Brody, millonario y protector (Hermanos McRae. Herederos millonarios nº 3) 19
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Bella

Era noche cerrada cuando abrí los ojos despacio, todavía algo desorientada, con la cabeza apoyada sobre el hombro de Brody.

Durante unos segundos no tuve ni idea de dónde estaba.

Pero poco a poco volvió la conciencia.

El aeropuerto. El hombre de negro persiguiéndome por la terminal. Brody. La escapada en coche.

La tensión me atravesó otra vez y me incorporé con cautela, mirando alrededor.

Estábamos parados frente a una pequeña casa aislada.

A través del cristal tintado solo distinguía sombras borrosas, pero estaba claro que ya no seguíamos en Manhattan.

La ciudad había quedado atrás y, en su lugar, había un paisaje que parecía sacado de una postal.

La silueta oscura de unas montañas recortaba un cielo lleno de estrellas.

Parpadeé, confusa, y me froté un poco los ojos mientras intentaba ubicarme.

—¿Dónde estamos? —pregunté con la voz todavía adormilada, girándome hacia Brody.

Él me dedicó una sonrisa tranquila, aunque se lo veía tan cansado como yo.

—En un sitio seguro. Liam y Xander , su contacto, ya habían previsto esta posibilidad. Nos han conseguido esta casa, lejos de la ciudad, alquilada con un nombre falso. Nadie debería encontrarnos aquí.

Solté el aire, aliviada, y volví a mirar por la ventanilla, fijándome en el entorno.

Parecía una zona tranquila, silenciosa, lejos de miradas indiscretas.

Un sitio perfecto para esconderse unos días.

Brody salió primero, revisó la zona con rapidez y luego me abrió la puerta.

Una brisa fría me golpeó la cara y me despejó del todo.

Inspiré ese aire limpio con gratitud.

Nos acercamos despacio hasta la entrada de la casa. Brody rebuscó unos segundos cerca del marco superior y sacó una llave pequeña escondida detrás de la madera vieja.

—Esto es muy de película, ¿no crees?

—Sí. Parece que sin pretenderlo nos hemos metido en una peli de espías.

La puerta crujió al abrirse y dejó ver el interior de la vivienda.

Todo estaba en penumbra, pero se intuía una calidez sencilla y acogedora. Muebles de madera rústica. Una chimenea pequeña en el centro del salón. Alfombras gastadas que daban al ambiente un aire hogareño.

Era el tipo de casa perfecta para esconderse del mundo y recuperar el aliento.

Encendimos algunas luces suaves y, por primera vez en horas, sentí que podía respirar un poco mejor.

Estábamos lejos de Viktor y de sus hombres.

Lejos del peligro.

Al menos de momento.

Brody me observó un instante en silencio antes de hablar.

—¿Tienes hambre?

Negué con suavidad.

Seguía teniendo el estómago cerrado por toda la tensión acumulada.

—No, gracias. No creo que pueda comer ahora mismo.

Asintió y fue hacia la pequeña cocina. Lo oí abrir armarios, revisando lo que había.

—Hay comida preparada y todo lo que necesitamos para aguantar aquí unos días —comentó con calma—. Liam y Xander lo tenían bastante bien pensado.

Sonreí un poco.

Brody llenó una tetera y la puso al fuego.

—Te prepararé una infusión. Nos vendrá bien a los dos.

Asentí en silencio y fui a sentarme en el sofá mientras él seguía moviéndose por la cocina.

Unos minutos después regresó con dos tazas calientes. Me entregó una y se sentó a mi lado.

Sostuve la taza entre las manos, dejando que el calor me empapara los dedos.

Brody se reclinó ligeramente contra el respaldo y soltó un suspiro cargado de cansancio.

—¿Y ahora qué va a pasar, Brody? —pregunté al fin, rompiendo el silencio espeso que había crecido entre nosotros—. Estamos a salvo aquí, pero no podemos quedarnos eternamente.

Respiró hondo y se pasó una mano por el pelo oscuro, en uno de esos gestos de inquietud que ya empezaba a reconocerle.

—No lo sé, Bella. De momento tenemos que quedarnos aquí unos días, eso seguro. Ahora que Viktor sabe quién soy y que estoy implicado, todo se complica todavía más —dijo con expresión grave.

Fruncí el ceño, preocupada de repente por la magnitud del lío en el que se había metido por mi culpa.

—Entonces, ¿cómo salimos de esto?

Brody soltó otro suspiro antes de responder.

—La verdad es que llevo un rato dándole vueltas a algo —admitió, mirando la taza entre sus manos—. Los documentos que guardas en tu móvil, toda esa información sobre Viktor... ¿hasta qué punto podrían hundir su negocio?

La pregunta me pilló un poco por sorpresa.

Parpadeé y pensé en las fotos que había tomado aquella tarde en su despacho, con las manos temblando de miedo y prisa.

—Bastante —admití al final—. Había contratos raros, transferencias sospechosas, nombres conocidos vinculados a cosas ilegales... Con eso la policía podría detenerlo sin demasiados problemas. Podría hacer pedazos todo su imperio.

Brody alzó la mirada y la clavó en mí con intensidad, como si intentara leer cada matiz de lo que acababa de decir.

—¿Te importaría que Xander sacara esa información del móvil y la analizara sin que puedan rastrearlo?

Parpadeé.

Dudé apenas un segundo antes de asentir.

—No, claro que no. Pero ¿cómo vamos a hacerle llegar el móvil desde aquí?

Él me apretó la mano con una sonrisa tranquilizadora.

—Eso también está previsto. Mañana por la mañana vendrá alguien de confianza para traernos un móvil limpio, imposible de rastrear. He dejado el mío dentro de una bolsa faraday también. Podemos darle tu móvil a esa persona para que se lo haga llegar a Xander.

Tragué saliva, todavía inquieta por la facilidad con la que Brody parecía ir cerrando cada cabo suelto.

Aun así, su seguridad me reconfortó.

—Y cuando tengamos todo eso, ¿qué haremos exactamente? —pregunté bajando un poco la voz—. ¿Se lo enviaremos a la policía?

Brody suspiró despacio.

—Todavía no lo sé. Primero tenemos que ver con exactitud qué tenemos entre manos. Pero me da la sensación de que en esos documentos está la clave para sacarnos de esta situación. Creo de verdad que nuestra salvación está ahí dentro.

Asentí despacio, dejando que sus palabras se me asentaran dentro.

Tenía razón.

Por primera vez en días sentí algo parecido a la esperanza.

Frágil. Pequeña. Pero real.

Porque quizá, solo quizá, todo podía terminar bien.