Brody, millonario y protector (Hermanos McRae. Herederos millonarios nº 3) Epílogo
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Epílogo

Bella

El sonido alegre de la campana anunció el final de las clases. Sonreí mientras mis niños recogían sus cosas a toda prisa, llenando el aula de ese alboroto tan familiar que tanto adoraba.

—¡Hasta mañana, señorita Bella! —se despidió Lily con su sonrisa luminosa.

—¡Hasta mañana, chicos! No olvidéis los deberes —respondí con alegría mientras los veía salir, feliz de haber vuelto a la escuela, a mis niños y a la vida que tanto quería.

El móvil me vibró justo cuando terminaba de guardar los libros. Era un mensaje de Sue.

SUE

Te recuerdo que tenemos cena el viernes. Prometo vino ecológico y comida aún más ecológica. Te quiero.

Se me ensanchó la sonrisa mientras contestaba.

BELLA

No me lo perdería por nada. Llevaré postre, también ecológico, claro.

Guardé el teléfono en el bolso y caminé hacia la salida, saludando a los profesores con los que había vuelto a trabajar desde hacía ya unos meses. La verdad era que me sentía más feliz de lo que alguna vez habría imaginado posible.

Cuando crucé la puerta principal, el corazón me dio un pequeño vuelco al ver el coche de Brody aparcado justo delante. Estaba apoyado sobre el capó, con los brazos cruzados, mirándome con esa sonrisa suave que siempre conseguía hacerme latir el pecho más deprisa.

—¿Qué hace aquí, señor McRae? —pregunté, fingiendo sorpresa mientras me acercaba.

—He venido a buscar a una maestra preciosa para llevarla a su casa —respondió divertido, rodeándome la cintura con suavidad antes de besarme con ternura.

—Mmm... qué suerte tiene esa maestra —murmuré.

—La suerte la tengo yo, Bella —susurró, acariciándome la mejilla—. Muchísima.

Me sonrojé un poco y sonreí contra sus labios antes de separarnos para subir al coche.

—¿Qué tal el día? —preguntó Brody mientras arrancaba y conducía hacia mi casa.

—Muy bien —respondí, soltando un suspiro feliz—. Cada día siento que recupero un poquito más de mi vida.

—Me alegra oír eso —dijo con sinceridad, apretándome la mano.

—Por cierto —comenté, cambiando un poco de tema—, hoy he hablado con mi madre.

Brody me miró de reojo con cierta curiosidad.

Sabía que la relación con mis padres había quedado muy tocada después de todo lo ocurrido con Viktor, pero también que, poco a poco, estaba empezando a recomponerse.

Había conversaciones difíciles, sí, pero lentamente estábamos encontrando una forma de volver a acercarnos.

—¿Y qué tal?

—Mejor —dije con una pequeña sonrisa—. Poco a poco vamos avanzando. No creo que llegue a entender del todo por qué hicieron lo que hicieron, pero quiero pensar que algún día podremos llevarnos bien. Ella también parece quererlo.

Brody asintió despacio.

—Me alegro, Bella. Sé lo importante que es eso para ti.

—Sí, lo es. Igual que tenerte a ti. Y a Regaliz, por supuesto —añadí deprisa, haciendo que soltara una risa.

—Por cierto, hoy Regaliz ha destrozado otra de mis corbatas —me informó con una sonrisa resignada—. Empiezo a sospechar que jamás me va a aceptar del todo.

—No digas tonterías, está loco por ti —respondí riéndome—. Lo hace para llamar tu atención.

Brody me lanzó una mirada escéptica, aunque divertida.

—Bueno, puede ser. O quizá simplemente le has enseñado malas costumbres.

—A mí me llegó ya así.

Sonreí al recordar el día que Genny me permitió quedarmelo, porque, según ella, estaba deprimido desde nuestra separación.

Y pensar en eso me hizo recordar otra cosa.

—Sue dice que la boda de Ewan y Genny ha salido reseñada en varios medios.

—Sí. Ewan estaba insoportable. Le encanta fingir que odia todo lo mediático, pero no puede ocultar lo mucho que le gusta ver feliz a Genny. Y la verdad es que la boda quedó espectacular en Dunbrae. Por cierto, tú estabas impresionante como dama de honor.

Reí al recordar aquel día en el castillo, la boda de Ewan y Genny celebrada unas semanas atrás. Había sido precioso formar parte de algo así. Hasta Regaliz había llevado una pajarita para la ocasión.

—Fue una boda preciosa —admití, sonriendo al recordarlo.

—Sí, lo fue —dijo con suavidad, volviendo a cogerme la mano—. ¿Sabes una cosa, Bella? Cuando te vi allí, sonriendo así, pensé que algún día quizá podríamos ser nosotros los que estuviéramos delante de nuestra familia y de nuestros amigos.

Me giré despacio hacia él, sorprendida y emocionada a la vez.

—¿Me estás diciendo lo que creo que me estás diciendo?

Brody soltó una risa suave, un poco avergonzada.

—Lo que intento decir es que me encantaría pasar el resto de mi vida contigo, Bella. Pero no quiero asustarte ni presionarte, solo...

—No me asusta —lo interrumpí con suavidad, acariciándole los dedos—. Me encanta esa idea.

Brody detuvo el coche frente a mí apartamento y me miró con una sonrisa cálida, llena de promesas.

—¿En serio?

—Completamente en serio.

Su sonrisa se hizo aún más grande antes de inclinarse para besarme otra vez, despacio y a fondo.

Y mientras subíamos las escaleras hacia casa, con Brody sosteniéndome la mano y Regaliz esperándonos al otro lado de la puerta, supe que todo lo vivido había valido la pena.

Porque al final tenía exactamente lo que siempre había deseado.

Amor, libertad y felicidad.