Capítulo 76
Territorio peligroso
EL ROSTRO DE KATYA reflejaba asombro ante el poder y la velocidad de la tecnología que yo había utilizado. —¿Quién es? ¿Rita es su nombre real?
—¿Algo más?
—Eso es todo lo interesante que tiene el FBI, aparte de su número de la seguridad social.
Seguro que Seguridad Nacional tiene expedientes biográficos extensos gracias a sus solicitudes de inmigración, pero no merece la pena consultarlos ahora.
Tenemos acceso por la puerta de atrás a su organización si lo necesitamos.
—¿Si lo necesitamos?
—Si el asalto de mañana no funciona.
Katya empezó a tomar su sopa. —¿Qué te pareció su discurso?
—Magistral. Me convenció, a pesar del precio exorbitante. Apostaría a que tiene un porcentaje de éxito del cien por cien.
—¿Pero?
—Su discurso fue impecable, como el de Vondreesen, pero también radicalmente distinto. Ni una mención a los osos malayos. Me intriga.
—¿Qué te intriga?
—Hemos oído dos razones completamente distintas de por qué Brillyanc se mantiene en secreto. La explicación de Vondreesen sobre las especies en peligro de extinción, y la de Rita sobre evitar reacciones negativas. Ambas encajan a la perfección. Ambas suenan auténticas.
Katya dejó la cuchara y se llevó la mano a la barbilla. —No hay motivo para que ambas no sean ciertas. No son mutuamente excluyentes. Quizá prefieren simplificar y mencionan solo la más relevante para cada receptor. Especies en peligro para inversores, y evitar reacciones negativas para usuarios.
—Puede ser. Me pregunto si entre esas dos versiones tenemos toda la verdad, o si hay algo más. Si los de Rusia estarán manipulando a Rita, como hicieron con Vondreesen.
—Creo que le estás dando demasiadas vueltas.
—Lo averiguaremos mañana por la noche.
—¿Crees que los de Rusia estarán allí?
—Oíste cómo describió Rita el event. Lo pintó como la fiesta del siglo. Por experiencia, nadie autoriza un gasto así a menos que piense disfrutarlo en persona.
Nuestra conversación dio paso a la comida tailandesa y a pensamientos sobre lo que estaba por venir. Una reunión misteriosa. Una fiesta libertina. Una investigación peligrosa. Y el enfrentamiento definitivo.
Aún me costaba asimilar cómo mi vida había dado un vuelco de un momento a otro, hacía apenas seis meses en Santa Bárbara.
Era como si aquella sala de interrogatorios hubiera sido un capullo, solo que yo había entrado siendo mariposa y salido convertido en oruga.
Mañana entraría de nuevo en un mundo totalmente distinto, enmascarado, y en más de un sentido.
Sería otro capullo. O volvería a ser mariposa, o no saldría jamás.
—¿En qué piensas? —preguntó Katya, con voz dulce y el cuenco ya vacío.
—Todo depende de mañana por la noche. Exoneración o cárcel. Si me devuelven a prisión, será de máxima seguridad. Los reclusos más embrutecidos. Los guardias más crueles. Las peores condiciones. Y sin fecha de salida.
La expresión de Katya adquirió una intensidad que nunca le había visto.
—No llegará a eso, Achilles. Te subestimas.
Te han lanzado monstruos desde todas las direcciones, y los has espantado como moscas.
Parece que lo consideras rutina, pero yo estoy asombrada.
Después de ver lo que has hecho esta semana, antes apostaría a que el sol no sale mañana que a que tú pierdes.
—Se le humedecían los ojos. Le temblaba la voz.
No deseaba nada más que salvar los dos pasos que nos separaban y estrecharla contra mí.
Quería besarla y acariciarla como si el mundo fuera a acabarse.
Pero si daba esos dos pasos ahora, todo se habría acabado.
Tenía las emociones a flor de piel, las reservas agotadas.
O se apartaría o me correspondería. En cualquier caso, afrontaría el día más importante de mi vida sintiéndome como una rata.
Sería el tipo que se insinuó a la chica de su hermano.
Sin duda, a Katya le afectaría igual. Había aguantado tan bien como cualquier agente encubierto con el que hubiera trabajado.
Parecía tener un sistema nervioso de acero inoxidable.
A prueba de balas. Pero la culpa y la repulsión eran formas de tensión muy distintas.
Capaces de doblar, retorcer, deformar. —Será mejor que durmamos un poco —dije, y añadí con un guiño—: Hasta los superhéroes necesitan descansar.
Me quedé dormido tras olvidar algo que pronto se volvería inolvidable. Había olvidado el Brillyanc que corría por mis venas.