Brillando entre las grietas CAPÍTULO 23
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CAPÍTULO 23

Clara

―¿Por qué siempre me tienes que obligar? ―pregunto de los nervios, sin una pizca de paciencia restante a Blair.

―Porque nunca sales ―exclama como si fuera obvio.

―Será por algo, ¿no?

―Pues no lo sé. Ahora, ponte este puñetero vestido y no me toques los cojones.

Con un suspiro, cojo el vestido y me le llevo al baño conmigo.

―No sé qué te habrá pasado con Joe, pero no vale la pena seguir así ―ruda los ojos, suavizando la voz.

Sus palabras hacen que se me corte la respiración. ¿Cómo sabe que me ha pasado algo con él?

―No… no me ha pasado nada con él.

―No soy idiota, Clara. Sé que te ha pasado algo con él. Nunca antes habías estado así por nada.

Me pongo el vestido y salgo.

―Vale, ahora, vámonos, que no quiero llegar tarde. Me ha invitado un chico, ¿sabes? ―me cuenta con los ojos más brillantes que antes, dejando el tema de Joe atrás como si sus palabras no hubieran tenido una explosión en mi interior.

Ha pasado un mes .

Rompí todo contacto con él, incluso con sus amigos. Ahora, la hora de la comida es como un simulacro que paso escondida en un cubículo diminuto, escapando de los posibles encuentros.

Confío en que mi ausencia le haya servido de algo, porque para mí, solo ha sido un castigo. La vida sin él duele con una intensidad que no sé cómo llamar, y sé que soy estúpida, porque soy yo la que lo aleja de mí todo el rato.

Pero lo hago por su bien, se merece a alguien mejor que yo y que no de tanto trabajo, se lo dije muchas veces.

Pero eso no quiere decir que se lo volvería a repetir.

Espero que yo no le haya hecho mucho daño. No soy nada especial para que esté sufriendo por mí, seguro que le estará tranquilizando mucho más perderme. No creo que le tome mucho tiempo reemplazarme, con suerte para él, ya estará con Jessica.

Vuelvo al presente, fuera de mis pensamientos donde mi hermana me observa impaciente, esperando a que la diga algo.

―¿Qué chico te ha invitado?

―Se llama Noah, tiene mi edad y es monísimo.

Oh, ese es el amigo de Joe. Va a su equipo.

Pero… Eso significa que también le habrá invitado, y que me le encontraré en la fiesta, y que todos mis intentos por evitarle se habrán ido a la mierda.

―No puedo ir ―es lo único que puedo expresar en alto .

―Me da igual ―dice tapándose los oídos para no oírme reprochar.

Agarra mi brazo y me arrastra contra mi voluntad fuera de casa.

La fiesta, para sorpresa de nadie, es un aburrimiento.

Llevamos una hora y no ha pasado nada interesante. Mi hermana me llevaba pegada a su grupo de amigas hasta que Noah vino a buscarla, y me ha dejado plantada. Creo que se están liando arriba.

Lo único de provecho que he hecho ha sido sentarme en este bonito sofá, que debe de costar más que mi casa entera.

De pronto, veo a Joe a lo lejos.

Confirmado, todos mis esfuerzos por evitarle han sido en vano.

Me hago una bolita en el sofá, rezando para que no me vea y lo pierdo de vista.

De repente, noto un golpecito en el hombro que hace que todos los músculos del cuerpo se me tensen.

―No te asustes Hermanita, solo soy un tío que está buenísimo preocupándose por una dama muy guapa―bromea Grayson, sentándose a mi lado.

―Me has asustado ―digo con una mano en el pecho cubriendo mi escote mientras noto el corazón a mil.

―Perdón ―se disculpa no muy arrepentido, con una sonrisa de oreja a oreja―, venía a ver si quieres un trozo de sándwich. Te prometo que no está envenenado ni nada .

