CAPÍTULO 28 #2
Una punzada incómoda me aprieta el pecho fuertemente. Detrás de sus ojos limpios no hay burla, pero esa voz cruel que vive en mi cabeza se activa de inmediato, recordándome cada imperfección. Es doloroso ver cómo una niña ve algo bonito en mí que yo todavía sigo siendo incapaz de reconocer.
―Tú también eres muy guapa ―contesto, dejando de lado todos los pensamientos que se me vienen a la cabeza―. ¿Eres su prima pequeña ?
―Sí ―responde, acompañada de un gesto firme con la cabeza.
―¿Cómo te llamas?
―Freya. ¿Y tú?
―Clara.
La niña, asiente con la cabeza y se acerca más a mí, colocando sus manitas sobre mi cara.
―Te pega ese nombre, va a juego con tu cara ―dice, soltando una pequeña risita mientras me aprieta las mejillas, deformándome el rostro por un momento. Gesto que me hace reír a mí también.
Cojo sus manos entre las mías y me levanto lentamente dirigiendo una última mirada a la pequeña.
―¿Vas a su habitación? ―pregunta, frunciendo el ceño―. Es tarde, seguro que está dormido. ¿Por qué no vienes a la mía a jugar con la nueva casa de muñecas que me han comprado? ―sugiere, volviendo a iluminar su sonrisa.
―No puedo, Freya, seguro que Joe me está esperando.
La niña, pone pucheros y me agarra de la mano.
―Por favor ―pide de una forma tan tierna que casi me convence―. Joe nunca quiere jugar conmigo, y Evie tampoco, ni siquiera mi tata Iris o mi prima Lily.
―Mañana después de desayunar voy a tu cuarto y jugamos juntas, ¿vale?
Freya vuelve a sonreír y asiente muchas veces con la cabeza .
Se da la vuelta y justo antes de meterse a su cuarto, se da la vuelta.
―Después del desayuno ―confirma, y después, cierra la puerta.
Vale. Ahora ya no hay nadie más por el pasillo, así que, temblorosa y sin llamar, entro directamente en la habitación de mi novio.
Joe, está despierto, solo con unos pantalones y recién duchado.
Jo. Que guapo .
Se encuentra recostado en la cama, manteniendo la espalda erguida contra la pared mientras estira las piernas sobre el colchón y leyendo un libro.
Gira su cuello y se le enciende la mirada cuando me ve.
―Hola ―murmuro, cerrando la puerta detrás de mí.
Con una sonrisa tranquila, da unos golpecitos a la cama para indicarme que me siente con él.
―Hola ―saluda de vuelta, dándome un beso en los labios que me derrite por dentro.
Al ver que no me tumbo a su lado, deja el libro en la mesilla, me coge entre sus brazos y me lleva con él a la cama.
―Joe… ―empiezo a decir de forma seria, decidida a hablarle de lo de Evie.
―¿Qué pasa?, ¿te ha hecho algo?, ¿por eso has venido? ―pregunta tenso, hablando bastante más rápido de lo normal .
―No es eso, tranquilo.
Deja escapar el aire que retenía y vuelve a respirar bien.
―Estaba llorando ―confieso en un susurro―. Evie estaba llorando.
Con cara de confusión, igual que la que yo había puesto antes, me mira fijamente.
―Seguro que es alguna bobada, no pasa nada.
―No sé, Joe… Me dijo que viniera contigo, de buenas maneras.
Aún más confundido, se queda un rato en silencio analizándolo y vuelve a ponerse de la postura que tenía antes cuando entré a la habitación y da por terminado el tema.
La verdad, no sé por qué me preocupa tanto. A Joe ni siquiera le importa.
―¿Qué estás leyendo? ―pregunto, centrándome más en su torso desnudo que en el libro.
―Sé que no estás mirando el libro, cariño, así que no intentes disimular. Mira todo lo que quieras ―contesta, sujetando el libro a la altura de su cara para dejarme mirarlo de arriba abajo.
La hostia .
Noto mi cara cada vez más roja y ardiendo.
―No estaba mirando eso ―balbuceo sin saber qué contestar.
―Clara …
―Mañana he quedado para jugar con tu prima a la casa de las muñecas ―suelto, en un intento desesperado de que no diga nada más que me haga sonrojar.
Sorprendido, se acerca más a mí y pasa una página del libro.
―¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué Freya te ha liado para que juegues con ella?
Asiento con la cabeza, doblando el cuello hacia atrás para mirarle a la cara.
―Es muy inteligente. Yo también buscaría cualquier excusa para entretenerme contigo―dice, con una sonrisa asomándose por la comisura de sus labios.
―¡Joe! ―exclamo, dándole un leve golpe en el pecho.
―¿Qué? Solo digo la verdad.
Con la cara roja a más no poder, me doy la vuelta avergonzada y me cubro la cara con las manos.
Joe me agarra con sus enormes manos por la cintura y me vuelve a poner bocarriba.
―No hagas eso cada vez que te sonrojas ―me regaña quitándome las manos de la cara―, me encanta tu cara cuando te pones así. Estás tan preciosa…
―Joe, no mientas.
―No lo hago, eres preciosa.
Ruedo los ojos y apoyo mi cabeza contra su pecho, intentando respirar a la vez que él.
―Te quiero, Clara.
―Te quiero, Joe .
Él, me tumba encima suyo, con las piernas alrededor de su cadera y mis brazos agarrando sus hombros.
―¿Quieres que lea?
Frunciendo el ceño, le miro a los ojos.
―¿Que leas?
―Queda un capítulo del libro que estoy leyendo, ¿quieres que lo lea en alto?
Como respuesta, asiento con la cabeza y desconecto de todo a mi alrededor para concentrarme en él. En su voz. En su respiración. En lo tremendamente guapo que es.