Brody, millonario y protector (Hermanos McRae. Herederos millonarios nº 3) 6
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Brody

Solté el aire mientras recorría el pasillo hacia mi apartamento.

Llevaba el móvil de Bella dentro de la bolsa Faraday que había comprado a última hora en una de esas tiendas del centro que parecen pensadas para paranoicos con dinero.

Si me hubieran dicho hacía una semana que acabaría comprando algo así para esconder el teléfono de la prometida de Viktor Bellucci, me habría reído en su cara.

Ahora no me hacía ninguna gracia.

Me guardé la bolsa dentro de la chaqueta y comprobé otra vez que estuviera bien cerrada.

Al levantar la vista para abrir la puerta, me encontré a Connor plantado delante, con los brazos cruzados y cara de querer matarme.

Perfecto.

—Hola, Connor —dije, fingiendo una calma que no sentía—. ¿Pasa algo?

Connor soltó una risa seca.

—¿Que si pasa algo? Lo sé todo. Liza me lo ha contado. Y ahora mismo estoy decidiendo si partirte la cara o llamar a un psiquiatra, porque está claro que has perdido la puta cabeza, Brody.

Contuve un suspiro y señalé la puerta, ya abierta.

—¿Quieres entrar para seguir gritándome o prefieres que se entere también medio castillo?

Apretó la mandíbula y pasó a mi lado sin responder. Cerré detrás de nosotros, sabiendo perfectamente lo que venía.

No tardó ni un segundo en girarse hacia mí.

—¿Se puede saber en qué coño estabas pensando? —soltó, furioso—. ¿La novia de Viktor Bellucci? ¿De verdad? ¿No tienes ya suficiente mierda en tu vida?

—Connor, no es tan simple.

—¿Ah, no? —me cortó—. Liza me ha dicho que la ayudaste a escapar. ¿Sabes el puto riesgo que has corrido? ¿Y el que le has hecho correr a ella por meterla en esto?

—Liza apenas hizo nada —respondí rápido, levantando una mano—. Solo me consiguió el uniforme.

Connor resopló, incrédulo.

—Claro. Solo eso. Y ahora explícame cómo cojones has conseguido sacar del castillo a la prometida de Bellucci con todos sus hombres vigilando las salidas. Porque he visto menos seguridad en una cumbre internacional.

Me crucé de brazos y eché el aire despacio.

Ahí estaba el problema.

—No la saqué del castillo —admití al final.

Connor parpadeó.

—¿Cómo?

—Lo que oyes. Sigue en el castillo.

Se quedó mirándome un segundo, como si estuviera decidiendo si le había hablado en otro idioma o si de verdad era tan imbécil como acababa de demostrar.

Y justo entonces sonó el timbre.

Los dos giramos la cabeza hacia la puerta.

—Fantástico —masculló Connor—. A ver quién coño viene ahora a empeorar esto.

Fui a abrir.

Era Liam, con esa sonrisa relajada de siempre, como si no tuviera ni idea de que mi vida acababa de entrar en combustión.

—Menudo día, ¿eh? —soltó nada más verme—. Vaya espectáculo lo de la novia fugitiva. ¿Habéis visto la cara de Viktor Bellucci? Parecía a punto de arrancarle la cabeza a alguien.

Entró en el apartamento como Pedro por su casa, ajeno a la tensión.

—No os vais a creer la que se ha liado —siguió, sacando el móvil—. Somos trending topic en Twitter. El castillo Dunbrae está en boca de todos. Como campaña de marketing, lo de la novia a la fuga ha sido una maravilla.

Pero la alegría le duró poco.

Le bastó con mirarnos bien a Connor y a mí para que la sonrisa se le borrara de la cara.

Liam se quedó quieto en mitad del salón, mirándonos a los dos con esos ojos claros a los que no se les escapaba una.

—Uh... —murmuró, más despacio—. ¿Interrumpo algo?

Connor soltó aire por la nariz y se giró hacia él sin darme margen para frenarlo.

—No interrumpes nada —dijo con un sarcasmo cortante—. Solo intento entender en qué puto momento a nuestro querido hermano Brody le pareció una gran idea esconder a la prometida fugitiva de Viktor Bellucci dentro del maldito castillo.

La sonrisa de Liam desapareció del todo.

Se quedó inmóvil, con la boca entreabierta, parpadeando como si necesitara unos segundos para procesarlo.

—Espera... —dijo al fin, levantando una mano—. Decidme que esto es una broma de mierda.

Connor negó despacio.

—Ojalá.

Liam se pasó una mano por el pelo, despeinándoselo aún más.

—Joder, Brody —soltó, mirándome como si acabara de descubrir que en realidad no me conocía de nada—. Dime que no es verdad. Eso, o es que tienes muchas ganas de despertarte mañana con una cabeza de caballo en tu cama.

Resoplé y me crucé de brazos.

—Has visto demasiadas películas de mafiosos.

Connor ni se inmutó.

—Todo lo que tú quieras, Brody, pero cuando Viktor Bellucci descubra que tienes algo que ver con la desaparición de su novia, no se va a limitar a una maldita cabeza de caballo. Hará que tu cadáver flote en el Hudson.

El silencio que cayó después lo dijo todo.