Guardo silencio, sintiendo cómo el nudo en mi garganta compite con el vacío doloroso de mi estómago.

Sé que debo aceptarlo, lo necesito. La debilidad empieza a nublarme la vista y el cuerpo me pasa factura por un día entero de no comer nada, pero el simple hecho de pensar en morder algo me tensa los músculos.

No quiero ceder, pero mucho menos quiero volver a caer en ese pozo oscuro, a esa espiral de la que tanto me ha costado salir... Y en la que puede que esté volviendo a caer.

―Venga ―insiste tendiéndome un trozo del bocadillo―. No le digas que no a un sándwich de jamoncito, quesito derretido, lechuguita, tomatito…

―Vale… ―cedo, no muy convencida.

―Genial ―dice dándome la mitad del bocata.

Como poco a poco, dejando de respirar en el momento que el pan toca mi lengua para no tener que saborear nada. Trago dolorosamente y repito el proceso hasta que solo me queda un trozo.

El momento en el que iba a comer ese trozo, aparece el chico rubio ―que llevo intentando evitar desde hace días― en mi campo de visión.

Esta vez no está solo como antes.

Detrás de él va una chica rubia de la clase de mi hermana, le está diciendo algo, pero parece que Joe intenta escapar de ella. Menos mal .

De un momento a otro, él se gira y agarra a la chica de la mano con cara de pocos amigos. Gesto que me hace arrepentirme de todo lo que dije.

La conduce hasta la pista de baile y empiezan a moverse y a saltar al ritmo de la canción “Mr. Brightside” del grupo The Killers , como si solo estuvieran ellos dos solos en la pista.

Les observo bailar, y noto como el corazón se me parte en pedacitos pequeños, en tantos que no los podría juntar nunca. Siempre me faltaría alguno de recoger.

Y duele. Mucho . De veras que no estoy exagerando. Se me corta la respiración y el dolor profundo que siento ahora mismo se intensifica cuando veo como la chica se abalanza hasta llegar a cogerle del cuello. Y Joe no se aparta.

Ya está. No puedo mirar. Voy a vomitar .

―¿Estás bien? ―pregunta Grayson, que me sigue preocupado al ver como me levanto de golpe y salgo corriendo hacia el baño.

Niego repetidas veces con la cabeza y entro sin siquiera llamar.

Justo cuando levanto la tapa del retrete, expulso todo el sándwich de mi cuerpo con un dolor tremendo en la cabeza.

―Madre mía, ¿estás bien? ―pregunta Grayson―¿Quieres que llame a Joe?

Horrorizada, con el corazón en un puño, niego de nuevo con la cabeza y me vuelven a dar arcadas. Vomito lo que quedaba en mi estómago, lo que creo que le sirve de respuesta a Grayson para no llamarle.

―Joder, Clara, me podrías haber avisado para que no te diera mi bocadillo, me le podría haber zampado yo ―bromea con tono triste, acariciándome la espalda.

―Perdón ―me disculpo, con una leve sonrisa.

―No la ha besado ―admite después de unos segundos de silencio―. Aunque parezca que sí, sé que Joe no lo haría.

Sí claro… Pero aunque no lo hubiera hecho, no puedo volver fuera. No si está él.

―Grayson, ¿me puedes hacer un favor?

―Lo que sea por ti, Hermanita ―dice sonriendo―. Bueno, menos pedirme salir contigo, ya me gusta alguien, no la puedo reemplazar.

Le doy un pequeño golpe en el pecho, sonriendo con la poca energía que me queda.

―¿Me puedes llevar a casa?, tienes coche, ¿no?

―Técnicamente es el del padre de Joe, pero lo tomaré prestado. Todavía no he bebido.

―No, no ―intervengo rápidamente, con pánico entrándome por el cuerpo y espabilándome―, no hace falta.

―Lo haré, y voy a avisar a tu hermana, ¿vale?

―Gracias, Grayson.

―De nada, Clara.