CAPÍTULO 28 #3
―Mi amor, ¿te vas a dormir ya? ―pregunta, dejando el libro en la mesilla cuando termina de leer.
―Sí. ¿Te hago daño aquí encima?
Que preguntas… Pues obviamente que le hago daño. Peso mucho, y encima llevo un buen rato aquí.
Me quito de encima y me tumbo en el colchón a su lado antes de que pueda contestar.
―¿Qué haces, Clara?
―Nada.
―¿Por qué te has quitado?
―Porque peso mucho y no te quiero hacer daño ―digo, sin darle importancia.
―No me hacías daño ―dice con calma, desviando la mirada hacia el techo.
Le recorro con la mirada de abajo hasta llegar a sus ojos, que me miran con un ápice de diversión .
―¿Quieres comer algo? ―pregunta, incorporándose.
―Sabes que no ―respondo, con un suspiro.
Joe se levanta y va hacia el escritorio, coje algo de el cajón y se vuelve a tumbar a mi lado.
―En la gasolinera estaban tus galletas.
―¿Mis galletas? ―pregunto alzando las cejas, soltando una pequeña risita.
―Sí, creo que en este punto ya te pertenece la marca. Te van a hacer embajadora oficial.
―Es que están muy ricas ―admito, con una sonrisa ladeada.
―Pero no te apetece comerlas.
―No ―confirmo, a pesar de que no parecía una pregunta.
―¿Y eso por qué?
―No sé… Solo siento que aunque tenga buena pinta y eso, no puedo comerlo. Se me cierra el estómago y ya. No creo que tenga mucha más explicación.
―Pero ahora lo vamos a comer, ¿verdad? ―me anima dándome una galleta del paquete.
Con un suspiro tembloroso, me incorporo y niego con la cabeza.
―Lo siento, pero me he lavado los dientes ―pongo de excusa.
―Yo también ―coincide mi novio, pero a pesar de su respuesta, me pone la galleta en la mano y la conduce hacia mi boca―. A la de tres le damos un mordisco enorme, ¿vale?
Asiento con la cabeza, sintiendo el corazón en un puño.
―Uno… Dos…
Justo antes de llegar al final, da un mordisco gigante que hace desaparecer toda la galleta en un abrir y cerrar de ojos.
―Y tres ―termina el recuento a duras penas, salpicándolo todo con migas de doble chocolate cada vez que abre la boca.
Sin poder evitarlo, suelto una carcajada salvaje, y me rio tanto que por un momento casi se me olvida cómo respirar.
―Te toca ―vuelve a hablar, salpicándome entera de migajas de la mejor galleta del mundo.
Con el corazón a punto de salírseme del pecho, tomo una última bocanada de aire y sin pensar muy bien en lo que hago, doy un gran bocado a la galleta.
No tan grande como el de Joe, pero lo suficientemente grande como para llevarme poco más de media galleta en un solo mordisco.
Los dos estallamos en risas tan fuertes que podríamos despertar a los de las habitaciones de alrededor.
De repente, se oye que llaman a la puerta.
Joe, mastica rápido lo que le quedaba de galleta en la boca y me hace señas para que me esconda debajo de las sábanas.
―Joe, abre ―dice una voz en el otro lado de la puerta .
―¡Pasa! Está abierto―exclama mi novio cuando estoy escondida detrás de él para que no se note mi cuerpo entre las sábanas.
Keeva entra en la habitación y se apoya contra el marco de la puerta.
―¿Por qué se oyen risas en esta habitación? No creo que hayas colado a Clara a dormir, señorito.
Aterrada y sin poder mover ni un solo músculo, Joe me agarra la mano por debajo de las mantas para tranquilizarme.
―No hay nadie mamá, ve a la habitación de Evie.
―No te creo, Joe. Espero que no esté debajo de la cama ―advierte, caminando a paso rápido hacia la cama, levantando la parte que cuelga para mirar debajo.
Al ver que no hay nada, pasea la mirada por toda la habitación.
Ahora mismo, agradezco de veras que Joe sea tan grande, porque si no, me hubiera pillado.
―Voy a ir al cuarto de Evie.
Y así sin más, sale de la habitación para ir al cuarto de Evie.
Oh, no .
Me quito las sábanas de la cabeza y le miro, con una mezcla de terror y adrenalina en el cuerpo que me dan ganas de reír .
―Shh ―hace Joe sonriente, poniéndome una mano en los labios para que me deje de reír―. No te rías, casi nos pilla.
―Pero no lo ha hecho ―replico, con una sonrisa de oreja a oreja que no puedo quitar de mi rostro.
―Así es. No lo ha hecho.
Joe me envuelve en un abrazo y coje el pedazo de galleta que no me he comido antes.
―¿Lo quieres?
Con un suspiro, me muerdo el labio, bastante indecisa.
―Sé que debería, pero no puedo.
―Pero sabes que deberías, así que no hay que pensar más ―concluye, llevando la galleta a mi boca.
Mastico como antes y trago el trozo lo más rápido que puedo.
―¿Te ha dicho alguien algo de tu cuerpo en la playa? ―pregunta, retirándome un mechón rebelde de la cara.
Niego con la cabeza como respuesta.
―Es porque no hay nada de lo que hablar. Es más, habrán pensado: «Qué guapa es esta chica, qué suerte tiene que tener Joe para que sea su novia» ―dice imitando la voz de alguien mayor.
Ruedo los ojos como respuesta y me levanto para meterme en su baño.
Me enjuago la boca para quitarme el sabor de la galleta y vuelvo a su lado .
Joe, me acoge entre sus brazos y me acaricia la parte baja de la espalda.
―Demasiado lejos, Clara ―bromea con el mismo tono de siempre al decirme eso.
―Es imposible acercarme más, Joe ―contesto sin poder evitar sonreír.