Brillando entre las grietas CAPÍTULO 25
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CAPÍTULO 25

Joe

Grayson me ha obligado a ir a la fiesta en su casa. No me apetece ir a ninguna fiesta. No me apetece hacer nada.

Tengo la casa solo para mí, porque Evie está con mis padres en un hotel de vacaciones durante dos días.

Pero no tengo más remedio que ir. Si no, se pondrá peor que un niño pequeño. Y tengo menos ganas aún de aguantarle.

Me ha comprado él el disfraz; un vestido rojo y blanco, con la palabra CHEER en el centro, aparte de cuatro globos sin hinchar.

Cabrón .

Quiere que vaya de animadora. Y me da que no va a ser así. Ni de coña me lo he puesto. Hay que estar completamente loco, casi tanto como él, para hacerlo.

Voy con una camisa blanca y unos vaqueros. Básico pero guapo.

Cojo las llaves de la entrada y salgo de casa.

Grayson y yo vivimos bastante cerca, solo tengo que andar algo menos de cinco minutos para llegar a su casa, así que no llevo coche .

Cuando llego, el sonido de la gente gritando y cantando me llena los oídos mientras me meto entre todos los grupos para buscar a mi amigo.

Por el camino, cojo uno de los deliciosos vasitos que de seguro ha hecho Grayson, y me lo bebo de un trago mientras sigo buscándole.

Entro a la cocina, y me encuentro a Royce con los del equipo.

―Joder, capi ―reprocha Regie enfadado―. Aposté diez pavos a que no venías.

―Dame mi dinero, perdedor ―exclama Royce viniendo hacia mí―, sabía que vendrías, mi buen amigo ―me pasa un brazo por los hombros y me da un beso en la mejilla.

―¿En serio habéis apostado por mí? ―digo incrédulo, limpiándome las babas de Royce de mi cara.

―Pues claro que sí ―dicen a la vez, como si fuera obvio.

Joder …

―¿Alguien ha visto a Grayson? ―pregunto ojeando la sala en su búsqueda.

―Estoy aquí, tío ―grita corriendo hacia mí.

No necesita abrir la boca. Esa expresión de pánico absoluto es su firma personal. El desastre, una vez más, acaba de ocurrir. Estoy seguro.

―¿Qué ha pasado? ―inquiero con una pizca de curiosidad oculta bajo una alfombra de aburrimiento .

―El animal de Clara está borracha y me ha pegado un bocado ―dice poniendo pucheros enseñándome la marca roja de dientes que lleva en el brazo.

Hostia puta .

―¿Qué coño le has dado?

―Nada ―se defiende poniéndose una mano en el pecho ofendido―, me duele que pienses así de mí, tío, soy muy buena persona y muy responsable.

Suelto una carcajada seca.

―No te rías, sabes que tengo razón.

Ruedo los ojos, diciéndolo todo con la mirada. Lo que hace que se enfurezca.

―¿Dónde está? ―pregunto, volviendo a pensar en Clara bastante afectado, pero lo intento disimular.

―Arriba en mi cuarto, esperándote.

¿A mí?

Antes de que me pueda decir nada más, voy pasando entre la gente lo más rápido que puedo hasta llegar a la habitación de mi amigo. Voy tan rápido que casi me caigo con las escaleras.

Abro la puerta de golpe y veo a Clara tumbada en la cama, con la parte superior del cuerpo colgando del borde.

―Me duele la barriga, Grayson ―dice poniendo pucheros.

―Soy yo Clara, Joe ―digo cuidadosamente, más nervioso que nunca esperando su reacción .

No me va a dejar ayudarla. Todo va a salir mal y nunca me va a querer hablar…

―¡Joe! ―dice con un entusiasmo que interrumpe mis pensamientos negativos, haciéndome dudar si de verdad está en su ser― Has llegado tarde, quería hablar contigo.

―Lo siento ―me disculpo acercándome e incorporándola para que no se maree.

Se abraza fuertemente a mi cuerpo, cosa con la que me quedo tenso. Y de un momento a otro, empieza a llorar como nunca.

Sí que está borracha …

―¿Qué te pasa? ―pregunto, masajeándola la espalda en círculos con mi mano.

―Que soy tonta ―responde sorbiéndose los mocos―, y te quiero.

¿Cómo? Llevo meses esperando con ansias a que suelte esas tres palabras, pero escucharlas así, arrastradas y mezcladas con el olor a Vodka y a fresa, me sabe a una victoria a medias. Puede que sea la verdad, sí, pero una verdad sin dueño que el alcohol le ha robado.

―Clara, será mejor que te lleve a casa.

―¡No!, no quiero ir a casa, me da miedo ―dice apretándome los brazos con bastante fuerza para sus pequeñas y delicadas manos.

―¿Por qué te da miedo? ―pregunto siguiéndola el rollo para que se me haga más fácil levantarla.

―Mamá me quiere llevar con ella .

¿Qué cojones?

Su madre no está, solo dice bobadas. Creo que ha bebido demasiado. Eso es imposible.

―No digas tonterías… ―la regaño, con un horrible peso en el pecho, rezando por que no sea cierto.

―Es verdad, no estoy mintiendo, mamá ha venido y quiere llevarnos a Arlo, a Blair, y a mí a su nueva casa.

Un escalofrío me recorre la espalda. Ruego porque sus palabras sean solo el fruto de la confusión y la borrachera, o una mala jugada de sus sentidos. Pero la prudencia me dicta todo lo contrario. Creerla es peligroso, pero ignorarla podría ser una catástrofe que no estoy dispuesto a desatar.

―Vale, te llevaré a mi casa ―acepto, con un suspiro profundo.

Sonríe y se agarra a mí como un pequeño mono.

