15
Bella
No podía dormir.
Daba tantas vueltas en la cama que, finalmente, Regaliz se había hartado y, tras un pequeño bufido indignado, había saltado al suelo en busca de un rincón más pacífico donde descansar.
Genial. Hasta mi gato improvisado huía de mí en la noche más larga de mi vida.
Suspiré profundamente y me senté sobre el colchón, abrazando mis rodillas contra el pecho. Mi mente era un torbellino incesante de pensamientos que no podía controlar. Preocupaciones, dudas, inseguridades… y Brody.
Especialmente Brody.
Esperaba que estuviera bien después de lo ocurrido con su hermano. No podía quitarme de la cabeza la tensión en su rostro cuando nos habíamos despedido en la puerta del apartamento. Había pasado horas desde entonces, pero aún sentía una incómoda opresión en el pecho al recordarlo.
Y al mismo tiempo, tampoco podía sacarme otra cosa de la cabeza.
Brody había preparado aquella pequeña despedida para mí en la terraza. Velas, champán, la ciudad a nuestros pies. Me había escrito aquella carta divertida, tan suya, tan llena de sarcasmo y sinceridad a la vez, que había acelerado mis latidos al leerla.
Y después, justo antes de que la puerta se abriera bruscamente, habíamos estado a punto de besarnos. Un beso que había quedado suspendido en el aire, flotando como una promesa inconclusa entre nosotros.
Me tumbé de nuevo, mirando al techo con frustración, los dedos apretando el borde de las sábanas.
Dentro de unas horas, mi vida cambiaría para siempre. Nueva identidad, nuevo país, nueva existencia. Sin embargo, en ese preciso momento, lo único que podía pensar era en Brody McRae y en el beso que nunca había llegado a ocurrir.
Mañana dejaría atrás todo lo que conocía, me despediría definitivamente de Nueva York y de las sombras que Viktor había arrojado sobre mi vida.
Lo que me llevaría conmigo sería escaso: algunas prendas cómodas, el móvil seguro con las pruebas contra Viktor y la carta de Brody.
Pero, sobre todo, me llevaría los recuerdos de esos días extraños en el castillo, de aquel hombre que apareció inesperadamente para ofrecerme protección y esperanza.
Sentía en la piel la necesidad urgente de besar a Brody.
De borrar definitivamente con un nuevo recuerdo los besos fríos, calculados y posesivos de Viktor.
Él había accedido a esperar hasta después de la boda antes de que tuviéramos sexo, un detalle que, según él, mostraba su consideración, pero no había renunciado a besarme.
Sus besos siempre fueron algo desagradable, una forma de reclamar lo que consideraba suyo, sin amor ni calor. Solo propiedad.
Necesitaba borrar eso. Reemplazar aquellos recuerdos amargos con uno bueno, dulce, auténtico. Necesitaba besar a Brody y convertir ese beso frustrado en realidad.
Necesitaba dejar Nueva York con algo real. Algo mío.
Antes de darme cuenta de lo que hacía, ya estaba levantándome de la cama. Me puse los pantalones cómodos y suaves que él mismo me había comprado, junto con una camiseta.
Abrí la puerta con cuidado y recorrí el pasillo vacío hasta llegar al apartamento de Brody. Dudé apenas unos segundos antes de llamar, con el corazón latiéndome en las sienes.
Él abrió la puerta enseguida, despeinado y sorprendido, con unos pantalones de pijama y una camiseta sencilla que se le ajustaba perfectamente al pecho. Incluso así, con ropa cómoda y mirada confundida, estaba tan guapo que sentí un calor intenso recorrerme el cuerpo.
—Bella —pronunció mi nombre despacio, frunciendo ligeramente el ceño, preocupado—. ¿Ha pasado algo?
Negué rápidamente con la cabeza, intentando mantener la calma.
—No, nada malo. Yo solo… Necesitaba verte. —Tragué saliva, nerviosa—. Me he dado cuenta de que tú me escribiste una carta de despedida, pero yo no llegué a despedirme de ti.
Brody entrecerró ligeramente los ojos, como si intentara entender lo que estaba ocurriendo.
—Nos veremos mañana por la mañana. No tienes que preocuparte por nada, de verdad…
Di un pequeño paso hacia él, reduciendo aún más la distancia entre nuestros cuerpos. Mi corazón latía con fuerza contra mis costillas.
—No puedo esperar hasta mañana, Brody —susurré con sinceridad absoluta—. No con esto.
Él se quedó en silencio, observándome intensamente, sus ojos oscuros y profundos se clavaron en los míos.
Sentí cómo se me aceleraba la respiración cuando di otro paso adelante, cerrando la distancia que aún quedaba.
Me puse lentamente de puntillas, acercando mi rostro al suyo, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera aquel beso pendiente.
Brody no se movió ni se apartó. Simplemente se quedó ahí, quieto, mirándome con una mezcla de sorpresa y deseo contenido, mientras mis labios se aproximaban lentamente a los suyos.
Hasta que, por fin, lo besé.