CAPÍTULO 24 #2
―No, tú vas a echar eso, yo pongo la cantidad de vodka ―explica con una sonrisa maliciosa asomándose por la comisura de sus labios.
―Jope.
Camino con un largo suspiro hacia el frigo.
―Te puedo hacer uno sin alcohol, le pongo agua con gas y ya.
―¡Vale! ―acepto divertida.
Genial .
―Bueno, también tráeme zumo de arándano rojo, está en la nevera con las demás cosas .
Le doy todo lo que me ha pedido y empieza a hacer mezclas raras, las sirve en vasitos pequeños y las deja esparcidas por sititos de la casa.
El cielo ya está completamente vestido de negro, solo se distinguen las poquitas estrellas que veo desde la ventana.
La sala se empieza a llenar con gente que me suena ver por los pasillos, pero a la gran mayoría, no les he visto la cara en toda mi vida.
Ya me he bebido como cuatro vasitos de mi bebida sin alcohol sentada en el sofá para matar el aburrimiento, mientras escucho la música a tope.
―¡Clara! ―me grita Grayson por encima de la música para que le oiga.
Creo que todavía falta gente por venir, pero es que sigo impresionada, porque su casa está a tope y aún se va a llenar más.
Me levanto de mi cómodo asiento, que ya he dejado caliente, y me inclino para mirarle.
―Ven conmigo ―indica tirándome del brazo.
Asiento y me pongo en pie para seguir sus pasos hacia la cocina.
―Quítate ya la chaqueta, ve a lucirte ―me anima dándome un pequeño empujón con la cadera.
―No, ni de coña ―niego rápidamente.
Hay mucha gente y, aunque tenía razón al decir que había escasez de tela, no quiero unirme al club .
―Venga, que estás guapísima.
―Que no ―vuelvo a negar, manteniéndome firme.
Además, se me ve demasiado la barriga y la cintura. Y aunque hace mucho que nadie me dice nada, no quiero tentar la suerte.
Mi amigo se acerca y me quita la chaqueta con un fuerte tirón, que me hace notar antes el gran cambio de temperatura, con el que se me pone la piel de gallina.
―¡Grayson!
―Venga, vete a intentar hablar con alguien, Joe tardará un poco en venir.
―¿Qué hora es?
―Todavía son las diez de la noche.
―¿Puedo ir a tu habitación? ―pregunto poniendo cara de pena, a ver si le encuentro un poco de empatía y se compadece de mí.
―No, ni te lo pienses, sal ahí y bébete tus vasitos sin alcohol como si lo llevaran, vuélvete loca y habla con gente a la que no conoces, a lo mejor haces amigos ―exclama con una gran sonrisa.
―Grayson, yo no…
―La, la, la, la, la, la ―balbucea mientras sube el tono de su voz al mismo tiempo en que se tapa los oídos―, no quiero oír quejas.
Ruedo los ojos y voy hacia el salón, cruzándome de brazos para que no se me vea la parte del abdomen que no cubre la dichosa camiseta. Voy a esperar a Joe exactamente igual que antes, sentada en el sofá viendo como los chicos intentan patéticamente conseguirse a alguna chica para bailar.
Cojo un vasito de la bandeja de la mesa que tiene mi bebida de agua con gas y me lo bebo del tirón.
Joder .
Este me ha picado más la garganta.
Me siento en el sofá y miro a mi alrededor, donde hay muchos chicos rubios, pero ninguno como Joe, que por cierto, sigue sin aparecer. ¿Y si no viene?...
―Hola, guapa ―dice un chico interrumpiendo mis pensamientos, que creo que es del equipo, pero nunca le he visto sentado con ellos en el almuerzo―, ¿te apetece bailar?
Mis labios se aprietan con fuerza entre ellos y niego con la cabeza, un movimiento leve y trémulo que traiciona mi nerviosismo. Sostengo su mirada apenas un segundo a ver si se va, pero al ver que no lo hace, un temblor recorre mi cuello. Y al final puedo encontrar las palabras
―No, gracias ―intento sonar lo más amable posible disimulando mi nerviosismo.
―Venga, guapa, que estamos en una fiesta, ¿Cómo te llamas?
―He dicho que no me apetece, gracias.
―Vamos ―insiste cogiéndome del brazo con bastante fuerza. Estoy segura de que ha dejado la marca roja de sus dedos sobre mi piel―, solo una canción.
―Ha dicho que no, Lloyd ―interviene otro chico por detrás―, vete a tocar los cojones a otra parte .
Con mi usual gesto nervioso en las manos y en el labio, miro por el hombro del tal “Lloyd”, y veo una figura musculosa y alta, con el pelo castaño. Royce .
El chico que me ha interceptado antes, se va enfadado, haciéndole la peineta.
―Hola, Clara ―me saluda Royce, sentándose a mi lado en el sofá―. ¿Qué tal?
―Bien, gracias a ti ―le agradezco con una sonrisa sincera.
―No ha sido nada, la próxima vez que se te acerque alguno así, mételes miedo con algo y se piran.
Me entra una carcajada inevitable, y los dos nos reímos.
―Por ejemplo, llega ese ―pone como ejemplo a uno que está con Lloyd―.
Si se te acerca, dile; “Como no te vayas, te corto el gusano que te cuelga de los pantalones, a ver si alguien se da cuenta de que no lo llevas” ―ataca con una sonrisa de oreja a oreja en la cara―.
