Brillando entre las grietas CAPÍTULO 25 #4
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CAPÍTULO 25 #4

Asiente con la cabeza lentamente, sin sacarla de mi cuello.

Me incorporo poco a poco, sujetando con una mano su espalda y con otra su cabeza para no molestarla mientras me levanto.

La cojo en brazos como a un bebé y bajo las escaleras para llevarla a la cocina.

―¿Qué te apetece comer? ―pregunto en voz baja para no alterarla.

―Joe, solo he pedido la medicina.

―Para tomarte la medicina necesitas tener el estómago lleno.

―Pero…

―Ya hemos hablado de esto, mi amor. Somos un equipo, ¿recuerdas? Te voy a ayudar pero tienes que poner de tu parte, porque sabes que yo no lo puedo hacer todo.

Con un suspiro tembloroso, asiente.

―Muy bien, cariño. Venga, elige tú algo, aunque sea pequeño.

Mirando alrededor, Clara señala algo en la estantería .

―¿Quieres una galleta? ―digo con una sonrisa, al ver que ha escogido sus favoritas. Las tengo siempre a mano para momentos como este.

―Solo una ―indica, mordiéndose la mano intentando disimular su miedo.

―Lo que tú quieras, mi amor, no te voy a obligar a comerte cinco, pero algo tienes que darle a esa barriguita tuya―le digo, acompañándolo de cosquillas en la barriga.

―¡Joe! ―se remueve entre mis brazos riéndose, a pesar de que intenta parecer lo más seria posible―. No soy un bebé, no me hagas eso.

―¿Que no te haga qué? ―me rio mientras sigo con las cosquillas.

―¡Joe!

Con una última carcajada, dejo a Clara en el suelo y voy a coger la galleta y a llenar un vaso con agua.

Vuelvo hacia ella y dejo todo en la encimera.

―¿Lo comes tú solita o te lo doy yo?

―Te acabo de decir que no soy un bebé. Y no me hables así ―reprocha de nuevo, con los carrillos sonrojados y girando su rostro para esconderlo de mí.

Le tiendo la galleta rodando los ojos, y temblorosa coge la galleta.

Orgulloso, miro cómo lucha contra ella misma para darle un pequeño bocado a esa galleta y veo como después de un rato decidiéndose, lo consigue .

Rápidamente, se llena la boca con agua para tragar más rápido.

―Me estás dejando loco, Clara ―digo limpiándola algunas lágrimas lentas que caen de sus ojos―. Lo estás haciendo tú sola.

―Quiero vomitar ―solloza, apretando los dedos fuertemente contra la encimera.

―No vamos a vomitar, ¿recuerdas? Solo será un momento, otro bocado como ese y casi te comes la mitad.

―No me cabe, Joe, no creo que tenga sitio en la barriga.

―Claro que tienes, solo que no estás acostumbrada.

Me acerco a ella y cojo la galleta.

―¿Me das un trocito? ―la pido llevándome un trozo de galleta a la boca.

―Creí que a ti no te gustaban estas galletas ―dice confundida.

―Las odio ―admito masticando sin respirar para no saborear el horrible gusto a chocolate―. Odio todo lo que lleva chocolate menos la tarta de Red Velvet .

―Entonces, ¿por qué lo comes?

―Porque así hacemos un esfuerzo los dos.

Me mira, con una pequeña sonrisa ladeada y vuelve a coger la galleta.

Da bocado tras bocado y creo que la traga sin masticar, pero lo importante es que se la ha comido.

Con un enorme trago al vaso de agua lo termina, y se muerde la mano para que no le den arcadas .

Impresionado, la miro fijamente.

―Vete corriendo a sentarte en la tapa del váter, por que como vaya yo, voy a vomitarlo todo ―dice tomando bocanadas de aire, caminando hacia el baño.

La adelanto para meterme al baño corriendo y me siento en el váter.

―Lávate la cara ―ordeno cuando la veo llegar como si fuera un muerto viviente.

Asiente con la cabeza y se frota el rostro con bastante empeño.

―Es tarde, ¿quieres que vayamos dónde Grayson a ver cómo está? ―intervengo, cambiando un poco de tema.

―Vale ―dice secándose la cara con la toalla. Se acerca a mí y me da un abrazo―. Y gracias, Joe. Por todo.

Poso los labios en su cabeza como respuesta.

―Una cosa antes… ―dice justo cuando voy a sacar las llaves del bolsillo para entrar a casa de Grayson.

Ya he llamado a la puerta más de ocho veces, y creo que está dormido, porque no ha abierto ninguna. O está despierto y no nos oye. Por suerte, tengo una copia de la llave de su casa, que siempre llevo encima en caso de emergencias.

―Dime.

―Hice algo… ¿raro? en la fiesta ―pregunta tímidamente.

Con un gran suspiro, meto la llave y abro .

―Ya lo verás cuando te lo recuerde Grayson ―contesto con una sonrisilla maliciosa.

―Oh, no ―se lamenta antes de saber lo que ha hecho.

Empujo la puerta lentamente, pero nuestro sigilo resulta inútil frente al espectáculo que encontramos: Grayson, subido al sofá favorito de su madre, con el cepillo de barrer de la mano como micrófono y poseído por el espíritu de Shaggy , bramando la letra de “ It Wasn't Me ” ignorando por completo nuestra llegada.

Muchas bolsas de basura yacen por algunas partes del salón, llenas de vasos y papeles.

La risa de Clara estalla de repente y yo no tardo en seguirla. Grayson se gira sobresaltado, pero al reconocernos, el susto se disuelve en una sonrisa y retoma su concierto como si no hubiéramos llegado.

