CAPÍTULO VEINTIOCHO
E ntraron en un despacho oscuro, revestido de madera, donde les indicaron que se sentaran en dos viejas sillas de comedor colocadas frente a un antiguo escritorio cuya desgastada superficie de cuero verde sostenía un portátil abierto.
El hombre se sentó, entrelazó las manos sobre el escritorio y dijo:
—Bien, soy el doctor Khatri, jefe del servicio de Ginecología y FIV. ¿En qué puedo ayudarles?
Tanner dijo:
—Hemos venido a investigar la muerte de una persona que, según creemos, era paciente suya: la señora Jane Richardson.
Hubo una larga pausa antes de que respondiera:
—Lo siento, pero ¿ha dicho que Jane Richardson está muerta?
—Me temo que sí —confirmó Tanner.
Su evidente sorpresa se transformó en incredulidad y el doctor preguntó:
—Pero… ¿cómo? Qui-quiero decir, si la vi el sábado.
—Creemos que la mataron más tarde esa misma noche, cuando volvía del trabajo.
—¡Dios mío! ¡Qué horror!
—Sí.
—¿Y en qué creen que puedo ayudar yo?
—Venimos de ver a sus padres. Nos han dicho que la señora Richardson y su marido venían aquí para someterse a un tratamiento de fecundación in vitro, y que el tratamiento había tenido éxito.
—Así es. La reunión del sábado fue la última.
—¿Asistió su marido a esa reunión?
—A esa no.
—¿Se perdió muchas?
—Tenía cierta tendencia, sí.
—¿Es normal que los maridos no asistan?
—Diría que es un poco inusual, pero no es el primero, ni mucho menos. Aunque no se lo crea, algunos hombres todavía parecen pensar que la reproducción es sobre todo responsabilidad de la mujer, así que no ven necesario acompañarlas.
—¿Depende de quién sea la causa del problema? —preguntó Tanner, que se vio obligado a confrontar sus propias ideas al respecto.
—La verdad es que no. Incluso cuando el problema está en el hombre, a menudo se niegan a aceptarlo.
—¿Y en el caso de los Richardson?
El doctor Khatri frunció el ceño.
—¿Me está preguntando si venían aquí por Simon o por Jane?
—En efecto.
—Bueno, por desgracia no puedo responder a esa pregunta; es estrictamente confidencial.
—Lo entiendo —dijo Tanner—, pero esto es una investigación por asesinato.
—¿Y qué relación puede tener eso con la muerte de Jane Richardson?
—Creemos que podría guardar relación con el móvil.
—¿El móvil?
—Eso es.
—¿Está sugiriendo en serio que Simon asesinó a su esposa?
—En esta fase solo intentamos determinar si existe un móvil que haga posible esa hipótesis.
—¿Por qué demonios iba a hacer algo así? ¡Estaba embarazada de dieciocho semanas!
Tanner respondió con cautela:
—Nos preguntamos si el hecho de que estuviera embarazada podría ser un móvil, en caso de que él nunca quisiera que lo estuviera.
—Pero eso es bastante improbable, ¿no?
—¿Por qué?
—¿Por qué iba a tomarse tantas molestias y gastar tanto dinero en un tratamiento de fecundación in vitro si no quería que funcionase?
—No lo sabemos, pero sí sabemos que ellos no lo pagaron. Lo financiaron los padres de la señora Richardson.
—¡Pero aun así!
Para hacer avanzar la conversación, Tanner preguntó:
—Supongo que, en algunos casos, cuando se descubre que el problema está en el hombre, hay que recurrir al esperma de otro, ¿no?
—En algunos casos, sí, por supuesto, pero en esas circunstancias la fecundación in vitro no sería el tratamiento adecuado.
—¿Así que está diciendo que no era ese el caso?
—No estoy dispuesto a decir ni una cosa ni la otra, pero mi respuesta anterior debería bastarle para deducirlo por sí mismo.
—¿Entonces Simon era el padre del bebé?
En lugar de responder, el doctor se limitó a mirarlo fijamente.
Al ver que no iba a decir nada más, Tanner miró a Jenny y dijo:
—Creo que podemos tomarlo como un sí.
El doctor Khatri apartó la silla del escritorio, se puso en pie y dijo:
—Si eso es todo, tengo otra cita.
Una vez obtenido lo que habían venido a buscar, Tanner se levantó.
—Gracias por su tiempo, doctor Khatri. Ya conocemos la salida.