CAPÍTULO 25 #5
Clara se echa aire a la cara para que se quiten los coloretes que lleva.
Salgo de la habitación lo más rápido que puedo y me encuentro a mi madre en las escaleras.
Clara sale detrás de mí, con las manos entrelazadas entre sí y mordiéndose el interior del carrillo.
―Hola, cariño ―me saluda mi madre, prestando atención a la personita de mi lado con un gesto de sorpresa―. ¡Clara!, ¿qué haces aquí?
―Emm… ―aprieta sus dulces labios y me mira nerviosa, en busca de algo de ayuda.
―Estábamos hablando de la fiesta de ayer ―intervengo.
―¿La de Grayson? ―pregunta mi madre pasando la mirada de uno a otro.
―Sip, esa misma ―confirmo asintiendo firmemente con la cabeza.
―¿Solo eso? ―pregunta frunciendo el ceño, entrometiéndose como siempre―, ¿no ha habido toqueteos…?
―¡No!, por Dios mamá, no digas eso ―digo, ahora cogiendo calor en las mejillas, al igual que Clara.
―Vale, vale, me fio de vosotros.
Y sin más, se va para su habitación.
―Una cosa mamá. ¿Se puede quedar Clara unos días aquí? ―pregunto, soltando todo el nudo de golpe .
Mi madre me mira extrañada.
―¿Para qué?
―Tiene algunos problemas familiares ―explico, intentando no irme de la lengua, para tranquilizar a Clara―, pero su hermano sabe que está aquí y la deja quedarse.
―Vale, si tiene permiso y su hermano sabe que está aquí supongo que se puede quedar ―acepta mirándola sonriente―. Hace mucho que no venías ―se entromete de nuevo.
―¡Mamá! ―me quejo, tirando a Clara del brazo para que se ponga a mi lado.
―¿Qué pasa? ¿Es que ahora no puedo preguntar? ―exclama molesta.
―No, no puedes ―respondo cruzándome de brazos.
―La preparo la cama en el cuarto de Evie y ya ―retoma el tema, rodando los ojos.
―No, mamá, dormirá conmigo.
A mi madre casi se le salen los ojos de la cara al escucharme.
―Ni de broma, señorito.
―Mamá no haremos nada, si quieres estaremos con la puerta abierta.
―No, Joe.
―Sí, mamá.
―He dicho que no, Joe. No me hagas enfadar que acabo de llegar .
―No te quiero hacer enfadar, solo quiero que entiendas que va a dormir conmigo.
―Pues no. Me niego rotundamente.
―Siempre ha sido así.
―Cuando teníais siete años ―rebate mi madre.
―Yo tenía nueve.
―Pero ahora no. Ahora solo sois hormonas andantes en busca de alcohol, fiestas y cosas que solo deberían de hacer los adultos.
―Mamá, no me puedo creer que hayas dicho eso ―digo boquiabierto y con la cara roja, escondiendo a Clara lo más que puedo tras mi cuerpo.
―¿Qué?, no he dicho ninguna mentira. Ya sabes por qué no me fio de tener dos adolescentes juntos en una habitación durmiendo. ¡Mira la hija de la amiga de la vecina de enfrente! Se quedó embarazada con quince años.
―No tenía quince mamá, tenía veinticinco ―digo, acordándome perfectamente del momento tan incómodo que me hizo pasar esa tarde.
―No, eso no es lo que me dijo la vecina.
Con un suspiro, niego con la cabeza, incapaz de seguir peleando con esta mujer.
―Déjalo, mamá. Vamos a dormir juntos y ya, no hay negociación.
Suspira molesta y me hace un gesto con la mano para que nos vayamos a mi habitación .
Genial. He conseguido mantenerme tan cabezota a lo largo de mi vida, que al fin me sirve para algo útil.
Hemos bajado a cenar todos juntos en familia.
Me estoy poniendo nervioso, porque a Clara le está costando mucho comer, y yo no la puedo ayudar con mis padres delante.
Mi novia juguetea con la comida, moviendo el filete troceado de un lado a otro del plato, mientras que nadie se fija en ella. Mis padres siguen hablando, ignorando la palidez de sus mejillas y la forma en que sus dedos tiemblan cada vez que toca la comida.
En este momento, la verdad me golpea con una fuerza dolorosa: nadie ve que tiene un problema grave, porque a nadie le importa su vida.
No es que mis padres no la quieran, lo contrario, mi madre la tiene mucho cariño. Pero es que están demasiado cómodos en su propia burbuja como para permitirse notar que el aire de ella se está agotando, y no solo de ella, si no de cualquier otra persona.
A nadie le importa lo suficiente como para mirar dos veces, para preguntar de verdad, para romper la fachada de esta cena perfecta…
―¿Puedes comer aunque sea un trozo? ―le susurro cuando mis padres y Evie no parecen escuchar. Llevan toda la cena hablando del maravilloso hotel al que han ido .
―Sí, claro, es lo que hago ―responde sonriendo, intentando ocultar su dolor.
―No, no lo haces, Clara…
Suspira de forma temblorosa y pincha un trozo de carne.
Se le mete a la boca temblando como nunca, y mastica rápido antes de tragar.
Por lo menos lo intenta .
De repente, mi padre se levanta de la mesa y se va ―como siempre cuando termina de cenar―, a su despacho.
Los demás, recogemos nuestros platos, y yo recojo el de Clara. No la quiero avergonzar delante de mi madre. Luego la llevaré a la habitación algo más de comer.
