CAPÍTULO VEINTICINCO
E N EL VESTÍBULO, mientras les sostenía la puerta abierta, el señor Lambert dijo:
—Debe disculpar a mi mujer. Nunca se ha llevado muy bien con Simon.
—¿Y usted? —preguntó Tanner al salir.
—¿Simon y yo? Bueno, debo admitir que al principio no me hacía mucha gracia, pero a Jane siempre pareció gustarle.
—¿Cómo era la relación entre ellos?
—En general, buena, creo. Sé que tuvieron problemas cuando ella no conseguía quedarse embarazada, pero no creo que fuera necesariamente culpa de Simon, y parecieron volver a la normalidad bastante rápido cuando nos enteramos de que el tratamiento de fecundación in vitro había funcionado.
—¿Sabe cómo se llama la clínica a la que acudieron?
—Se llama Buxton Manor. No está lejos de aquí. Justo al pasar Ludham Bridge, en dirección a Barton Broad.
Tanner se aseguró de que Jenny hubiera tomado nota.
—El señor Richardson nos mencionó que él y Jane llevaban vidas relativamente independientes, a pesar de estar casados. ¿Diría usted que es cierto?
—Sé que cada uno tenía su propio grupo de amigos y que Simon se iba de vez en cuando a jugar al golf con los suyos. Jane siempre fue ferozmente independiente, un poco como yo, supongo.
Como John Lambert parecía tan sereno, Tanner pensó que era buen momento para despachar uno de los trámites.
—En algún momento tendremos que tomar muestras de ADN y huellas dactilares, tanto a usted como a su mujer.
—¿De verdad es necesario?
—Me temo que sí. Pero es solo un trámite, a efectos de descarte, para ayudarnos a identificar las pruebas que encontremos sin perder un tiempo valioso. ¿Les envío a un agente de la policía científica o prefieren pasar por la comisaría?
—¡Lo primero, por supuesto!
Tanner y Jenny se despidieron una vez más y regresaron al coche.