CAPÍTULO 27
Joe
Hoy presiento que va a ser el peor día de todo el verano para Clara. Mi familia nos ha invitado a mis padres, a Evie y a mí a una cena en la playa de Cloughter para volver a reunirnos todos juntos como lo hacíamos cuando éramos pequeños.
Esta vez, he invitado a Clara aunque mi madre no estuviera muy de acuerdo con eso. No cree que debamos de compartir habitación, pero también sabe que es inviable ponerla con Evie, y no la quiero dejar con alguna de mis primas pequeñas, la volverían loca.
―¿Has cogido todo, Clara? ―pregunta mi madre, corriendo de un lado a otro del pasillo y gritando estresada como siempre que tenemos algo importante.
―Sí, sí. No se preocupe, señora Hunt ―contesta, con un tono de voz completamente distinto al de mi madre, mucho más tranquilo y pausado.
Voy a su lado, y tan rápido como toco el colchón, su pequeño cuerpo se apoya contra mi costado, dejando caer todo su cansancio en mí.
―Creo que voy a caer rendida en cuanto me ponga cómoda en el coche ―susurra con una pequeña sonrisa, inclinando la cabeza para mirarme a los ojos .
―Te viene bien descansar, mi amor, estos días no has dormido nada.
―No es mi culpa que no pueda conciliar bien el sueño ―reprocha, fingiendo cara de enfado.
Ruedo los ojos y me levanto cogiéndola delicadamente en brazos.
―Vámonos al coche.
―¡Joe!, ¡bájame!
Clara tenía razón, ha dormido a pierna suelta todo el viaje.
No se ha levantado ni cuando hemos parado en la gasolinera porque Evie tenía ganas de hacer pis.
Ahora, mis padres y ella siguen dentro, mientras que yo he comprado las galletas favoritas de Clara y unos caramelos para mí y he vuelto corriendo al coche con mi novia.
Por suerte, cuando llego, sigue dormida.
Me siento a su lado lo más silenciosamente que puedo y cierro, haciendo inevitablemente un ruido con la puerta mucho más fuerte de lo que pretendía.
Clara sale de su sueño dando un saltito gracias al susto.
―¿Ya hemos llegado? ―pregunta frotándose la cara con las manos, mirando confundida a su alrededor.
―No, cariño, todavía quedan dos horas ―explico acariciándola la mejilla, en un intento por tranquilizarla y hacer que se vuelva a quedar dormida .
Clara se acomoda en el asiento, mirando por la ventana tratando de ver dónde estamos.
―¿Hemos parado aquí?
―Sí. Si quieres bajarte a estirar las piernas o a hacer pis, mis padres todavía están allí comprando algo para comer en el camino.
Como respuesta, niega con la cabeza y desabrocha el cinturón que la sujetaba contra el asiento. Se tumba utilizando el asiento vacío de su lado y apoya la cabeza en mis piernas.
―¿Crees que he hecho bien en venir? ―pregunta evitando el contacto visual, arañándose la mano repetidas veces.
―Pues claro que sí, mi amor. Mis padres te adoran, y yo también.
―Pero sabes que a tu hermana… no le gusto mucho, que digamos.
―Clara… sabes que a Evie no la tienes que hacer caso.
―Ya, pero siento que me estoy metiendo mucho en su vida. Ahora, aparte de casi vivir contigo, vengo a un viaje familiar a conocer a tus primos, tíos, abuelos, y… y… no sé, Joe. Me siento fatal.
Cuando dice eso, se me encoje el corazón. Vuelve a pensar que es una carga para los demás, y se equivoca.
Puede que a Evie la moleste que ella esté aquí, pero a los demás no. Y se tiene que aguantar, porque ahora Clara es mi novia, y no pienso volver a joderlo todo.
―Mi amor… ―digo con calma, acariciándola el pelo―. No pasa nada, Clara, no te sientas mal por esa bobada, pr obablemente se sienta culpable por lo que pasó, pero no dejes que eso te incomode. Hace bien en sentirse mal.
