me miró en el cine como si quisiera comerme la boca. Pero ahora todos lo saben…

Ando hasta el aparcamiento y veo a Simon cerca del coche.

Simon escribe algo en el móvil. Miro de reojo y veo que está escribiendo a mi hermana y a Gin.

No debería aliviarme que no esté escribiendo a un tío.

Podría hacerlo si quisiera. Como prometió, no ha contado nada.

Ni me mira esperando nada. Es como si supiera que ese es su papel o como si el beso no fuera importante para él.

—Se ha corrido la voz de lo que has confesado en el vestuario —le digo y alza la cabeza.

—Bueno, no me importa. La gente siempre hablará de ti, si no es por una cosa, por otra. Solo espero que la gente me siga llamando Simon y no el gay ese…, como si por mis gustos sexuales dejara de ser menos persona que el resto.

—Ni caso.

—Ya. —Siento deseos de protegerlo, pero, a su vez, él es mucho más valiente que yo. Sonríe y siento que ha pasado por esto tantas veces que ya no le duele.

Yo, en cambio, guardo secretos que no quiero que nadie sepa en la vida.

Abro el coche y entra delante. Soy un poco más alto que él y más ancho de cuerpo, pero Simon es bastante alto y tiene un cuerpo marcado.

Lo justo para ser sexi sin pasarse. No me gustan los hombres muy marcados.

Por eso, no me atrae ni uno solo de mis compañeros.

A veces me da miedo que supieran que soy bisexual, por si me contemplan raro o piensan que les observo la polla.

Joder, no. Yo, cuando me ducho, me fijo en mí.

No me pongo a mirar culos y penes. Basile y Aquiles lo son, y sí los miraron algo raro al principio.

Luego, como cuando entra Mary o Ginette.

Aun así, no estoy preparado para una puta etiqueta.

No me gusta el cambio. He tenido muchos cambios en mi vida y siento que, cuanto más controle mi entorno, menos se descontrolará este.

—Pon la música que más te guste. El coche tiene Bluetooth , por si quieres poner tus listas de reproducción.

—Así está bien. —Mira hacia la ventanilla y juega con sus dedos, moviéndolos al son de la música.

Quiero saber cosas de él y me sorprendo pensando en una pregunta, en algo que decirle. No es algo que me pase mucho. Me cuesta hacer amigos y abrirme a la gente. Por eso, me han salido mal cada historia. No conseguía hablar con ellas. Abrirme. Crecí escondiendo cada una de mis emociones…

—¿Qué tienes pensado hacer cuando acabes las prácticas?

—Si me contratan, quedarme aquí. —Lo miro mientras cojo un cruce—. Gin se irá. No sabe qué hacer con su vida… Pero yo no puedo seguirla. Quiero echar raíces en un sitio. Y este me gusta. Además, está Amanda y no pienso dejarla sola. Si nos vamos los dos, lo pasaría mal.

—La acabas de conocer. No es tu responsabilidad, sino la mía.

—No seas capullo, Sayer. —Su forma de decirlo me pilla desprevenido—. Eres su hermano, pero ella necesita un amigo y eso es para mí. No la voy a dejar sola.

Su forma de luchar por mi hermana me gusta. Me gusta mucho.

—Haz lo que quieras. Es tu vida. —Parezco un idiota. Casi siempre me pasa cuando abro la boca.

—Lo haré. Gracias por darme tu visto bueno, no podía vivir sin él —bromea. No se ha enfadado y eso me pilla por sorpresa.

—Ahora el idiota eres tú.

—Por suerte para mí, no me importa.

Sonríe. Lo miro de reojo y su sonrisa me desarma. Aparto la cara y busco aparcamiento. Salgo y Simon hace lo mismo, mientras me graba yendo al pequeño restaurante.

—¿Desde cuándo vienes aquí?

—Entré en él por el olor. Desde la calle puedes oler a comida casera. Cuando era pequeño, me gustaba hacer los deberes en la cocina de casa… Pausa. —Simon corta la grabación—. No quiero hablar de mi infancia.

—La gente tiene redes, saben que pasabas tiempo en casa de la vecina mientras tus padres trabajaban.

—Mis padres no quieren que hablemos de nuestro pasado. Déjalo así. Ahora te diré otras cosas para la app. —Simon nota que es un tema complicado y no hace preguntas.

La dueña sale a darme un abrazo y le presento a Simon. Le digo que estamos trabajando para la app y si le importa que saque el lugar.

—Puede sacarlo, pero sin que se vea dónde estás. —Mira a Simon y este asiente—. No es que no quiera fama, pero este lugar lo llevo sola con mis dos empleados. Si la gente viniera en masa, no podría atenderlos como es debido. Así nos va bien y no puedo asumir de golpe más demanda.

—No te preocupes, lo haré de forma que nadie sepa dónde estamos.

Simon la tranquiliza con esa dulzura que tiene innata en él. La mujer le da un apretón en el brazo. Nos sentamos al fondo y Simon quita varios cuadros para que nadie los identifique.

—Eres tan perfecto que das asco —lo pico y sonríe.

—No lo soy, pero es que a mí no serlo no me importa. Y ahora déjame que haga mi trabajo. Quiero que la app sea un éxito.

Lo dejo trabajar y, cuando nos sirven la comida, le explico por qué me gusta tanto el plato. Los matices de la comida casera. Luego le cuento que, tras un día duro de entrenamiento, necesito algo así: algo hogareño.

Corta y nos ponemos a comer.

—Has quedado esta tarde con mujeres maduras. No sabía que te preocupara no ser un asaltacunas —me está picando y sé que voy a caer.

Lo peor es que me había olvidado de la cita. Estoy más concentrado en lo bien que estoy aquí con él. Aparto esos pensamientos de mi mente. Simon solo es un hombre sexi… y nada más.