Brillantez extrema (Kyle Achilles 1) Capítulo 22
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Capítulo 22

Planes de viaje

Rodeé con un brazo los hombros de Katya mientras apartaba la mirada de los cadáveres frescos de quienes habían intentado matarla. Temblaba, pero mantenía la cabeza fría.

—¿Qué vamos a hacer ahora? —Su pregunta era analítica, no acusatoria, y daba justo en el clavo. Acabábamos de perder nuestras únicas pistas.

Me asombró su entereza. Era una académica de veintiocho años, no una detective de homicidios.

—¿Estás bien? Sé que esto no es lo tuyo.

—Puede que no haya estado en la cárcel, pero llevo fuera de mi elemento desde que encontré el cuerpo de Colin.

Luego estos asesinos vinieron a por mí. Dos veces.

Me salvaste la vida. Así que, aunque no esté bien del todo, estoy mucho mejor con ellos muertos.

Pero ahora que no tenemos a nadie a quien interrogar, me muero por saber cuál es el siguiente paso.

Me alegró poder mantenerle la mente ocupada en lo analítico.

—Tenemos que tomar una decisión táctica y otra estratégica.

Me hizo un gesto con la barbilla, como diciendo «suéltalo».

—Tácticamente, tenemos que decidir qué hacer con los cuerpos. Dejarlos u ocultarlos.

—¿Por qué los ocultarías?

—Para confundir al enemigo. Siempre es buena jugada.

—Hice una pausa para que la idea calara, como siempre hacía Granger—.

Ponte en la piel de tus agresores por un minuto.

Llevan casi una semana informando de fracasos.

Lo más probable es que su jefe esté bastante cabreado.

Y seguro que no es precisamente un blandengue.

En una situación de vida o muerte como esta, me apuesto algo a que los amenazó.

Les metió presión. Así que si desaparecen ahora, no sabrá si los han matado. .. o si han huido.

Katya se tomó un segundo para procesar nuestro inusual problema.

—¿Dónde los ocultarías?

—Podríamos tirar los cuerpos en un contenedor y dejar el Escalade para que se lo roben. O podríamos tapar los cuerpos con una manta en la parte trasera del Escalade y dejarlo en el aparcamiento de larga estancia del aeropuerto.

Mientras Katya le daba vueltas con su privilegiada cabeza a nuestras opciones para deshacernos de los cadáveres —algo nuevo para ella, supongo—, un coche entró en el callejón sin salida con los faros encendidos.

Estábamos en su Ford, aparcados en su plaza asignada como una pareja al final de una cita.

Pero los cadáveres estaban a la vista. Se desangraban donde habían muerto, en los asientos delanteros de un coche mal aparcado en zona prohibida.

Si alguien se molestaba en mirar, estaría llamando a emergencias antes de dejar de gritar.

Decidiéramos lo que decidiéramos, teníamos que hacerlo ya.

—¿También mencionaste una decisión estratégica?

Mi cerebro había resuelto esa cuestión mientras Katya reflexionaba.

—Creo que acabo de dar con la solución. Deberíamos ir al aeropuerto. Y ya que vamos de todos modos...

—Ya tenemos plan para los cuerpos. —La voz de Katya sonaba optimista, dadas las circunstancias.

—Exacto. Subamos para que te pongas unos vaqueros y metas lo imprescindible en la mochila. Si me das tus dos mantas más viejas, algo de limpiacristales y un rollo de papel de cocina, me pongo manos a la obra aquí abajo.

—Para el carro, Achilles. Te estás poniendo críptico otra vez.

—No es mi intención. Es que estoy emocionado. He encontrado el hilo común que conecta a tus agresores con la muerte de mi familia. Solo es un hilo, pero basta para empezar a tirar de él.

—Pero no aprendimos nada de los sicarios. Los mataste antes de la primera pregunta.

—También fue mi primera reacción. Pero luego me di cuenta de que estaba pasando por alto lo evidente. —Quería dejarla llegar sola a la conclusión. Se sentiría mejor si lo conseguía.

La tenue luz de una farola se filtraba por el parabrisas e iluminaba el rostro pensativo de Katya. La observé darle vueltas al asunto. Parecía agradecer el ejercicio mental y la distracción momentánea. Tras unos segundos en blanco, le di una pista.

—¿Recuerdas nuestra conversación de anoche sobre el móvil?

Asintió.

—Llegaste a la conclusión de que tu padre y Colin fueron asesinados para obtener algún beneficio empresarial desconocido. Me convenciste de que ningún otro móvil explicaba lo ocurrido.

—Exacto. Ahora piensa en los sicarios. ¿Qué tienen en común con un interés empresarial que compartían mi hermano y mi padre?

—No aprendimos nada de los sicarios. Al menos yo no. ¿Viste algo?

—No fue lo que vi. Fue lo que oímos.

Katya estaba claramente frustrada por no dar con la respuesta, pero sabía que lo conseguiría. Empezó a pensar en voz alta.

—Estaban hablando de qué hacer. De dónde esperarme.

Vieron mi coche y dedujeron que estaba en casa de algún vecino o en el gimnasio.

Nada sobre ellos mismos ni sobre su jefe.

.. — Su voz se apagó, y entonces vi que caía en la cuenta—.

Rusia. Estaban hablando en Rusia. Tu padre y tu hermano tenían negocios en Rusia.

—No puede ser una coincidencia. ¿Sabes con quién trabajaba Colin?

—La empresa cerró.

—Puede que la empresa ya no exista, pero con suerte algunos de los antiguos empleados sí. ¿Conocías a alguno de ellos?

Lo pensó un momento, con el rostro encantadoramente animado.

—No me mudé con él hasta después de que Vitalis cerrara, así que no sé mucho del tema.

Lo que sí sé es que era el único empleado de la empresa en Rusia.

Como startup, lo externalizaban todo. Su labor como director médico se centraba en el ensayo clínico, y para eso trabajaba con una organización de investigación contratada con sede en la Escuela de Medicina Séchenov.

La Clinical Connection o algo así. Está cerca de la Universidad Estatal de Moscú.

La única persona que Colin mencionó alguna vez fue la coordinadora clínica, la Dra.

Tarasova. Tanya Tarasova. Lo llamó más de una vez.

Puedo buscar el número de la oficina y preguntar por ella.

—Excelente. Cuando lleguemos al aeropuerto, llámala y concierta una cita.

—¿Vamos a Moscú? ¿Ese es el vuelo que tenemos que coger?

—Exacto.