CAPÍTULO TREINTA Y SIETE
S E NOTABA CIERTO REVUELO en la comisaría de Wroxham mientras se extendía la noticia de que, a primera hora de la mañana, habían encontrado el cadáver de otra mujer con heridas similares a las de Jane Richardson. La buena noticia era que el móvil les permitía identificarla oficialmente.
Mientras esperaban a que el forense les enviara un informe preliminar, Burgess y Tanner repasaron los detalles con Barrington en su despacho y decidieron cuál era la mejor forma de proceder.
Justo antes de las diez, el doctor Johnstone envió el informe por correo electrónico.
Diez minutos después, Barrington llevó a Burgess y a Tanner a la sala principal para dar una reunión informativa a toda la comisaría.
—¡Atención, por favor! —exclamó cuando los tres llegaron a la pizarra blanca del fondo de la oficina, cubierta ahora de fotografías de rostros, anotaciones garabateadas con rotulador y referencias.
Esperó a que todos se callaran.
—Como seguramente ya sabéis, el lunes descubrimos el cadáver de una joven a la que identificamos como Jane Richardson, la encargada del pub Bittern, asesinada brutalmente cuando regresaba del trabajo alrededor de las diez y media de la noche del sábado.
»El martes arrestamos a dos personas relacionadas con el asesinato: el marido de la víctima, Simon Richardson, y el hombre con el que, como descubrimos después, mantenía una aventura, el señor Stephen Perry.
Sin embargo, pese a las contundentes pruebas que había contra ellos, ambos sospechosos acabaron presentando una coartada respaldada por material de vídeo y fotográfico, así que no tuvimos más remedio que ponerlos en libertad.
»Desde las siete de esta mañana tenemos otra víctima. Todavía no hemos recibido el informe completo de la autopsia, pero lo que sabemos hasta ahora nos da motivos para creer que esta mujer también ha sido asesinada, y lo más probable es que por la misma persona.
»Antes de cederle la palabra al inspector Burgess, quiero recordaros la gravedad de estos delitos y lo que significaría que estuvieran relacionados, así que espero que todos sigáis ofreciendo a Burgess vuestro compromiso y vuestro apoyo.
Y no hace falta que os diga que, con el interés que despiertan los asesinos en serie en los medios, ahora estaremos aún más bajo los focos.
»Adelante, Burgess.
Burgess dio un paso al frente y paseó la mirada por todos los presentes.
—Como ha dicho el inspector jefe Barrington —comenzó—, parece que nos enfrentamos a un doble asesinato.
Esperó a que la sala quedara en silencio y se volvió hacia la pizarra blanca que tenía detrás.
Sacó una fotografía de una carpeta de plástico y la colocó junto a la de Jane Richardson.
En ella aparecía una joven de veintitantos o treinta y pocos años, de pelo castaño oscuro, que sonreía a la cámara.
Sostenía una copa de vino tinto y la rodeaba un grupo de chicas que parecían estar pasándolo en grande.
La incongruencia de aquella imagen, dadas las circunstancias, no le pasó desapercibida a nadie.
—Todavía no hemos identificado oficialmente el cadáver, pero a estas alturas creemos que la segunda víctima es la señora Emily Harris, de Great Yarmouth. Su marido denunció su desaparición esta mañana. Según él, ayer por la tarde, al salir del trabajo, fue a visitar a su madre y nunca regresó.
Volvió a mirar la fotografía.
—Emily tenía treinta y dos años y era cofundadora y directora de la inmobiliaria Powell Harris, situada a pocas calles de su casa.
La mataron con un solo golpe en el lóbulo frontal.
La herida es casi idéntica a la que presentaba Jane Richardson en la cabeza.
También la violaron después de muerta. Y hay algo más.
Vaciló.
—Parece que alguien intentó destriparla.
Un silencio atónito se apoderó de la oficina.
—No sabemos si a Jane Richardson le ocurrió lo mismo. Como sabéis, la arrastró la hélice de una embarcación que daba marcha atrás, así que era imposible saberlo, pero no creo que debamos descartarlo.
»El cadáver de Emily apareció al pie de una rampa de botadura, en el pequeño pueblo de Irstead.
