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Brody
Entré en mi apartamento, cerré los ojos y me froté la cara con ambas manos.
Vaya día de mierda.
Y apenas había empezado.
Fui al dormitorio y me cambié por algo más cómodo, un pantalón de chándal gris y una camiseta blanca vieja. Me pasé una mano por el pelo, incómodo, y la imagen de Bella volvió a mi cabeza sin pedir permiso.
La expresión de su cara cuando entendió que tendría que irse del país.
La forma en que intentó mantenerse entera aunque se le estuviera rompiendo la vida delante de mis ojos.
Joder.
Me sentía como un cabrón.
Pero ¿qué otra opción teníamos? Necesitaba mantenernos a todos a salvo. A ella también.
Lo de que fuera maestra no me lo había visto venir.
De todo lo que esperaba descubrir sobre Isabella Rinaldi, eso no estaba ni en el top cien. Y, sin embargo, cuanto más lo pensaba, más sentido tenía. Había algo en ella que encajaba con esa idea. Algo suave. Algo genuino.
Y no sé por qué, recordé ese momento extraño entre nosotros.
Ese silencio raro. Denso. Esa manera en que nuestras miradas se habían quedado enganchadas un segundo de más. Como si, por un instante, la hubiera visto de verdad.
El rostro en forma de corazón. Los ojos oscuros, enormes, llenos a la vez de miedo y de carácter. La boca mullida, tentadora. El cuello delicado. La línea limpia de sus clavículas asomando bajo la camiseta blanca.
Joder.
Bufé y negué para mí mismo.
¿En qué coño estaba pensando?
No podía permitirme eso. Ni de lejos.
Bella no era solo una mujer atractiva atrapada en una situación imposible. Era una complicación con piernas. Una bomba a punto de estallarme en la cara si no encontraba pronto la manera de sacarla de allí.
Era domingo y mi plan había sido sencillo. Tirarme en el sofá, ponerme al día con alguna serie, echar una partida a algo y fingir durante unas horas que mi vida seguía siendo normal.
Duró poco.
Encendí la consola, me senté frente al televisor y a los tres minutos ya sabía que no iba a conseguir concentrarme una mierda. Tenía la cabeza atrapada en Bella. En su voz. En su cara. En esa mezcla imposible de vulnerabilidad y fuerza que me estaba descolocando más de la cuenta.
Al final dejé el mando sobre la mesa con frustración y cogí el portátil.
Lo abrí sabiendo que no debía hacerlo.
Aun así, tecleé su nombre.
Isabella Rinaldi. Manhattan.
Los resultados aparecieron enseguida. Varias referencias. Algunas fotos. Y una página web de la escuela donde trabajaba. Un colegio privado en Tribeca, con grandes ventanales, jardín interior y aspecto de costar una fortuna.
Entré.
Y entonces la vi.
Bella estaba agachada en medio de un grupo de niños de siete u ocho años, sonriendo de una forma que yo no le había visto nunca. Una sonrisa abierta, luminosa, completamente real. Tenía el pelo oscuro cayéndole sobre los hombros y abrazaba a una niña rubia que enseñaba orgullosa un dibujo.
Me quedé quieto mirando la pantalla.
Había algo en esa foto que me dio un golpe raro en el pecho.
Porque esa mujer no se parecía en nada a la imagen superficial y caprichosa que yo me había hecho de ella al principio.
Ahí parecía feliz.
Libre.
De verdad.
Y yo estaba intentando arrancarla de todo eso para mandarla al otro lado del mundo con un nombre falso.
Cerré la pestaña de golpe y me pasé una mano por la cara.
Tenía que dejar de pensar así.
Tenía que centrarme en resolver el problema. Sacarla de allí. Mantenerla a salvo. Punto.
No mirar su foto como un idiota y preguntarme cómo sería verla sonreír así.
Justo cuando iba a cerrar el portátil, el móvil vibró sobre la mesa.
Era Liam.
LIAM
Mi contacto vuelve al país en unos días. Hasta entonces, toca esperar.
Eché la cabeza hacia atrás contra el respaldo del sofá y solté el aire lentamente.