A los chicos nos duele mucho que nos digan eso.
Me quedo boquiabierta, intentando disimular la risa que se me escapa por momentos de la comisura de los labios.
―Es muy sencillo ―ríe Royce, echando la cabeza para atrás.
Sí que está borracho ―pienso mirando como observa casi babeando a todas las chicas que pasan por el salón.
Acompaño su risa con la mía mientras mis dedos buscan un segundo vasito sobre la mesa .
―Bueno… ―dice alzando las cejas, aplaudiendo lentamente―, ¿desde cuándo bebes?, ¿ahora eres una de esas malotas?
―Son sin alcohol, bobo ―contesto rodando los ojos.
―Joder, les quitas la diversión…
Suelto una carcajada.
Ya veo como tú no se la quitas …
Me tomo el vasito y cojo uno detrás de otro.
―Bueno, bueno, te dejo. Que parece que estás bien con tus vasitos ―me dedica una breve sonrisa mientras deja su hueco vacío en el sofá.
Tras todos los vasitos que he tomado, noto una extraña pesadez, que empieza a nublarme la vista. Debe de ser la música, que retumba demasiado fuerte en mis sienes, ¿no? Me dejo caer en el sofá, y espero a que esa sensación desconocida se pase de una vez.
―¿Qué tal vas, Clara? ―oigo que alguien me dice a lo lejos.
Noto unos pesados pasos aproximándose hasta llegar a mí, y el chico me sostiene por los brazos, lo que me hace sentir como si unas hormiguitas se posaran en mi piel.
―¿Por qué parece que estás en un mundo paralelo?
―No sé ―intento hablar. Joder . Me sale la voz rara, es como si no supiera hablar. Que divertido ―, pero estoy bien, eh.
Mi mano se mueve por cuenta propia, alcanzando un nuevo vasito que apuro de un solo trago.
Es una explosión fascinante, como de otro mundo; un choque entre lo ácido y lo dulce que deja un hormigueo eléctrico desde la lengua hasta el estómago.
A medida que el sabor se desvanece, dejando apenas un eco en mi paladar, una chispa de energía me recorre el cuerpo en un instante.
De pronto, la música ya no me aturde; me llama.
¿Por qué estoy sentada?
La música parece tirar de mis extremidades.
Sí, eso es. Tengo que bailar.
―Vamos a bailar ―digo agarrando del brazo al desconocido con voz familiar.
―No, Clara, no es buena idea.
Entrecierro los ojos para ver si llego a distinguir quién es el que me está hablando.
―¡Grayson! ―exclamo contenta―, ¡Vamos a bailar! Está sonando… ¿Cómo se llamaba?
― "Crazy in Love" de Beyoncé y Jay-Z.
―¡Esa! ―exclamo tomándole de la mano para arrastrarle a la pista.
Una fuerza enorme me hace parar.
―Clara… ¿Cuántos vasitos te has tomado? ―vuelve a hablar Grayson.
―No sé… ¿Pocos? ―digo divertida, dispuesta a tomar otro de la bandeja.
―Si claro… ―sospecha sosteniéndome la mano para que no le coja―, ¿de dónde los has cogido?
―De la bandeja de la mesa .
―Joder… ―suspira Grayson.
Levanto mi cuerpo y siento como si estuviera flotando. Me da vueltas todo, parecen efectos especiales.
Antes de que pueda llegar a la pista de baile, me agarran del brazo.
―Clara, estás borracha, haz el favor de volver al sofá.
―No ―niego rotundamente con la cabeza.
No estoy borracha. Es completamente imposible.
―Clara…
―¡He dicho que no!
Me suelto de su agarre y voy hacia la música levitando. Justo cuando estoy a punto de llegar, me sujetan de la cintura.
Joder, que guay. Veo las cosas bocabajo.
Quien sea que me esté llevando pasa por una multitud de gente, y creo que estoy viendo por debajo de las faldas de las chicas. Pero no sé.
Ahora estoy por las escaleras.
¡Que divertido !
Entramos a una habitación y me tiran en la cama.
―Quédate aquí y no te muevas, Clara.
―¡Quiero bailar!
―Estás borracha, ahora llamo a Joe para que te lleve a casa.
―¡Bien!, ¡Joe!
―Sí, tu querido novio va a venir a por ti, pero solo si te estás quieta aquí .
Su cara es ahora una mancha borrosa, un cuadro mal pintado que se mueve de forma graciosa. Lo veo estirarse para alcanzar una almohada, y de repente solo puedo mirar su brazo. Es enorme, literalmente enorme. ¿Cómo es posible que sea tan grande?
Una duda existencial me golpea: ¿A qué sabrá eso?
Antes de que mi cerebro pueda procesar lo estúpido de la idea, ya estoy hincándole el diente. Solo quiero saber si sabe tan bien como se ve con un pequeño bocado.
―¡Joder!, Clara no me muerdas ―grita apartándome la cara de su jugoso brazo.
Grayson me ha gritado… Está enfadado conmigo.
No quiero que se enfade conmigo, es mi amigo.
―No llores, Clara ―pide moviéndose mucho.
¿Estoy llorando? No que va. Yo solo lloro sola o con Joe.
―¡Qué desesperación! ―exclama subiendo la mano para pasársela por el pelo―, quédate aquí y no salgas, ¿vale?