CAPÍTULO 25 #2
―Vale ―dice sonriendo, balbuceando cosas que no se entienden sobre los chupitos de antes.
La enjuago el pelo y poso sobre su cabeza una toalla para secárselo.
¿Cómo se seca el pelo largo?
La froto cuidadosamente el pelo con la toalla, haciendo círculos.
―Me haces daño, amor ―me dice poniendo pucheros.
Me ha llamado “ amor ”.
Hostia puta .
―Lo siento ―me disculpo sin prestar mucha atención a lo que sigue murmurando.
Suelto la toalla y la sacudo el pelo con los dedos.
Cuando ha perdido un poco de humedad, la levanto con cuidado y la llevo a la cama.
Cojo una camiseta de pijama de mi armario y se le doy cautelosamente.
―Toma, póntela para dormir, Clara.
Poniendo pucheros, se da golpes en la cabeza.
―Duele.
―Lo sé, pero no te des ―la intento calmar para que no llore, ya que veo las lágrimas acumuladas en sus ojos―, luego te doy un vaso de agua, a ver si te calma.
Coge la camiseta y me la da de nuevo.
―Tú .
―¿Yo qué? ―pregunto alarmado.
―Me la pones.
Sorprendido, suelto la camiseta sobre la cama.
―No, no puedo.
―¿Porqué?
Eso me pregunto yo… Es como mi niña pequeña, solo lo hago para cuidarla.
―Porque eres chica y yo un chico y no debería… No somos…
Derrotado al no tener explicación, me apoyo la camiseta en el hombro.
―Sube los brazos ―indico mordiéndome el interior del carrillo.
Ella obedece, perdiendo el equilibrio y casi cayéndose hacia atrás.
Nervioso, la retiro el top que lleva puesto, y me encuentro con que no tiene nada debajo.
La hostia.
Creo que el único sitio dónde se la ve bien de carne, es en el pecho porque las costillas las tiene esqueléticas. Y sí, tengo la tentación de seguir mirándola. Joder que si la tengo.
Pero mis ojos desvían la atención a otra parte mucho peor.
Joder .
Las costillas y el abdomen… Se me revuelve el estómago al verla así, parece que no solo no ha comido hoy, parece que lleva varios días sin probar nada de nada .
No, no, no…
Me podría desmayar perfectamente al pensar en lo que ocurrió.
Encima, me ha dicho que no le gusta comer, ¿eso es que me lo ha confirmado?
Joder… ¿Y si ha empezado mal de nuevo? Sé que la novia de Xander dijo que no comía, pero pensé que solo habían sido un par de días, no casi siete meses.
Le pongo la camiseta rápidamente y la tapo para que no se resfríe.
―¿Quieres que te quite los pantalones también? ―pregunto tímido, con la mente en la imagen de sus costillas.
―Sí.
Deslizo la tela poco a poco bajándola por sus piernas. Menos mal que lleva ropa interior .
―Vale, métete en la cama voy a por agua ―digo, levantando el edredón para que entre en calor lo antes posible.
Se mete en la cama como un zombi, con los ojos cerrados.
Ha dormido toda la noche del tirón, como un bebé.
Lo admito, me he quedado mirándola más de una vez.
Está tan mona cuando duerme, se relaja y hace soniditos, a veces, hasta sonríe, aunque hoy es verdad que no ha sonreído, creo que le duele algo .
Le he preparado un vaso con agua y una pequeña pastilla de medicina para la resaca, porque sé que es la primera vez que bebe y no quiero que lo pase tan mal después de todo.
Cuando me meto en la cama de nuevo, me pasa sus brazos alrededor como a una almohada y emite un pequeño gemido de dolor.
Seguramente la duela la cabeza.
Meto mis manos entre su pelo, dándole masajes suaves para que se calme.
Son las once de la mañana y todavía no se despierta. Ha dormido como diez horas. ¿Me debería de empezar a preocupar?
