Capítulo 3
Simon
El primer partido ha ido muy bien y los vídeos de la app están gustando. Sobre todo, los que salen Sayer y Kerr. El de Sayer con la cerveza ha gustado mucho, y en los comentarios dicen que es un asco. Otras, que lo han probado.
Ginette me dijo que Sayer le preguntó si era su novio. No es la primera persona que lo piensa. Hacemos buena pareja.
Ahora hemos llegado al nuevo hotel para el siguiente partido de pretemporada. Gin y yo dormimos juntos. Ella ha ido a grabar a Kerr mientras yo edito cosas del vuelo.
Edito un vídeo de Sayer. Lo miro más de lo que debería y, aunque su verde mirada era para los fans, cuando la hizo, sentí que no era solo para ellos. Soy idiota. La otra noche se lio con una mujer. La prensa se ha hecho eco de cómo se iba al hotel de Sayer, juntos.
Es hetero y yo debería poder dejar de mirarlo.
Sigo editando y trato de no mirar más de la cuenta cada una de sus apariciones.
***
Ginette no quería venir a tomar nada con los chicos porque Kerr le hace desear dejarse llevar. Tras años sin querer nada con nadie y cerrada en sí misma, la atracción que siente por Kerr es tan fuerte que a veces la abruma.
Entro a la cervecería y, en cuanto Kerr me ve, percibo la desilusión en sus ojos azul verdoso.
—Estaba cansada —le digo, aunque, por su mirada, sabe que no es verdad.
—Me da igual una que otra —miente.
Basile y Aquiles se nos acercan. Quieren jugar a los dardos, pero falta Sayer. En cuanto este aparece, lo siento. Sin girarme, noto cómo mi cuerpo se pone alerta y cómo soy muy consciente de que él anda cerca. Se pone a mi lado. Yo soy alto, pero él me gana por poco.
—Te estábamos esperando para jugar —le informa Kerr.
Saco un caramelo de menta y me lo meto en la boca. Les ofrezco y solo Sayer quiere. Nuestras manos se tocan cuando se lo doy y siento una descarga. Una mierda de descarga que no debería estar ahí. Debo ser masoquista para que alguien hetero me atraiga de esta forma.
Se aparta como si nada, sin saber el efecto que produce en mí.
Empiezan a jugar y Basile y Aquiles hacen el idiota.
Kerr se pasa la mano por el pelo cansado.
Sayer sonríe, pero su sonrisa no acaricia sus ojos.
Entonces, me ve. O a la cámara. No lo sé bien, pero lo grabo sabiendo que esa forma de contemplarme acelera mis latidos, sin que a estos les importe que solo mira así a sus fans. A los que luego lo verán.
—Vamos —dice Basile—, deja de grabar y juega conmigo, Aquiles es muy malo.
Aquiles se ríe y me da los dardos antes de irse tras una mujer que le pone ojitos en la barra. Los cojo, tras guardar el móvil, y me toca tirar.
Doy las tres en la diana. Basile me mira con la boca abierta y luego me abraza.
—¡Eres increíble! ¡Os vamos a machacar! —dice a Kerr y a Sayer.
Sayer ni se inmuta. Está apoyado en la pared y, cuando le toca tirar, hace una jugada perfecta.
Y así el resto. No ganamos por las malas tiradas de Basile y Kerr.
Basile me arrastra con él hacia Aquiles y unas mujeres.
Una de ellas se interesa por mí, pero no le sigo el juego mientras ellos se dejan llevar por la noche.
Al observar a la barra, veo a Sayer contemplándome. Aparta la cabeza y no sé si lo he imaginado todo. «Seguramente», pienso cuando una rubia preciosa le toca el brazo y él devora su boca.
***
Tras el partido, hemos decidido cenar algo rápido de una de las máquinas y arreglarnos para ir al pub .
Ginette está bailando, perdida en su mundo.
No es consciente de las miradas lascivas que despierta.
El problema no es ese escrutinio descarado, sino cuando alguien cree que se puede acercar, tocarla y me toca tomar medidas.
Kerr nos invita a la zona VIP. Me pregunto si Kerr es consciente de lo mucho que le atrae mi amiga. No ha dejado de observarla desde el reservado y, cuando ha visto que la situación se descontrolaba, ha mandado a alguien para que nos suba a la zona VIP.
Cuando la tengo que dejar ir sola, me remuevo inquieto.
Lo hago por ella, porque hace años que no hace esto y, si quiere irse a vivir lejos sin nadie de confianza cerca, tiene que perder el miedo antes.
No me ha contado por qué le altera esto; solo me pidió que confiara en ella.
Así que me quedo mirando la app de por dónde va, como un idiota.
Cuando veo que Kerr se va tras ella, me quedo más tranquilo, y más cuando ella me confirma que se van juntos.
—Yo digo que el capitán está loco por Ginette —me comenta Basile y Aquiles asiente.
—Pero mejor nos hacemos los tontos por si lo jodemos —añade Aquiles.
—Sí, mejor —le digo y miro la pista de baile.
Hablo con ellos hasta que se van a la barra a por otra copa. Al girar la cabeza hacia allí, veo a Sayer con una mujer. Esta le habla al oído y él tiene las manos puestas en su cintura. Por cómo sonríe, se nota que ella le gusta.
Entonces, se gira y sus ojos parecen centrados solo en mí. De nuevo no entiendo la intensidad de sus iris verdes. Aparta la mirada y besa a la morena. Ya he tenido suficiente. Me marcho.
Ando hasta el hotel y, cuando llego al cuarto, mi amiga me cuenta que el ascensor casi ha salido ardiendo por ellos dos. Está dando pasos de gigante, saliendo de su zona de confort. Me pregunto si es consciente de que se siente más viva que nunca.
Nos preparamos para irnos a la cama y, sin pretenderlo, recuerdo a Sayer. Su intensa mirada y su sonrisa ladeada. No es el primer hombre hetero que me atrae, pero es mejor que lo olvide cuanto antes.