Capítulo 77
Mentes Brillyantes
CUANDO DESPERTÉ, supe exactamente qué tenía que hacer.
Mi mente gozaba de una claridad que solo había experimentado sentado con las piernas cruzadas en cimas soleadas tras largas escaladas. Mis pensamientos no tartamudeaban, ni se atascaban, ni se repetían. Fluían.
Salí a la sala central a recoger el periódico, pero Katya se me había adelantado. También llevaba un albornoz blanco del hotel, aunque ella sí se había puesto las zapatillas. Bajó el periódico hasta el regazo, dejando ver el pelo revuelto y una amplia sonrisa.
—He leído el periódico. Entero, de principio a fin. Mi mente ha absorbido las palabras como una aspiradora. Línea tras línea, sin distracciones ni problemas.
Dobló el periódico y me lo tendió.
—Me acuerdo de todo. Hazme una pregunta.
Cogí el periódico y lo abrí por una página al azar.
—¿Qué porcentaje de la población estadounidense...?
—El uno por ciento —dijo Katya antes de que pudiera terminar— padece esquizofrenia.
—Vale. Hay un artículo escrito por el Zar Antidrogas de Bill Clinton...
—Barry McCaffrey.
Dos de dos. Decidí probar otro tipo de razonamiento.
—Tengo un acertijo para ti. Tienes que medir exactamente cuatro litros de agua, pero solo dispones de dos jarras y una manguera. Una jarra tiene capacidad para tres litros exactos, la otra para cinco. Las jarras no tienen marcas. ¿Cómo lo haces?
No dudó ni un instante.
—Llenas la jarra de cinco. Viertes lo que puedas en la de tres, dejando dos litros. Vacías la de tres y echas los dos litros restantes, dejando espacio para uno más. Vuelves a llenar la de cinco y viertes lo que quepa en la de tres. Te quedarán exactamente cuatro litros.
Seguimos poniendo a prueba nuestros nuevos procesadores toda la mañana, pasando de trivialidades a la investigación mientras embarcábamos en el avión y el estómago empezaba a encogérsenos ante lo que nos esperaba.
—¿Has averiguado qué relación tiene Brillyanc con el asesinato de Colin? —preguntó Katya.
Había esperado que la respuesta simplemente apareciera en mi cabeza. De momento, nada.
—No he identificado el motivo exacto, pero ya no cabe duda de que fue algún tipo de encubrimiento relacionado con Brillyanc. Por cómo nos hace pensar, está claro que este fármaco va a cambiar el mundo y a generar miles de millones en el proceso.
—Quizá fue solo por dinero. Mucho dinero. ¿No es el motivo más antiguo del mundo? —Katya parecía esperanzada.
Me fastidiaba tener que bajarle los humos.
—No lo creo. Podrían haber despedido sin más a mi padre y a mi hermano. Habría habido una indemnización, pero nada importante. Y tenía que ser algo importante cuando hay miles de millones en juego. Algo que lo pusiera todo en riesgo.
—Pero ¿no es exactamente eso lo que supone lo de los osos solares? Si Colin se hubiera negado a participar en el encubrimiento, habría puesto miles de millones en riesgo.
Negué con la cabeza.
—Tenía que haber algo más. Lo de los osos solares no explica un asesinato.
Los acuerdos de confidencialidad lo habrían mantenido callado.
Esos acuerdos silencian a ejecutivos constantemente; basta con mirar la industria tabacalera.
Además, están comercializando Brillyanc en secreto, así que la aprobación regulatoria y la protección de denunciantes no aplican.
Mientras tanto, la operación sigue adelante.
De hecho, parece estar cobrando impulso.
Rita tiene claro que va montada en el tren del dinero fácil y que solo hay aceleración por delante.
Y viendo cómo nos funcionan las mentes ahora mismo, entiendo por qué.
—¿Entonces qué?
Miré por la ventanilla, esperando encontrar la respuesta escrita en las nubes. No estaba.
—Venga, pon a trabajar ese cerebro Brillyante.
Lo intenté, pero no conseguía dar el salto.
Hablando de saltos, lo siguiente que supe fue que estábamos aterrizando en San Francisco. O dicho de otro modo, estábamos a punto de salir de las llamas para caer en las brasas.