Brody, millonario y protector (Hermanos McRae. Herederos millonarios nº 3) 27
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Brody

Viktor me observaba fijamente desde el otro lado del escritorio. Su postura era aparentemente relajada, pero sus ojos, fríos y oscuros, brillaban con una rabia contenida que podía sentir desde donde estaba sentado.

Respiré profundamente, intentando mantener la calma mientras sacaba lentamente el pequeño pen drive del bolsillo interior de mi chaqueta.

—¿Qué es eso? —preguntó Viktor con una mezcla de desdén y cautela, mirando el dispositivo con gesto desconfiado.

—Aquí tienes todo lo que necesito para asegurar que dejes en paz a Bella y a su familia —respondí tranquilamente—. Documentos, contratos sospechosos, transferencias comprometedoras. Lo suficiente para hundirte y acabar con todo lo que has construido.

La expresión de Viktor se endureció de golpe, sus ojos clavándose en mí con una intensidad feroz.

—¿Crees que puedes chantajearme con esto? —dijo con un tono peligroso, inclinándose lentamente hacia adelante—. ¿Sabes a quién estás amenazando?

Sostuve su mirada sin pestañear y coloqué con suavidad el pen drive sobre la mesa, empujándolo lentamente hacia él.

—Compruébalo tú mismo —le dije con calma—. Verás que no estoy exagerando.

Viktor lo tomó con un gesto brusco, introduciéndolo en su ordenador con movimientos nerviosos y rabiosos. Mientras abría los documentos, observé cómo su rostro se iba desencajando progresivamente, sus manos crispadas sobre el teclado mientras pasaba rápidamente de un archivo a otro.

—Maldito seas, McRae —gruñó entre dientes, sus ojos llameando con una furia incontrolable—. ¿Cómo demonios has conseguido esto?

Negué lentamente con la cabeza, dejando escapar un suspiro seco.

—Eso es irrelevante, Bellucci. Lo que importa ahora es que tengo muchas copias de esta información guardadas en distintos lugares.

Si me pasa algo a mí o a alguien de mi familia, o a Bella…

Todo esto irá directo a las manos de la policía.

—Hice una pequeña pausa, clavando mis ojos en los suyos—. Lo entiendes, ¿verdad?

Viktor se levantó violentamente, sacando el pen drive del ordenador y aplastándolo contra el escritorio con rabia, partiéndolo en varios pedazos. Sus puños estaban cerrados con tanta fuerza que los nudillos se le habían vuelto blancos.

—Puedes romper ese y todos los que quieras —le dije con tranquilidad—.

Tengo docenas más esperando. Y sí, lo entiendo: crees que nadie puede desafiarte, pero ahora mismo ya no tienes el control.

—Me incorporé lentamente, apoyando las manos sobre el escritorio para mirarlo de frente—.

Así que escucha mis condiciones, porque solo las diré una vez.

Viktor me miró fijamente, respirando con agitación, esperando en silencio.

—Primero: dejarás a Bella en paz. Ella es libre.

Olvídate de cualquier represalia contra ella o contra los McRae, o toda esta información saldrá a la luz.

—Mi voz era firme y clara, sin margen para discusiones—.

Segundo: Bella seguirá trabajando en su escuela y recuperará su vida, exactamente como ella decida hacerlo.

Y ni tú ni nadie de tu entorno se acercará jamás a ella.

Él entrecerró los ojos, una sonrisa cínica y amarga asomándose lentamente en sus labios.

—¿Algo más?

—Sí —respondí con seriedad—. La familia de Bella.

Sé perfectamente que fuiste tú quien los llevó a la ruina.

Entre estos documentos, encontré pruebas claras de que manipulaste las inversiones de su padre a propósito, forzándolos a una situación límite para que no tuvieran más opción que entregarte a su hija.

La expresión de Viktor se congeló durante un instante, su mirada pareció sorprendida por primera vez en toda la conversación.

—¿Qué pretendes, McRae?

—Restitución. Cancelarás todas las deudas que tienen contigo, y los dejarás rehacer sus vidas desde cero. No volverás a tener contacto con ellos, directa ni indirectamente.

Viktor respiró lentamente, evaluando mi expresión con una mezcla de incredulidad, rabia e impotencia.

—Sabes que nadie se atreve a hablarme así —dijo finalmente, aunque su voz ya no era tan segura como antes.

