Broadland (Norfolk Broads 1) CAPÍTULO CINCUENTA Y DOS
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CAPÍTULO CINCUENTA Y DOS

S IN ESPERAR A ver si la patrullera llegaba a la otra orilla, Tanner dio media vuelta y echó a correr hacia el molino.

De pie ante la puerta, que seguía abierta, la empujó hacia dentro con el pie y escudriñó el interior, frío y silencioso. Sin el teléfono no veía tanto como antes, pero la luz de la luna que entraba a raudales por una ventanita a su derecha le bastaba para echar un buen vistazo alrededor.

No veía ni rastro de Susan Follett, aunque, por lo que él sabía, bien podía haber recuperado el cuchillo y estar esperándolo agazapada.

Después de aguzar la vista y el oído un par de segundos más, sin ver ni oír nada, estaba a punto de entrar cuando recordó que no había mirado detrás de la puerta.

Pero ya no tenía ni ganas ni valor para hacerlo.

Se limitó a empujarla de golpe hacia atrás, hasta que el pomo interior chocó contra la pared.

Ahí no cabía nadie escondido; y mucho menos Susan Follett.

Sin perder un instante más, se lanzó dentro, subió las escaleras de dos en dos, pasó junto a las cunas con sus restos putrefactos y llegó hasta donde había dejado a su compañero caído.

Cayó de rodillas y bajó la vista hacia Burgess, que seguía sentado.

La cabeza se le había vencido hacia delante y tenía los ojos clavados, inexpresivos, en el regazo.

Con una mano, Tanner le levantó la cabeza y, con dos dedos de la otra, le presionó el costado del cuello.

Tenía la piel fría y flácida. Ni rastro de pulso.

—¡Burgess! —lo llamó, y le giró la cabeza para mirarlo a los ojos. Pero, aunque los tenía abiertos, no había nadie dentro que le devolviera la mirada.

Tanner bajó la vista hacia el punto donde lo habían apuñalado. La mano de Burgess ya no cubría la herida: yacía boca arriba, en un charco oscuro de sangre, en el suelo, a su lado. En la palma, flojamente sujeta, tenía la corbata de Tanner, enrollada y empapada de sangre.

Tanner le apoyó el índice en la muñeca.

Nada.

Desde abajo oyó a Cooper, que lo llamaba a voces:

—¡Hola! ¿Tanner? ¿Estás aquí dentro?

—¡Estoy arriba! —contestó a gritos, pero ya sin la urgencia de antes. Tendría que esperar a que un médico lo confirmara, aunque a esas alturas Tanner ya sabía que Burgess estaba muerto.