Brillantez extrema (Kyle Achilles 1) Capítulo 68
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Capítulo 68

Intereses en conflicto

—¿Le dejaste una nota? —dijo Katya, aún radiante y sin poder creer que hubiera aparecido de repente en el avión.

—El tipo puede ser un pesado, pero no se merecía un golpe en la cabeza. Haré algo para compensárselo cuando salga de este lío. Quizá un abono de temporada para los Lakers.

—¿No para la ópera o el Polo & Racquet Club? —respondió con un guiño.

Había cogido el vuelo a DC por los pelos.

Cuando me dejé caer junto a Katya, estaba acurrucada en su asiento, con las rodillas contra el pecho y el teléfono en la oreja, intentando contactar con Casey por vigésima tercera vez.

Ahora volábamos a 11.000 metros de altura, bebiendo vino de avión entre risas.

—¿Dónde aprendiste a abrir esposas? ¿Por qué aprendiste a abrir esposas? —preguntó Katya, emocionada.

Le respondí con el mismo entusiasmo.

—En las operaciones encubiertas hay mucho tiempo muerto.

Normalmente entrenábamos o hacíamos el tonto, pero a veces nos poníamos más creativos.

Ese truco en particular surgió cuando estábamos pensando en todas las cosas que se pueden hacer con un clip.

Hay toda una lista, en realidad. Una lista lo bastante impresionante como para que desde entonces siempre lleve un par en el bolsillo de atrás.

Puedes encontrar clips en todas partes, llevarlos a cualquier sitio, y tienen docenas de usos prácticos.

Abrir esposas con ellos fue lo más interesante.

Empezó como esas típicas cosas de tíos, reto lanzado, reto aceptado , con un expolicía militar, pero todos acabamos pasando horas aprendiendo a hacerlo a ciegas.

—Nunca volveré a mirar un clip de la misma manera.

El rostro de Katya se ensombreció.

—Espera un momento. ¿No tendrá Frost gente esperándote cuando aterricemos en DC?

—Es muy posible. Pero lo dudo. No creo que tenga tiempo ni ganas.

—¿En serio? No le costará mucho, ahora que sabe el nombre que estás usando. Por el coche de alquiler, digo.

—Todavía tiene que lidiar con mucha burocracia, y el vuelo solo dura cinco horas. Pero apuesto a que ni siquiera lo intentará.

—¿Por qué no?

—Por un par de razones. Primero, estaba actuando solo, intentando hacerse el héroe, intentando eclipsar a Flurry.

No creo que nadie más supiera lo que estaba haciendo.

Ni Flurry ni Kilpatrick, desde luego. Así que nadie espera novedades.

¿Para qué reconocer un fracaso humillante si no hace falta?

«¿Adivina qué? Lo atrapé, pero luego se me escapó».

No lo creo. Va contra la naturaleza humana.

Segundo, una vez que se complete mi transferencia, estaré en libertad bajo fianza.

Así que estarían tramitando mi ingreso y mi salida a la vez.

Eso no le sentará bien a la reputación de Frost.

—En otras palabras, tienes el orgullo y el sentido práctico de tu parte.

—Y el rencor en mi contra.

—Así que todo depende del carácter de Frost.

—Exacto.

Katya apuró su Chardonnay antes de volver a hablar.

—Suponiendo que el carácter de Frost juegue a tu favor, ¿sigue pareciéndote bien que te acompañe a la reunión con Rita?

—Si encuentras a alguien que encaje bien, me encantaría tenerte a mi lado. Pero no es moco de pavo. Recuerda que, además de todo lo demás, la persona a la que vas a suplantar tendrá que estar ilocalizable, presumiblemente de viaje en el extranjero. Más vale que empieces ya.

Katya se puso a ello allí mismo, en el avión, usando el wifi de a bordo. Para cuando llegamos a Washington National, ya había encontrado a su mujer.

Entonces descubrimos que el orgullo y el sentido práctico de Frost habían vencido a su rencor. Mientras nuestro taxi se alejaba del Aeropuerto Nacional de Washington bajo un cielo encapotado, me pareció ver que las nubes se abrían más adelante. Pero quizá fuera solo una ilusión.