Porque los tres sabíamos que no estaba exagerando tanto.

Estaba jodido.

—¿Dónde está ahora? —preguntó Liam al cabo de unos segundos, ya sin rastro de humor.

Dudé un instante, aunque a esas alturas ocultarlo era absurdo.

—En uno de los apartamentos de invitados.

Liam cerró los ojos un segundo y se frotó las sienes.

—Perfecto. Perfecto, Brody. Todo fenomenal.

—¿Lo sabe alguien más? —preguntó luego.

Miré un segundo a Connor antes de responder.

—Liza.

Liam me clavó la mirada.

—Claro.

—Necesitaba que me consiguiera un uniforme para sacarla de allí.

Apretó los labios, molesto, pero no dijo nada sobre Liza.

—¿Y Ewan?

Negué rápido.

—No sabe nada.

—Y más le vale seguir así —intervino Connor—. Bastante tiene ya encima con la boda.

Ninguno dijo nada durante un momento.

Todos sabíamos que era verdad. Ewan llevaba semanas hasta el cuello con los preparativos. Él y Genny, su prometida, se casaban en pocos meses.

Lo último que necesitaba era enterarse de que uno de sus hermanos había decidido esconder a la novia fugada de un Bellucci en propiedad familiar.

Fue Liam quien rompió el silencio.

—Vale. Lo primero está claro. Hay que sacarla del castillo cuanto antes.

—¿Y luego qué? —corté—. ¿La dejamos tirada en mitad de Manhattan y cruzamos los dedos? Los hombres de Viktor la encontrarían en cuanto pusiera un pie en la calle.

Connor soltó un gruñido.

—Ese ya no es nuestro problema, Brody.

Lo miré de frente.

—Sí lo es. O debería serlo para cualquiera que tenga un mínimo de conciencia. Querían casarla a la fuerza con Viktor Bellucci, joder. ¿Sois conscientes de lo que significa eso?

Ninguno respondió.

No hacía falta.

Liam levantó entonces una mano, pensativo.

—Puede que tenga una solución.

Me giré hacia él al instante.

—¿Cuál?

Liam me sostuvo la mirada con cautela.

—Conozco a un tipo que falsifica documentos oficiales...

Connor arqueó una ceja.

—No sé si quiero saber cómo coño conoces tú a alguien así.

Liam lo ignoró.

—Podría conseguirle un pasaporte falso. La sacamos del país, la alejamos de Viktor y se acabó el problema. O, al menos, se aplaza.

Me quedé callado un momento, dándole vueltas.

Era ilegal. Peligroso. Una locura.

Así que, probablemente, era la mejor opción que teníamos.

—De acuerdo —dije al final—. Habla con tu contacto. A ver qué puede hacer.

Connor soltó un suspiro largo y negó con la cabeza.

—Cada vez lo empeoramos más.

Liam dejó escapar una risa sin humor y nos señaló alternativamente.

—¿Os dais cuenta de que últimamente el hermano más estable de esta familia soy yo?

—preguntó con ironía—. Primero Ewan se enamora de su periodista.

Luego Connor se lía con una empleada. Y ahora Brody decide ayudar a escapar a una desconocida del tipo de hombre que podría despedazarnos y tirarnos al río.

—Tú tampoco estás libre de culpa —le corté—. ¿Por qué coño alquilaste el castillo a un tipo como Viktor Bellucci? Si no lo hubieras hecho, no estaríamos metidos hasta el cuello en esta mierda.

La expresión de Liam cambió al instante. Levantó las manos, serio.

—No tuve elección. ¿Te crees que no intenté escaquearme? Puse excusas, pegas, retrasos... lo que se me ocurrió. Pero cuando un hombre como Bellucci quiere algo, no le dices que no.

Ninguno respondió.

Porque todos sabíamos que tenía razón.

Viktor Bellucci no era un hombre al que se le negara nada sin pagar un precio.

Y ahora el precio nos había caído encima.

—Vale, basta de darle vueltas —dije al final—. Está decidido. Liam, habla con tu contacto y averigua cuánto antes cómo conseguimos ese pasaporte.

Liam asintió, ya centrado.

—Lo hago ahora.

Miré a Connor. Seguía observándome con esa cara de funeral inminente, pero al menos no discutió más. No le gustaba nada, pero sabía tan bien como yo que ya habíamos cruzado el punto de no retorno.

—Yo hablaré con Bella —añadí—. Le diré que empiece a pensar a qué país quiere irse.

Connor soltó una risa seca y se pasó una mano por la cara.

—Fantástico. ¿Qué podría salir mal?

No contesté.

Me limité a mirar a Liam.

—Avísame en cuanto sepas algo.

—Lo haré —dijo, dándose la vuelta hacia la puerta—. Y tú intenta no hundirnos todavía más hasta entonces.

Connor fue detrás de él, aún mascullando algo entre dientes. La puerta se cerró con un golpe seco que retumbó en todo el apartamento.

Y me quedé solo.

Quieto en mitad del salón, intentando asumir en qué demonios acababa de meterme.

Ahora solo faltaba lo más sencillo de todo: convencer a Bella de que su única salida pasaba por huir del país con una identidad falsa.

Perfecto.

Ya solo me faltaba una puta medalla por arruinarme la vida yo solito.