CAPÍTULO VEINTISÉIS
M IENTRAS TANNER maniobraba despacio por el camino circular hacia las verjas de hierro forjado, Jenny preguntó:
—¿Crees que fue Richardson?
Tanner reflexionó unos instantes.
—Habrá que ver si su coartada se sostiene, pero desde luego parece que tiene un móvil.
—¿El dinero de la herencia?
—Ajá —asintió él—. Por experiencia sé que la gente hace auténticas estupideces cuando hay mucho dinero de por medio.
—Pero ¿por qué iba a esperar a que estuviera embarazada? Si pensaba matarla, uno diría que lo habría hecho antes, teniendo en cuenta el esfuerzo y el dinero que exige la fecundación in vitro. ¿Para qué pasar por todo eso sin necesidad?
Era una buena pregunta, y lo llevó de forma natural a plantearse otra posibilidad.
—Quizá el niño no sea de él.
—Eso tendría sentido —dijo Jenny—. Si se estaban sometiendo a un tratamiento de fecundación in vitro, quizá fuera él el que no podía tener hijos, así que tuvieron que recurrir al esperma de otra persona.
—Lo que podría explicar por qué no le pareció importante mencionárnoslo cuando hablamos con él la primera vez.
—Incluso es posible que ella hubiera decidido no decirle que el bebé no era de él, aunque eso implicaría la complicidad de la clínica de fecundación in vitro.
—Y cuando se enteró, sabiendo en el fondo que heredaría una pequeña fortuna, fue y…
Mientras esperaban a que se abriera la verja, Tanner y Jenny se miraron.
En menos de un minuto, la idea de que Simon Richardson fuera el principal sospechoso del asesinato de su esposa había pasado de vagamente posible a muy probable.
Tanner los bajó de la nube.
—Pero todo va a depender de su coartada y, para conseguir una condena, necesitaríamos algún tipo de prueba física que lo relacionara directamente con el asesinato.
Las verjas ya estaban abiertas del todo y, al atravesarlas, añadió:
—Supongo que será mejor que volvamos a la comisaría para ver si ha habido alguna novedad. Pero antes, sugiero que nos pasemos un momento por esta clínica de fecundación in vitro. ¿Cómo se llamaba?
Jenny consultó sus notas.
—Buxton Manor. Creo que sé dónde está.
—Si podemos hablar un momento con ellos, al menos podremos averiguar si el bebé era de Richardson. Si era de otra persona, creo que eso puede explicar por qué decidió no esperar a que naciera.