Se cree que la asesinaron entre ocho y nueve horas antes, lo que sitúa la hora aproximada de la muerte entre las diez y las once de anoche.
Sin embargo, no creemos que la mataran donde la encontraron, así que debieron de dejar el cadáver en la rampa algún tiempo después.
Pensamos que la intención era empujarlo al río Ant, pero por alguna razón no ocurrió, posiblemente porque interrumpieron a quien lo hizo.
Si es así, hay muchas probabilidades de que tengamos un testigo.
El sargento Cooper levantó la mano.
—¿Hay cámaras de seguridad en la zona?
—No vimos ninguna, pero convendría comprobarlo, tanto en el aparcamiento donde está la rampa como en las carreteras de acceso.
Echad un vistazo e informadme. Y, ya que estáis allí, id puerta por puerta preguntando si alguien vio algo extraño anoche.
Llevaos a un par de agentes de uniforme para que os ayuden.
Volvió a centrar la atención en el resto del grupo, que ahora lo escuchaba en silencio, con el semblante grave.
—Como ya os han dicho, violaron a las dos víctimas después de muertas.
En el caso de Jane Richardson, encontramos en su interior semen que pertenecía a su marido, Simon Richardson.
Esa fue una de las principales razones por las que lo arrestamos.
Hemos hallado semen también en el interior de la segunda víctima.
Y pertenece igualmente a Simon Richardson.
La noticia desató un murmullo de comentarios por toda la sala.
Burgess alzó las manos para apaciguar a los presentes y exclamó:
—Sé lo que estáis pensando todos, sobre todo teniendo en cuenta que lo pusimos en libertad apenas un par de horas antes de que ocurriera esto, y no lo descartamos; por eso sigue en la pizarra como sospechoso.
Su novio, Stephen Perry, también sigue ahí.
Sin embargo, por ahora nos parece más probable que sea otra persona la que esté haciendo esto, con la intención deliberada de incriminar a Richardson; alguien que lo conoce y que le guarda algún tipo de rencor.
Por su orientación sexual y por el hecho de que violaron a las dos víctimas, creemos que lo más probable es que se trate de un hombre homosexual o, al menos, bisexual.
Alguien que en algún momento mantuvo relaciones sexuales con Richardson.
Es muy posible que quien haya hecho esto lo llevara planeando mucho tiempo, hasta el punto de congelar una muestra de su esperma.
Si fue así, el responsable pudo hacerlo meses, incluso años antes.
Por tanto, nuestra prioridad es investigar sus relaciones pasadas.
Tenemos que averiguarlo todo sobre cualquiera con quien haya mantenido una relación.
Tanner y Jenny, de eso os encargáis vosotros.
Cuando los vio asentir, Burgess se volvió hacia Vicky Gilbert.
—También tenemos que investigar a Emily Harris. Vicky, encargárate tú de empezar con eso. Comprueba si hay algo que la relacione con Simon o con Jane Richardson: amigos, trabajo, estudios, cualquier cosa.
»El inspector jefe Barrington y yo vamos a hacer una declaración a la prensa ahí fuera.
Nada complicado, solo lo justo para darles los hechos tal como los conocemos.
Con suerte, eso evitará que se marchen y escriban que a Simon Richardson lo soltamos para que volviera a matar.
Evidentemente, no revelaremos el nombre de la segunda víctima hasta que hayamos informado al marido y él haya podido identificar oficialmente el cadáver.
Me ha tocado a mí esa papeleta, así que iré a reunirme con él en cuanto terminemos con la declaración.
—Parece que tenemos suelto por los Broads a un individuo especialmente repugnante; alguien que no solo parece no tener ningún reparo en quitarles la vida a mujeres jóvenes e inocentes, sino que además siente la necesidad de violarlas y mutilarlas después.
Sobra decir que tenemos que darnos prisa.
¿Todos tenéis claro lo que tenéis que hacer?
Los presentes asintieron conformes y, como nadie parecía tener ninguna pregunta, Burgess dio por concluida la sesión informativa.
—En cuanto tengáis algo, avisadme. Eso es todo por ahora.