Capítulo 24
Situación complicada
FROST GOLPEÓ LA LIbrETA contra la palma de la mano en cuanto Casey salió de la sala de conferencias.
—De verdad quiero pillar a este cabrón. Primero manipula el sistema para dejarnos como incompetentes, y luego intenta usar ese mismo hecho para chantajearnos. Que le den a él y a su petición especial.
Kilpatrick se levantó de la mesa, pero los detectives permanecieron sentados.
A esas alturas, ambos sabían que al fiscal adjunto le gustaba pensar de pie, literalmente.
Cualquiera que visitara su despacho se daba cuenta enseguida.
Kilpatrick había apilado viejos directorios Martindale-Hubbell bajo las patas del escritorio para elevarlo cuarenta y cinco centímetros adicionales y poder trabajar de pie.
Si alguien comentaba algo, señalaba que cada volumen incluía el nombre de al menos un abogado al que había aplastado en los tribunales.
Kilpatrick empezó a pasearse con el bate.
—Creo que todos estamos de acuerdo con el objetivo, tal como lo has expresado tan elocuentemente, detective. Asegurémonos de no subestimar a Achilles otra vez. Como yo lo veo, tenemos dos opciones para meterlo de vuelta en la cárcel. Podemos encontrarlo o podemos engañarlo.
Flurry se inclinó hacia delante en la silla.
—¿A qué te refieres con engañarlo?
—El uso de tácticas engañosas en situaciones como esta está permitido. Pensemos qué podríamos decirle la próxima vez que llame para tenderle una trampa. Detective Flurry, ¿por qué no te centras en eso?
—De acuerdo.
Frost levantó la vista de la libreta.
—¿Me centro yo en encontrarlo?
Kilpatrick negó con la cabeza sin apartar la mirada del jardín al otro lado de la ventana.
—No quiero que esto llame la atención. Es demasiado delicado políticamente.
Eso significa nada de órdenes de búsqueda ni otras formas de participación externa.
Teniendo en cuenta eso, y que Achilles casi seguro ha huido de la jurisdicción, y muy probablemente del país, no hay nada que puedas hacer. Tenemos las manos atadas, por ahora.
—¿Y qué hay de la fuga? ¿Investigo eso? —preguntó Frost.
—Todavía no. Por la misma razón. Por ahora, aparte del fugado y su abogado, somos los únicos que saben que ha habido una fuga. Me gustaría que siguiera así hasta que esté de vuelta entre rejas, o... —Kilpatrick se quedó absorto en sus pensamientos.
Frost y Flurry permanecieron en silencio, observando y esperando hasta que el fiscal adjunto se giró de nuevo. Cuando lo hizo, la emoción se reflejaba en sus mejillas rubicundas.
—Achilles heredó unos diez millones de dólares, ¿verdad?
Flurry fue la primera en responder.
—Así es. Solicité su embargo, pero su padre lo tenía en el extranjero, y Achilles fue lo bastante listo como para moverlo antes de que pudiéramos echarle el guante. Se esfumó.
—Pues hagamos que lo traiga de vuelta.
Frost resopló.
—¿Como fianza? ¿Todo? Ni de broma va a hacer eso. El tipo anda suelto con diez millones en el banco. Sería idiota si aceptara ese trato.
Kilpatrick blandió el bate a cámara lenta hacia un objetivo imaginario.
—Déjame a mí la negociación. Mientras tanto, averigüemos cómo atraparlo discretamente, por nuestra cuenta. Si lo pillamos ahora, tenemos asegurada una condena por fuga. Con eso, la condena por triple homicidio estará prácticamente garantizada. Lo encerrarán de por vida.