Brillando entre las grietas CAPÍTULO 25 #6
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CAPÍTULO 25 #6

―Ni nadie, mamá. No lo sabía nadie excepto ella y yo, porque ninguna figura de autoridad hizo nunca nada. Los profesores la tomaban por mentirosa y su madre… ―se me van cayendo las palabras para no irme de la lengua más de lo esperado―. A sí que dejamos de insistir.

―¿Por eso la cena… ―empieza a conectar todo lo de esta noche, incluida la parte en la que la ha dicho lo de que no había comido nada.

Toma, ahí lo tienes, siéntete como se sentí yo .

―Oh, dios mío…

Mi madre suspira quitándose las lágrimas de la cara y se da la vuelta para colocar los platos en el lavavajillas, haciendo como que no llora, pero sé que lo hace.

―Espero que no heches a Clara, y que riñas a Evie.

―No te preocupes .

Me doy la vuelta, derrotado y entendiendo la gravedad de las palabras que he soltado por la boca. He contado todo. Todo . Y Clara lo sabe… Seguro que nos ha oído.

Abro la puerta de mi habitación y busco nervioso a mi novia al ver que no está en la cama ni en el puf.

De repente, oigo unos sollozos ahogados, provenientes del baño de mi cuarto. Entro cautelosamente y la veo en el suelo, llorando, metida en el hueco minúsculo de entre la bañera y el lavabo.

―Clara…

Cuando se da cuenta de mi presencia, se cubre la cara aún más entre los brazos.

―Lo siento mucho ―me disculpo sinceramente, con el pecho subiendo y bajando de arriba abajo, porque sé perfectamente que le he cagado.

―¿Pu…, ¿puedes dejarme sola? ―dice balbuceando mientras llora.

―No te voy a dejar sola, mi amor ―le digo, intentando cumplir la promesa que la hice.

Niega con la cabeza cuando me acerco y pone su mano en medio de nosotros para que no me acerque más.

―No… no quier… quiero.

― Por favor ―suplico con una presión en el pecho que me ahoga solo con verla así.

Me sostiene la mirada, revelando un iris empañado y muy enrojecido del llanto. Con suavidad, alcanzo a recoger las lágrimas que se escapan por su rostro, secándolas con un gesto lento y delicado.

―¡Se lo has dicho! ―solloza dándome un golpe en el pecho, que no se compara en nada al dolor que siento al verla así― Se lo has contado todo .

Se cubre la cara dándose la vuelta para no mirarme, llorando más fuerte que antes.

―Vamos a mi cama, no te quedes aquí, que hace mucho frío ―digo en un intento de sacarla de su desconsuelo.

―No ―niega con la cabeza―, estoy bien aquí. Déjame sola.

―Clara… Vamos a dormir ya.

―He dicho que no, Joe. No quiero estar contigo.

―Venga, vente conmigo a dormir, mañana tenemos que ir juntos a clase ―trato de convencerla, cambiando un poco el tema.

―No quiero ir contigo ―vuelve a decir, dolida y enfadada por mi culpa.

―Clara, si no se lo decía…

―No pasaba nada, Joe ―dice en un murmuro dolido―. Si no se lo hubieras dicho, nadie se hubiera enterado.

Joder…

Poso mis manos sobre su piel, con mucho cuidado de no alterarla más. Noto que se estremece, pero sigo adelante y la cojo por debajo de los brazos, llevándola como a un bebé hacia la cama .

El dolor me cala los huesos. No tiene fuerzas ni para luchar conmigo, tan solo se deja llevar mientras empapa mi cuello con lágrimas.

La tumbo en la cama conmigo y se da la vuelta para no darme la cara.

La acaricio la espalda hasta que noto que su respiración se vuelve regular con el tiempo y siento que se queda dormida por completo.

Ya he acompañado a Clara a clase. No me ha hablado en todo el camino. Ni siquiera ha bajado a desayunar, lo que significa que no come nada desde hace muchísimo tiempo.

Ahora estoy de camino al entreno con Grayson.

―¿Se está quedando en tu casa?

―Sí.

―Joder, tío, que chollo.

―¿Por qué lo dices?

―Puedes estar con ella todo el rato, imagínate cuando te apetezca…

―Cállate ―le interrumpo antes de que pueda acabar de decir lo que piensa.

―Joder, que corta rollos.

Ruedo los ojos como respuesta.

―Pero a ver que me aclare ―retoma el dichoso tema―, no habéis hecho nada de...

―No, tío. Y aunque lo hiciéramos, no te lo diría.

―¿Por qué? ―dice llevándose una mano al pecho con un jadeo de pura indignación teatral.

