Broken Ice Capítulo 2
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Capítulo 2

Sayer

Primer partido de pretemporada. Estoy en mi mejor momento.

Aunque algunos piensan que con treinta y cuatro años debería pensar en mi retirada, yo no lo veo así.

Al llegar al hotel, dejo mis cosas ordenadas.

Y los calcetines de la suerte. No siempre ganamos cuando los llevo puestos, pero me los compró mi hermana cuando iba a jugar mi primer partido en la universidad.

Le saco diez años y ella era pequeña. Cogió sus ahorros y me los hizo llegar en un sobre.

Decía: «No me llegaba para nada más, pero así estamos juntos».

Su letra era horrible, pero no cambió el gesto. Mis padres no le ayudaron a enviarme la carta. Fue su profesora. Mis padres seguro que no habrían entendido lo importante que era para ella que llegara a la universidad.

Me los puse y ganamos; y, aunque no ganemos siempre, me gusta llevarlos porque habla de ella. De lo mucho que nos queremos.

Solo por eso voy a dejar que Ginette y Simon me graben. Ahora que mi hermana está ayudando, debo hacerlo mejor para ella.

Me avisan los del equipo que van a ir a tomar algo cerca. Tras darme una ducha rápida, voy donde están.

Entro y mi mirada va hacia Ginette y Simon. A este último lo observo más de lo que debería. Más de lo que me gustaría. Por eso, giro la cabeza y me centro en cualquier cosa hasta que Ginette me llama, al lado de su novio. Al menos, eso es lo que pensamos todos, por cómo se tratan.

Y de nuevo me veo observando más de lo que debería a Simon. Hay algo en él, sus ojos azules o ese pelo negro que lo hacen sumamente sexi.

—¡Sayer!

—Sois una pesadilla —digo, pero cojo un taburete a su lado, por si necesita cosas para la app—. ¿Necesitas más material?

—No, solo te quería decir hola.

Asiento y miro a Simon, que observa el móvil.

Aparto la mirada cuando me centro en sus fuertes brazos o en cómo se le marca la tableta bajo esa camiseta.

No me gusta cuando esto me pasa. Cuando me siento atraído más por hombres que por mujeres, porque desear a hombres es peligroso, y más si es el novio de alguien.

—Estáis haciendo a mi hermana y a mi sobrino felices. —Simon clava sus ojos azules en mí, y abrumado aparto la mirada—. Quiere que le haga yo papiroflexia, pero se me da fatal.

—Si alguna vez quieres, puedo enseñarte.

Simon clava sus ojos azules en mí. No recuerdo la última vez que, al mirar a un hombre, me quedé sin aliento.

—Gracias, pero no. Así, eso te lo dejo a ti. —Simon asiente—. Vamos, hagamos algo para esa app. Os voy a enseñar cómo me gusta tomar la cerveza sin alcohol antes de un partido.

—Bien, pero antes quiero decirte que entiendo que nos trataras así. —Miro a Ginette fijamente—. Yo, si alguien le quitara el puesto a quien quiero por enchufe, me cabrearía mucho.

De verdad noto que lo siente de verdad, al igual que su novio. Amanda no deja de hablar de ellos. Hacía tiempo que no veía a mi hermana tan feliz.

—Era importante para Amanda este puesto. Vamos, hagamos algo para la app.

Pido una cerveza sin alcohol y luego limón y azúcar. Lo graba cuando me lo sirven, y pongo limón y azúcar. Es una asquerosidad, pero me gusta. Me río de sus caras de asco.

—Me gustan los contrastes, ¿qué os puedo decir?

—Que es asqueroso. Por favor, dejad en comentarios si opináis como yo.

Me hace un primer plano y guiño un ojo a la cámara. Estoy sonriendo y me esfuerzo para que nadie note mis taras. Espero que sea así. Es más fácil seguir adelante sin que nadie vea todas tus heridas.

—Vale, por hoy tengo muchas cosas.

—Me llevo tu teléfono para editarlo. —Simon se despide tras coger mi móvil y se marcha.

—¿Es tu novio? —pregunto, incapaz de callarme, o tal vez para que me diga a las claras que sí, y dejar de sentirme atraído por él.

—¿Simon? —Asiento—. No, es mi mejor amigo. Mi alma gemela de los amigos.

—Eso no lo he escuchado en mi vida.

—Ya, bueno, el amor es algo más que encontrar a tu media naranja. Tener amigos que darían todo por tu felicidad también es amor.

—Sí, eso sí.

Me quedo con ella, aunque mi cabeza está en otra parte. Concretamente, en un hombre al que le saco diez años, de intensos ojos azules y sonrisa fácil.

Cuando una mujer se me acerca, me dejo llevar.

Quiero dejar de preguntarme qué estará haciendo Simon, recordando su boca.

Ginette se despide y yo intento forzar una atracción que no siento.

Cuando me besa, no me aparto. Quiero que el fuego me haga olvidarme de tentaciones que solo me complican la vida.