Desvío mi mirada hacia ella, que está moviendo los ojos, pero no les abre.
Menos mal. Está viva.
Gruñe, apoyando la cabeza contra mi pecho para taparse de la luz potente que se cuela por la ventana.
Se me escapa una risita al verla como un vampiro que repele el sol.
―No te rías de mí ―dice sin abrir los ojos del todo.
―Buenos días ―saludo, con el corazón acelerado ahora que sé que se acerca el momento en el que tendremos que hablar.
Cuando por fin abre los ojos, me mira fijamente.
―Me duele la cabeza ―se queja poniendo pucheros como ayer por la noche .
―Normal, te bebiste muchos chupitos de los que hizo Grayson.
―Eran sin alcohol ―se defiende reprochando.
―No, te acabaste los que no tenían alcohol y luego te bebiste los otros.
Me mira extrañada, como si no se lo creyera.
―¿Y qué hago aquí? ¿No estás enfadado conmigo? ―pregunta, espabilándose.
Aquí viene...
Me paso la mano por el pelo y me atrevo a hablar.
―Ayer me dijiste algo que no sé si es cierto o no, pero…
―Sí ―afirma muy segura, sin saber lo que voy a decir―, sea lo que sea fue cierto.
―No sabes lo que voy a decir, Clara.
―Sí, te dije lo que sentía por ti, ¿verdad?
Asiento con la cabeza, mordiéndome el interior de la boca sin poder ocultar mis nervios.
―¿Tú que dices? ―me pregunta evitando el contacto visual y arrimándose un poco a mí.
―Creo que estabas borracha y que no sabías lo que decías.
―No. Sabía perfectamente lo que decía.
―Entonces necesito que lo repitas ―digo con un nudo en el estómago y con el corazón rozándome los huesos de las costillas .
Clara suspira temblorosa y me mira a los ojos como un cachorrito, con un brillo en los ojos que no veía desde hace demasiado tiempo.
―Te quiero mucho. Y no quiero que te vayas con nadie más por mucho que me enfade contigo, porque me duele el corazón cada vez que lo haces y sé que es por mi culpa.
Bien .
Genial .
Joder, que alegría .
Con una sonrisa que se asoma inevitablemente por la comisura de mis labios, le doy un beso en la frente.
Es el segundo mejor día de mi vida. Porque el primero, es obviamente cuando la conocí.
―¿Algo más, señor novio? ―pregunta sonriendo.
Tengo que hablar con ella de todo lo que soltó por su preciosa boca anoche.
Aunque la duela, me duele más a mí. Estoy seguro.
Podría escribirla un libro con todas las razones por las que la quiero, y me quedaría sin hojas en el mundo para poder terminar.
Pero sé que no se lo creería. Y eso es lo que más me duele.
―Sí ―digo intentando mantener mi voz firme―, ¿cómo que tu madre ha vuelto?
Abre los ojos de par en par. Y su pecho empieza a subir de arriba abajo rápidamente.
―¿Cómo sabes eso? ¿Te lo ha contado Grayson? ―balbucea nerviosa, mordiéndose el labio inferior.
¿Grayson lo sabía ?
Capullo traidor.
―Me lo contaste tú ayer cuando te fui a llevar a casa.
―Hostia ―dice cubriéndose la boca con la mano.
―Controla tus palabras, señora novia ―la regaño como lo ha hecho ella antes, intentando aliviar un poco la tensión y los nervios que sé que la recorren las venas―. Ahora, cuéntame qué coño pasa en tu casa.
Temblorosa, contesta entrelazando sus dedos.
―Mi madre ha vuelto. Nos quiere llevar con ella a su nueva casa.
―¿A su nueva casa? ―pregunto incrédulo, queriendo que me lo confirme de nuevo para poder creérmelo.
¿Ahí es donde ha estado tanto tiempo? ¿En una puñetera casa nueva?