Baja del sofá bailando como si fuera un profesional y se acerca hacia nosotros moviéndose en círculos alrededor de Clara.

―Baja la música ya, Tío, que nos acabamos de levantar ―indico cuando el agudo sonido del altavoz me retumba por los oídos, tan fuerte que siento como me voy quedando sordo.

―¿Habéis dormido juntos? ―pregunta alzando las cejas, dejando clara su sorpresa―. Joder hermanita, lo has conseguido .

Clara se sonroja y mira hacia otro lado, evitando completamente mi mirada, que busca respuestas a ese comentario.

―¿A qué venís? ―cambia de tema mi amigo.

―A ayudarte a limpiar este desorden, cacho melón.

―Relaja esos humos, Joe, que hay animales cerca ―bromea tapándole los oídos a Clara.

―¿Me acabas de llamar animal? ―pregunta mi novia ofendida, girándose para mirarle.

―Sí ―afirma sin un ápice de arrepentimiento.

―¿Por qué?

Grayson se quita la camiseta por completo en un movimiento exagerado, y la enseña su brazo, todavía con la marca del mordisco de ayer.

―¿Eso te lo hice yo ayer?

―Sip, estaba cuidando a una chica guapa, vulnerable y borracha para asegurarme de que estuviera bien y que no la sugiera ninguna fatalidad imprevista mientras esperaba a su amado ―explica dramáticamente―.

Pero debe de ser que, a esa chica le dio curiosidad si de verdad estoy tan bueno como aparento, y me pegó un bocado tan fuerte que me ha dejado marca.

―Lo siento ―se disculpa avergonzada, mordiéndose el labio tiernamente.

―Ahora como recompensa, me tendrás que limpiar toda la casa ―termina de decir mi amigo, como si le doliera mucho lo sucedido .

Clara agarra temblorosa el cepillo de barrer y da un paso al interior de la casa.

―No te pases, tío ―intervengo quitándola el cepillo de las manos―. Y ponte la puta camiseta, Gray, que ya te veo suficiente en los vestuarios.

―Como la defiendes Joe, es increíble ―reprocha indignado, negando varias veces con la cabeza.

―Son prioridades, tío ―explico con una sonrisa―, Clara no va a limpiar nada.

Me mira sorprendida por mi reciente declaración y se sonroja.

―Vete al sofá a ver la tele, amor ―le digo, acariciándola la espalda baja.

Me dedica una tímida sonrisa y me obedece.

Grayson, rueda los ojos con una cara que confirma su aburrimiento.

―Tienes el uniforme arriba, Clara ―interviene con voz molesta.

―Luego subo a por él ―dice sin darle demasiada importancia.

―Vale, cuando quieras.

―¿Desde cuándo os lleváis tan bien? ―pregunto incrédulo.

Ninguno de los dos me responde. Solo se limitan a mirarse sonriendo y a encogerse de hombros a la vez .

Hemos vuelto a mi casa hace un buen rato, ya se nos ha ido media tarde ayudando a Grayson a recoger todo el lío que montó la gente ayer.

He llamado a Xander por teléfono y por suerte, después de dieciséis llamadas perdidas y una que ha descolgado, deja a Clara quedarse por un tiempo usando las siguientes palabras: «Solo y únicamente por su seguridad, pero te tengo vigilado, imbécil».

―A ver, Clara, hay una cosa importante ―advierto antes de decirla una noticia que seguramente no le guste mucho.

―¿Qué pasa?

―Para que te puedas quedar, le tengo que decir a mi madre lo que pasa en tu casa.

Presa del terror, guarda un silencio absoluto mientras niega con la cabeza, como si el más mínimo gesto pudiera desencadenar una tragedia.

―Solo le diré que tienes problemas familiares y que están negociando tu custodia, se lo creerá y dormiremos en mi cuarto, ¿te parece bien?

―Joe…

―No hace falta que sepa todo, ¿vale? Se lo diré solo si pregunta ―intento tranquilizarla.

Con un suspiro tembloroso, y su habitual gesto de nervios con las manitas, asiente.

―Muy bien, cariño ―la animo apoyándome en mi codo y mi costado, reclinado en la cama a la altura de su cara con una distancia demasiado grande entre nosotros .

Solo estamos ella y yo, y el espacio entre nuestros cuerpos parece cargado de una electricidad que me quema la piel.

Me acerco más a ella, con el corazón martilleando contra mis costillas como si quisiera escaparse de esta jaula.

Cuando mi mano roza su mejilla, Clara no se aparta. Al contrario, busca mi contacto y suelta un suspiro que me desarma por completo. Me mira con esos ojos todavía empañados, pero esta vez no de tristeza, sino de algo mucho más peligroso y ardiente.

―Clara…―murmuro, con la voz más rota de lo que me gustaría admitir.

Ella no me responde con palabras. Se limita a acortar la distancia y a darme un cálido y arrollador beso con una urgencia que me hace olvidar hasta mi propio nombre.

Con la respiración agitada después del beso, como si necesitara confirmar que sigo aquí, se acurruca más cerca de mí, buscando refugio.

Apoya la cabeza en mi hombro y, por un momento, el tiempo no corre.

No necesitamos nada más. Entre el aroma a jabón de su pelo y el sonido de nuestra respiración acompasada, sé que este momento, así de sencillo y silencioso, es probablemente lo más real que me ha pasado nunca.

De repente, escucho el estruendo de la puerta principal al abrirse.

―¡Joe! ―exclama mi madre gritando desde abajo .

Clara y yo nos separamos rápidamente y me levanto de un salto para ponerme la camiseta que había dejado atrás después de la ducha de hace un rato.