Broadland (Norfolk Broads 1) CAPÍTULO CINCUENTA Y SEIS
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CAPÍTULO CINCUENTA Y SEIS

A L LLEGAR A la comisaría, entre una frenética ráfaga de flashes de los periodistas que esperaban fuera, desesperados por vislumbrar a la mujer esposada que veían bajar, ayudada por los agentes, de la parte trasera del coche patrulla, Tanner siguió a los dos policías de uniforme que conducían a Ruth Lambert al interior.

Solo después de ver cómo la entregaban al sargento de guardia y de haber redactado el informe de detención, pudo por fin volver a su yate cabinado de Norfolk, amarrado en Malthouse Broad.

Al salir de Wroxham y cruzar el puente bajo, ahora sin tráfico, echó un vistazo al río Bure, iluminado por la luna, que se deslizaba mansamente a sus pies. Entonces se encontró pensando en Jenny: se preguntaba cuándo podría verla y cuánto tardaría en volver a ponerse en pie.

¿Seguiría queriendo hacer carrera en la policía?

Después de todo lo ocurrido, no le sorprendería que decidiera dejarlo.

Una mitad de él esperaba que lo hiciera y que se buscara un trabajo de oficina.

Al menos así estaría a salvo. Pero la otra mitad sabía que la echaría de menos, y dudaba que ella siguiera interesándose por él si decidía dejar el cuerpo.

Se obligó a dejar de pensar en ella y se centró en el yate de madera que lo esperaba; le sorprendió descubrir que de verdad tenía ganas de volver a bordo.

A pesar de lo absurdamente angosto de su interior y de la falta absoluta de hasta las comodidades más básicas, empezaba a verlo como un refugio seguro, muy alejado de la tormenta aparentemente interminable de obsesiones peligrosas y crueles maquinaciones de la sociedad, y que cada vez le parecía más su nuevo hogar.