―Porque no .

Suspira dramáticamente y me mira.

―¿Pero ha habido algo más que... ya sabes, miraditas? Algún roce estratégico... ¿Habéis pasado a la fase de exploración? ―Dice abriendo los ojos de par en par―. Si el encuentro requiere de "medidas preventivas", ya sabes que mi farmacia personal está abierta...

―Joder, cállate ya ―le interrumpo dándole un golpe en la cara con la mochila de deporte.

―Bueno, bueno, relájate… Solo estaba siendo un buen amigo.

De pronto, se calla por una milésima de segundo.

―Oye, tío, ¿Nunca has pensado lo que pasaría si vas andando por la calle para ir a tu casa y de repente te cae una sandía de un árbol?

―cambia de tema, mirándome seriamente, lo que quiere decir que no está bromeando con la estupidez que acaba de decir―.

Es que eso te puede matar, el impacto, quiero decir.

Mi única reacción es mirarlo boquiabierto.

―No me creo que hayas dicho esa chorrada, Gray ―balbuceo, impresionado.

―No es una chorrada, Joe, es serio ―dice frunciendo el ceño.

―Las sandías crecen en la tierra, Grayson, no en los árboles ―intervengo, aún incrédulo.

Se queda pensándolo unos segundos, analizando lo que le acabo de decir, como si temiera que le estuviera mintiendo .

―Hostia puta, Joe, eso no lo había pensado.

―Ya veo…

―Joder, tío, me podrías haber seguido el rollo, ¿no? Me acabas de arruinar todas mis ilusiones.

―¿Querías que te cayera una sandía en la cabeza? ―pregunto alzando las cejas.

―No, bobo, quería pensar algo lógico que dejara boquiabierta a la gente, no a mí.

―Viniendo de ti es raro que tenga lógica, y si te sirve de algo, tu estupidez me ha dejado boquiabierto.

Grayson vuelve a dramatizar, llevándose la mano a la frente.

―Me has ofendido, Joe, discúlpate conmigo ―exige cruzándose de brazos.

―No me voy a disculpar.

―Joe… No me hagas decírselo a nuestra madre…

Este crío es un puto imbécil.

―¿Pero tú eres tonto? ―pregunto cruzándome también de brazos―, mi madre no es tu madre.

―Ya lo sé, pero es como si lo fuera ―reprocha.

―No que va, deja a mi madre.

―Joder, Joe, tienes menos sentimientos que un coco, eh ―me mira aburrido la cara de confusión―. ¿Lo pillas?, los cocos no tienen sentimientos ―explica moviendo las manos en el aire.

Joder …

Me adelanto para alcanzar a Royce y dejar el tema con Grayson, porque sé que, si me quedo, no parará.

―¿Qué tal, tío? ―saludo dándole una palmada en la espalda.

―Bien…

Frenó sus pasos bruscamente. Una mueca de evidente desagrado cruzó su rostro en cuanto sus ojos se toparon con los demás tíos del equipo.

―Tío, te tengo que contar una cosa ―dice suspirando, mirando hacia los lados―. Es que creo que lo deberías de saber.

―¿Qué pasa? ―pregunto preocupado por su repentina seriedad.

No me apetece escuchar malas noticias, la verdad.

―No hagas nade, ¿vale? Pero el día de la fiesta, Llyod intentó algo con Clara.

Imbécil .

Cierro los ojos intentando calmarme utilizando de nuevo el viejo truco de contar hasta diez.

―Relájate, Joe, ya le dije yo que no.

―Bien hecho, tío.

Me contengo para no montar un numerito y me vuelvo a juntar con Grayson.

―¿Sabes qué hora es? ―pregunta distraído.

Miro el reloj de mi muñeca.

―Las dos y trece ―digo la hora tal cual aparece en el reloj .

Grayson sonríe y me mira soltando aire por la boca, como si estuviera conteniéndose de…

―Mientras más la chupas más me crece ―interrumpe mis pensamientos echándose a reír.

Sabía que iba a decir algo de eso.

―Joder Grayson, tienes la edad suficiente para no hacer eso.

―Es que me le has puesto a huevo ―reprocha.

Suspiro apretando la mandíbula. Tiene razón, estaba en bandeja.

―¿Vas a invitar a Clara esta tarde? ―me pregunta, refiriéndose a la quedada en su casa.

Vamos a ir él y yo, también ha invitado a Evie, pero espero que no vaya.

―No sé…

―Vamos tío, no te avergonzaré.

―¿Seguro?

―Pues claro, yo estaré a lo mío con tu hermana.