―No digas eso. Es tu hermana ―me regaña, dirigiendo la mirada a mis ojos.
―Y tú eres mi novia. Paso de que en este viaje estés pasándolo mal porque te haga sentir a ti culpable. Así que ahora mismo te vas a olvidar de ella y nos lo vamos a pasar genial, te lo prometo.
Con un suspiro, se vuelve a incorporar y llega a ver por la ventana como mis padres caminan hacia el coche con pasos lentos.
―Estás en mi sitio ―dice señalándome.
―Lo sé, antes de bajarme te he cambiado de asiento al del medio para que tuvieras más espacio y estuvieras más cómoda.
―¿Me le vuelves a cambiar? Es que no quiero ir al lado de Evie.
―Como usted pida, mi princesa.
Clara se sienta en mi regazo en un intento desesperado por cambiarse justo antes de que mis padres se vuelvan a subir al coche. Por mala suerte para ella, abren la puerta antes de que se pueda sentar en el asiento y nos pillan en una postura de lo menos apropiada.
Genial . Lo que faltaba .
―¡Joe! ―grita mi madre, cogiendo color en la cara, que cada vez se la ve más enfadada .
Mi padre, da un sorbo a su café mientras se separa del coche y mira para otro lado.
―Suéltame ―murmura Clara sin que mi madre la oiga, intentando separarse de mí―. No se preocupe, señora Hunt, solo me cambiaba de sitio porque antes me he quedado dormida aquí y es el asiento de Joe ―le explica a mi madre, hablando tan rápido que es difícil entenderla.
Evie, se queda mirando un rato y luego hace exactamente lo mismo que mi padre.
―Joe Hunt. Hace un momento me estabas tratando de convencer para que la dejara dormir en tu cuarto y ahora os veo pegados como lapas ―exclama sentándose en su asiento y girando el cuello de una forma casi inhumana para mirarnos mientras nos riñe―.
¡Solo han sido diez minutos y ya estáis en modo parejita!
―¡Mamá! ―grito de vuelta, avergonzado.
―Ni penséis que vais a dormir juntos.
―Pero señora Hunt…
―Keeva, cariño ―la corrige, aún furiosa―. Y no, no rechistes que no me vas a convencer de nuevo.
Mordiéndose el labio mucho más fuerte de lo que debería, Clara apoya la cabeza contra la ventana y se cruza de brazos, suspirando y dándome un golpe con la rodilla.
―Y entonces, ¿con quién compartiré habitación? ―pregunta, llevándose la mano a la boca y dándose pequeños mordiscos en la palma repetidas veces .
―Con Evie―contesta mi madre con voz incómoda, evitando todo contacto visual con mi novia cuando dice ese nombre.
Evie, se gira con la cara bastante roja y mira a mi madre fijamente, luego, pasa la mirada de ella, a nosotros.
Mientras tanto, a Clara se le corta la respiración y me mira aterrorizada.
―Mamá, no es buena idea. Es más, es una pésima idea ―intervengo, a punto de cortocircuitar.
―Lo sé, pero no queda de otra.
―Si no quieres ponerla conmigo, ponla con Iris o con Lily, seguro que será mejor.
―No, ellas son pequeñas y no quiero que Clara se sienta incómoda.
―No… No se preocupe, señora Hunt, no me sentiré incómoda con ellas.
Mi hermana, la observa fijamente con un ápice de dolor en su mirada.
―Cariño, conozco a mis sobrinas, créeme cuando te digo que no te conviene estar en su cuarto si quieres dormir.
―Pero…
Mi madre, da por zanjado el tema y dirige la vista hacia mi padre, que mira de vez en cuando a ver si ha pasado algo.
Me fijo en Clara, que está con las lágrimas saltadas evitando todo contacto conmigo y con los demás.
―Mi amor… ―empiezo, pero ella no me mira.
―No quiero hablar, Joe.