Clara, confirma mis sospechas asintiendo con la cabeza.
―No ―me niego rotundamente antes de que pueda decir nada más―, ni de coña. Si hace falta te quedas conmigo, pero no te vas con esa zorra.
―Mi hermano está pagando todo desde que se fue y ahora de repente viene a llevarnos con ella a otro lugar… No me gusta, Joe ―admite dándose pequeños pellizcos en la palma de la mano.
―Lo sé, amor. Te quedarás conmigo, ¿vale? A mi madre le da igual lo que haga.
―No puedo. Tengo que hablar con mi hermano y…
―Y nada, hablaré yo con él .
Suspira mordiéndose la mano que ha utilizado para taparse antes la boca.
―Vale, ahora cuéntame ¿Qué es eso de que no te gusta comer? ―pregunto entrelazando sus dedos entre los míos, para que no se haga daño al morderse.
Abre los ojos mucho más de lo que ya los tenía.
―No, no es nada…
―Clara, no quiero que empecemos igual que antes, y creo que tú tampoco.
―Ni yo ―admite, volviendo a alejar sus ojos de los míos―. Es solo que me he saltado algunas comidas, pero como cosas a menudo.
―¿Ayer qué comiste?
―Una manzana y unas galletas ―contesta rápidamente, muy segura de sí misma.
―Sé que es mentira ―digo, y me vuelve a mirar confundida―. Ayer cuando vomitaste no parecía que hubieras hecho nada más aparte de beber.
Baja su mirada, sintiéndose claramente culpable.
―Voy a la cocina a por comida, espera ―digo incorporándome, pero me frena antes de que me pueda levantar.
―No te preocupes, luego si quieres comemos algo, pero ahora estoy muy a gusto así ―admite frotando su cabeza contra mi pecho, acomodando su cuerpo junto al mío.
De repente, se retira un mechón de pelo que tenía en la cara.
Se lo empieza a tocar y me mira extrañada .
―¿Qué le pasa a mi pelo?
Ups .
―Nada, le tienes normal ―disimulo mirando a otra parte.
―Esta super áspero y enredado.
Se incorpora y se toca la cabeza entera.
―Está mojado, Joe, ¿qué me has hecho?
―Te di una ducha ayer ―admito, aclarándome la garganta.
―¿Qué? ―exclama cogiendo color en las mejillas―, ¿me viste… ¿me viste des…
―¡No! ―aclaro rápidamente―. Bueno sí.
―¿Cómo? ―pregunta aún más colorada.
―No, no, no, espera ―intento explicar―. Solo te lavé el pelo porque te lo habías vomitado.
―¿Entonces? ¿No me has visto…?
Con un suspiro, me atrevo a confesar.
―Es que el disfraz se veía incómodo para dormir y te di una camiseta mía para que te la pusieras ―admito, sintiéndome culpable.
Se mira el cuerpo y agarra la camiseta con tanta fuerza que sus yemas de los dedos están blancas.
―Pero me dijiste que te la pusiera yo… ―continúo hablando.
―Entonces, ¿me viste las… ―pregunta horrorizada, haciendo un leve gesto para cubrirse el pecho.
―Puede …
―Joder ―murmura mientras se da la vuelta, buscando refugio en la otra mitad de la cama para esconder el sofoco que amenaza con delatarla por completo.
―No pasa nada, Clara.
―Sí que pasa…
―Te juro que no me fijé en eso ―intento explicarla.
Me lanza una mirada de soslayo, con las mejillas encendidas y el ceño fruncido en un gesto que no logra ocultar la marea de vergüenza que la inunda la cara.
―No te enfades, amor…
―Es que me da vergüenza.
―Te juro que no miré más de dos segundos, me preocupó más tu abdomen y tu cintura.
Rueda los ojos y, luego se mira la barriga por debajo de la capa de mantas que nos cubre el cuerpo.
―¿Qué pasa? Ya estoy casi delgada.