—Lo sé —respondí con seriedad, mirándolo directamente a los ojos—. Y sabes también que nunca me habría arriesgado a venir aquí sin asegurarme de tener todas las cartas a mi favor.

Su expresión era pura rabia contenida. Se levantó de golpe, temblando de ira.

—¿Y crees que voy a aceptar estas condiciones absurdas solo porque me amenazas con estas pruebas?

—No tienes otra opción —contesté con tranquilidad—. Ya no tienes el control, Viktor. Esta vez, pierdes tú.

Durante unos segundos eternos, el silencio se extendió denso entre nosotros, los ojos de Viktor clavados en mí como cuchillos. Finalmente, gruñó con irritación contenida, asintiendo lentamente.

—Está bien. —Su voz era casi irreconocible por la furia que ocultaba—. Pero esto no ha terminado, McRae.

—Oh, créeme, Viktor, sí ha terminado —respondí en voz baja, con total seguridad—. Ahora mismo mis abogados están preparando los documentos oficiales para sellar este acuerdo. Lo firmarás, y después no volverás a vernos jamás.

Sin esperar su respuesta, me giré hacia la puerta, abriéndola de golpe. Bella estaba al otro lado, esperándome con ansiedad contenida, los ojos le brillaban de miedo y esperanza al mismo tiempo.

La tomé de la mano con firmeza.

—Bella, vámonos.

Ella me miró con sorpresa, temblando suavemente entre mis dedos.

—¿Qué…? ¿Qué ha pasado ahí dentro, Brody?

—Eres libre. La información que conseguiste es suficiente para sacarnos de esta —le respondí, mirándola fijamente a los ojos, dejando que viera toda la determinación y certeza que sentía en ese momento—.

Viktor ya no podrá tocarte nunca más. Vamos a salir por esa puerta, y tú y yo empezaremos de cero. Ahora mismo.

Bella soltó el aire con un jadeo, las lágrimas se agolparon en sus ojos mientras asentía despacio, aún procesando mis palabras.

Salimos al exterior, dejando atrás la voz furiosa de Viktor.

La tarde estaba empezando a caer, tiñendo el cielo de suaves tonos dorados y rosas.

Ayudé a Bella a subir al coche, notando cómo temblaba.

En cuanto cerré la puerta tras nosotros, la observé.

Las lágrimas rodaban silenciosas por sus mejillas, y sentí que el corazón se me apretaba con fuerza.

Acerqué suavemente mi mano, secando con delicadeza esas lágrimas que ella trataba inútilmente de contener.

—Ya está, Bella. Todo se ha acabado —le susurré con dulzura—. Podrás hacer todas esas cosas que tanto deseabas. Podrás volver a tu escuela, abrazar a tus niños otra vez. Podrás ir corriendo a contárselo todo a Sue.

Bella respiró hondo, soltando un pequeño suspiro tembloroso. Su mirada buscó la mía, con ojos brillantes y llenos de una emoción profunda.

—Y también podré estar contigo —añadió con suavidad, mirándome fijamente con una pequeña sonrisa tímida asomándose en sus labios.

Sentí cómo una calidez intensa se extendía por mi pecho, sonriendo lentamente mientras la miraba a los ojos.

—Sí. También podrás estar conmigo —susurré, acariciando suavemente su mejilla con el pulgar—. Ahora podemos hacerlo bien, Bella. Ahora podemos enamorarnos como lo hacen las personas normales. Aunque, para ser sincero… creo que es demasiado tarde para mí. Porque yo ya estoy enamorado de ti.

Bella soltó una pequeña risa llena de emoción, negando ligeramente con la cabeza mientras sus ojos volvían a llenarse de lágrimas, esta vez diferentes, lágrimas dulces, felices.

—Vaya casualidad, Brody McRae —susurró suavemente, con una sonrisa radiante extendiéndose en sus labios—, porque resulta que yo también estoy completamente enamorada de ti.

Sonreí despacio, acercándome a ella con el corazón latiendo desbocado, y cuando nuestros labios se encontraron en un beso dulce, cálido y lleno de promesas, supe con certeza que nuestro verdadero comienzo acababa de empezar.

Y esta vez sería para siempre.

Estábamos a salvo.

Éramos libres.

Y nos amábamos.

¿Qué más podía pedir?