Más tiempo.
No sabía si aquello era una buena noticia o justo lo contrario.
Porque, en esa situación, el tiempo era peligroso.
No solo por Viktor... sino también por la propia Bella.
Algo me decía que tenerla cerca podía traer problemas.
Había algo en ella que me afectaba demasiado. Que me sacaba de sitio. Que me hacía olvidarme de que se suponía que yo estaba ayudándola, no fijándome en sus ojos, en su boca o en la forma en que su piel parecía suave incluso a distancia.
Sí, seguir cerca de Bella podía acabar siendo mi perdición.
Volví a pensar en la expresión de su cara cuando le dije que tendría que irse lejos. En el modo en que había pronunciado el nombre de su amiga Sue. En la desesperación que se le coló en la voz al hablar de todo lo que dejaría atrás.
Y pensé que quizá no tenía por qué ser tan brutal.
Quizá podía hacer algo más por ella.
Cogí el móvil y abrí nuestro chat privado antes de arrepentirme.
brODY
Estaba pensando que, si quieres, puedes escribirle una carta a tu amiga Sue. Yo podría hacérsela llegar.
Su respuesta llegó casi al instante.
BELLA
¿En serio? ¿Harías eso por mí?
Noté una pequeña punzada en el pecho al leerlo y contesté enseguida.
brODY
Claro. Es lo mínimo después de todo lo que está pasando.
Observé la pantalla en silencio. Sabía que acababa de saltarme varias reglas autoimpuestas. Sabía que lo inteligente era mantener distancia.
También sabía que no me arrepentía ni un poco.
BELLA
¿Sabes dónde podría conseguir papel y bolígrafo en este lugar?
Sonreí, imaginando su expresión al otro lado.
brODY
Debería haber en el cajón del escritorio del salón. Solemos dejar material allí para los invitados.
Vi aparecer el indicador de que estaba escribiendo.
BELLA
¡Lo tengo! Gracias :) Vaya, esto es papel bueno. Muy elegante.
brODY
Me alegra que aprecies los pequeños detalles. McRae es sinónimo de calidad.
BELLA
¿Esto entra dentro del paquete completo de rescate de novias fugitivas? ¿Ropa ecológica, desayuno orgánico y papel elegante?
La sonrisa se me ensanchó sin querer.
brODY
Por supuesto. Lo siguiente es ofrecerte un masaje y un cóctel tropical.
BELLA
Pues en ese caso puede que me esconda aquí durante meses.
Me quedé mirando la pantalla un segundo antes de contestar.
brODY
Cuidado con lo que deseas. Podrías descubrir que no soy tan bueno preparando cócteles.
BELLA
Bueno, nadie es perfecto, McRae. Creo que podré perdonarte esa pequeña tara.
Solté una carcajada y negué con la cabeza.
brODY
Me alivia saber que mi reputación no quedará demasiado dañada.
BELLA
Tranquilo. Tu secreto está a salvo conmigo. No pienso ir por ahí contando tus limitadas habilidades cocteleras.
La risa se me escapó otra vez.
brODY
Gracias. Justo lo que necesitaba: una confidente leal.
El chat se quedó quieto unos segundos.
BELLA
En serio, Brody, gracias por todo. No sé qué habría hecho sin ti.
Me quedé mirando la pantalla, notando algo raro y suave en el pecho.
Antes de darle demasiadas vueltas, respondí con la verdad.
brODY
No tienes que darme las gracias. Lo importante es que estás a salvo. Eso es lo único que importa ahora.
Tardó un poco en contestar.
Y cuando lo hizo, apareció primero un pequeño corazón rojo.
Después, otro mensaje.
BELLA
Que tengas un buen día, McRae.
Me quedé mirando ese corazón rojo unos segundos más de lo normal.
Luego guardé el móvil y negué para mí mismo, aunque la sonrisa no se me borró.
Era absurdo.
Que una simple conversación me aligerara el día de aquella manera era absurdo.
Y, aun así, ahí estaba.
Sonriendo como un imbécil por culpa de Bella.