―Clara, cariño, no has comido nada ―la regaña mi madre mirando el plato lleno―. Si no te gusta te puedo hacer otra cosa.
―No, no, estoy bien ―se apresura a decir mi novia, mirándome fijamente, como si pudiera hablar con los ojos para decirme que me invente algo.
―Es que hemos comido antes de que vinierais, por eso no teníamos mucha hambre.
―Tú te lo has comido todo ―rebate mi madre, con la implacable cara de madre de “sé que mientes”
―Es porque necesito energía para mantener mi cuerpo atlético para los entrenos, eso ya lo sabes, mamá ―invento, tratando de ser lo más convincente posible .
Mi madre me dirige una última mirada afilada y luego la desvía a Evie, que no para de suspirar intentando llamar la atención de nuestra querida progenitora.
―Pero mamá, ¿por qué se tiene que quedar? ―reprocha Evie cuando mamá al final la mira. Sin importar que Clara esté cerca de ella.
―Clara es tu amiga, y, además, se quedará con tu hermano ―contesta mi madre, cansada porque parece haber tenido la misma conversación millones de veces.
―No es mi amiga, mamá ―dice cruzándose de brazos―. Es la puta que trae mi hermano a casa para divertirse, ¿no los ves?, seguro que se han estado acostando todos estos día que hemos estado fuera.
Clara se frena en seco y agacha la cabeza, como si la hubieran dado un golpe en el estómago.
―¡Evie!, ¡no digas eso! ―la regaña mi madre rápido, antes de que la zorra de mi hermana pueda seguir hablando―. Lo siento mucho, Clara.
Mi novia sonríe temblorosa un segundo, un gesto que es más una grieta que una sonrisa, y se da la vuelta para irse a la habitación.
Camina con una rapidez forzada, como si el comentario de mi hermana fuera un cristal incrustado en su espalda que solo se mantiene en su sitio si no se atreve a respirar.
―Eso es, vete de aquí ―dice mi hermana enfadada.
Clara no se frena, sigue con su camino, obedeciendo a la que antes era su mejor amiga .
―Cállate, imbécil ―le grito defendiendo a mi novia, que en estos momentos la veo subir las escaleras igual de frágil que cuando era más pequeña―, no te ha hecho nada.
―Ha venido a mi casa a acostarse con mi hermano y a molestarme. Eso es lo que me ha hecho.
―Eres una hija de puta. No te atrevas a decir ni una puñetera palabra sobre ella ―indico señalándola con el dedo en señal de advertencia.
―¡No sabes lo que me hizo! ―grita por encima de mi voz, haciéndose la víctima―, no quiero verla.
―¡No te hizo nada!, eres tú la mala y la que hace todo el puto daño ―replico, gritando más que ella. Si esto es un duelo, veamos quién gana.
Clara se ha subido arriba ya hace unos segundos, le he escuchado cerrar la puerta a pesar de los gritos de la loca que tengo enfrente.
―Joe, sabes que yo quiero mucho a Clara. Pero Evie es tu hermana y no sabes qué le ha hecho ―se entromete mi madre, intentando que me ponga de parte de mi hermana.
―No, mamá ―digo negando con la cabeza varias veces. Bajo el tono y respiro―. Me niego a defender a esta zorra.
―¡Joe! ―me regaña mi madre―. Es tu hermana, sangre de tu sangre. No puedes defender a Clara cuando Evie es la que está mal con todo esto. A ver, que no sé la versión de tu amiga, pero lo que me ha contado Evie…
―Cállate, mamá ―digo intentando tranquilizarme, contando hasta diez, o quizá hasta treinta .
―No me mandes callar, Joe, soy tu madre.
―¡Entonces escúchame! ―vuelvo a subir la voz, bastante por encima de la suya.
Mi madre y mi hermana se callan a la vez.
―A la que estás defendiendo es a una mala persona, mamá. Vio cómo se metían con Clara y no hizo nada. Es más, ella también la empezó a molestar.
―Es mentira, mamá ―interviene Evie, nerviosa porque todo salga a la luz.
―Cállate ―grito señalándola, con la cara roja de la ira―, ¿te acuerdas el día que vino con heridas y los ojos llenos de arena después de salir con ellas?
―Sí ―contesta mi madre frunciendo el ceño.
―Pues fue tu hija junto con las zorras de sus “amigas” ―digo haciendo el gesto de comillas con los dedos para enfatizar―.
La empujaron, la humillaron en el suelo y le cegaron la vista con arena antes de empezar a patearla.
La destrozaron el vientre a golpes, todas a la vez, disfrutando del daño.
Era una emboscada, no hay otra palabra. Todas contra una.
Y entre los rostros de esas agresoras, estaba el de tu hija. ¿Sabes que eso se puede denunciar?
A mi madre se le cambia el color de la cara y su rostro se vuelve pálido.
―No fui yo, mamá ―empieza a llorar Evie―, lo juro.
―Deja hablar a tu hermano ―interviene mi madre, enfadada .
―¿Sabes que estuvo más de dos años sin comer bien porque vomitaba?
, todo por culpa de tu hija y sus amigas con los putos comentarios que soltaban por esa bocaza venenosa.
¿Quieres que diga más cosas o vas a dejar de comportarte como una puta imbécil e ir a disculparte con ella?
―vuelvo a fijar la mirada en mi hermana.
Evie, camina enfadada, secándose las lágrimas mientras sollozaba un montón de palabras. Sube por las escaleras y entra a su cuarto de un portazo.
―No sabía que… ―empieza a decir mi madre.