Joder… es que es preciosa. Sé que no es momento de pensar en esto, pero el disfraz le queda increíble; parece mucho mayor con esos pantalones…

Uff. La levanto en brazos, sintiendo su peso contra mi pecho, y empiezo a esquivar a todo el mundo como puedo, evitando que los golpes accidentales de la gente den a Clara, para alcanzar la salida lo mejor posible.

En cuanto cruzo la puerta, el aire frío me golpea y empiezo a caminar hacia mi casa.

Ahora está en mi habitación .

Dando vueltas mientras revolotea moviendo los brazos a los lados de arriba a abajo, haciendo como que es una mariposa.

Una puñetera mariposa .

Y yo estoy sentado en mi cama, con la espalda apoyada en la pared y utilizando las manos como almohada, replanteándome si era alcohol y no droga lo que ha tomado.

―Ups ―dice frenándose de golpe en medio de la sala.

―¿Qué pasa? ―intervengo incorporándome lo más rápido que puedo.

―Me duele la barriga.

Me levanto de la cama corriendo y voy hacia ella para sostenerla por la cintura.

―Vamos al baño, por si quieres vomitar.

Asiente fuertemente, como si su cuello no pudiera con el peso de su cabeza.

Un quejido sordo dio lugar al desastre. La inclino con urgencia al baño, a ver si consigo que llegue al váter, sujetándole el pelo con una mano mientras ella se dobla sobre sí misma, y suelta una descarga líquida, lo que parece puramente alcohol.

No hay rastro de comida, lo que explica por qué toda ella arrastra ese peso muerto, no tiene fuerzas ni energía.

Limpio la comisura de sus labios con mi manga, ignorando el asco, porque solo me puedo concentrar en ella.

En este preciso momento, solo me importa que vuelva a respirar con calma .

Se incorpora poco a poco, y veo que la escurre vómito del pelo.

―Joder… Vamos a lavarte el pelo, Clara.

Asiente con los ojos cerrados, digiriendo lo que ha pasado, y luego, me sigue.

―Te puedes quedar aquí ―la indico volviendo hacia ella para ayudarla a caminar.

―Quiero ir contigo ―dice, abriendo sus ojos cristalinos para mirarme.

―¿Por qué?

―Porque te quiero.

Joder… Ojalá .

―¿De verdad? ―digo con esperanzas, como un completo estúpido.

¿Qué coño estoy haciendo?, está borracha, no sabe lo que dice.

―De verdad.

Niego con la cabeza y sigo andando.

―Entonces, ¿por qué me dejaste? ―vuelvo a preguntar como un auténtico idiota, dejando hablar a mi boca antes que a mi cerebro, cosa que rara vez me pasa.

―Porque pensé que te gustaba Jessica, y quería que estuvieras con alguien mejor y más guapa que yo. Con alguien que mereciera la pena. Pero ahora no quiero, quiero que estés conmigo ―dice arrastrando las últimas palabras.

Cuando me dice eso, me quedo congelado. Un escalofrío me recorre la columna y me giro a mirarla .

¿Cómo puede pensar eso de sí misma?

¿Cómo es tan preciosa?

¿Cómo puede hacer eso?

Yo la quiero muchísimo, pero ni loco dejaría que se fuera con otro para que fuera “más feliz”.

Sé que suena egoísta, pero es así, no la podría dejar porque mi vida entonces no tendría ningún sentido.

―Es muy guapa, y os vi abrazándoos, me puse un poquito sedosa, ¿sabes? ―dice sonriendo embobada mirando a la nada.

―Querrás decir “celosa” ―le corrijo, dándola inevitablemente una caricia en la mejilla.

Me retiro, rápidamente y hago como que no ha pasado nada.

―Eso, lo que he dicho, “sedosa” ―dice frunciendo el ceño al ver que no la sale la palabra―, bueno, que yo te quiero, solo para mí.

Pero sé que tú no me quieres solo para ti, porque nadie me quiere, y me da miedo porque no soy guapa, y no me gusta comer, y doy mucho trabajo y…

y… Qué bonita es tu bañera ―sonríe cambiando de tema como si nada, fijándose en su alrededor.

Me cago en mi puta vida . Cada palabra me golpea con una fuerza casi física, como si en lugar de hablarme me estuviera hundiendo el pecho a puñetazos. No es tristeza. Es un dolor seco, real, que me deja sin aire. Lo único que tengo claro es que tenemos que hablar cuando esté sobria .

Entro al baño de la habitación de mi madre y cojo uno de los vente mil jabones que tiene en la ducha, en concreto, el más colorido.

Llevo a Clara casi a rastras de nuevo a mi baño, y doy el agua para que salga caliente lo más rápido posible.

―A ver, ponte mirando al techo con el cuello apoyado en la bañera ―indico, sentándola en el suelo―¿Estás cómoda así? ―pregunto acomodándola el cuello con cuidado.

Asiente con la cabeza, con cara de malestar.

Le mojo el largo pelo con agua y se le oscurece hasta que parece casi negro.

Luego le pongo el jabón y la masajeo intentando no hacerla daño.

―¿Qué me pones en el pelo? ―pregunta molesta, moviendo la cabeza para zafarse de mi agarre.

La sujeto delicadamente con la mano en la que menos jabón tengo y la miro fijamente.

―Es el jabón de mi madre.

―¿Es para el pelo o para el cuerpo?

Mierda .

Me apresuro a mirar la etiqueta.

“ Para el cuidado de la piel ”

Joder , he cogido el del cuerpo.

A las chicas no les gusta nada eso.

Bueno… Si no se entera, no ha pasado nada, ¿no? Todo el mundo tiene secretos .

―Para el pelo ―afirmo, muy seguro de mi mismo a pesar de estar mintiendo.