Broadland (Norfolk Broads 1) CAPÍTULO CINCUENTA Y TRES
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CAPÍTULO CINCUENTA Y TRES

A L RUIDO DE LOS pasos de Cooper, que repiqueteaban al subir las escaleras de madera del molino, pronto se sumó el de otros. Tanner miró por encima del hombro y vio que detrás de Cooper venían los dos policías uniformados de la patrullera.

Mientras los tres se abrían paso entre las macabras cunas y asomaban un instante las linternas al interior de cada una al pasar, Tanner se levantó y dio un paso atrás para alejarse del cuerpo desmadejado de Burgess.

Cooper enfocó a Burgess con la linterna del móvil: seguía apoyado contra la pared, con la mirada fija en sus propias piernas estiradas.

—¿Está…? —empezó Cooper, pero no terminó la frase. No hacía falta. Todos sabían lo que estaba a punto de preguntar.

Antes de responder, Tanner vaciló. Aunque cada fibra de su ser le decía que Burgess estaba muerto, no quería decirlo.

No en voz alta. Hacerlo solo lo haría más real.

Y, si lo estaba, había cuestiones más prácticas que tener en cuenta: aquello se había convertido en otra escena del crimen, y cualquier intento de ayudarlo no serviría más que para contaminar las pruebas físicas.

Tanner sabía quién lo había hecho, de eso no cabía ninguna duda, pero no la había visto hacerlo.

Por tanto, un jurado necesitaría todas las pruebas físicas posibles para lograr una condena por asesinato en primer grado.

Al oír acercarse el lejano ulular de una ambulancia, Tanner buscó las palabras y al final dijo:

—N-no lo sé. Lo han apuñalado. Le taponé la herida lo mejor que pude, pero…

El policía uniformado se arrodilló junto al cuerpo de Burgess. Sin tocarlo, se inclinó y le enfocó los ojos directamente con la linterna. Luego apartó el haz, esperó solo un instante y volvió a dirigirlo a los ojos.

—No hay dilatación pupilar —dijo.

Con la linterna examinó primero la herida y después la mano vuelta hacia arriba, que aún sujetaba sin fuerza la corbata enrollada de Tanner.

—Yo diría que lo mejor es esperar a la ambulancia —dijo al fin—. Parece que la hemorragia externa se ha detenido, pero, con una puñalada, la interna será considerable. Si lo moviéramos, probablemente no haríamos más que empeorarlo.

Iluminó una vez más el rostro de Burgess y levantó la vista hacia Tanner.

—Pero, si le soy sincero, diría que hemos llegado demasiado tarde.