Brillando entre las grietas CAPÍTULO 21 #3
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CAPÍTULO 21 #3

Cierro los ojos unos segundos para evitar la luz, que me hace más daño cada vez que la miro.

―¿Qué te pasa, Clara?

Niego varias veces y me doy la vuelta.

―¿Dónde te habías metido antes?, te he estado buscando después de que te escaparas del comedor.

―Vine aquí ―digo evitando su profunda mirada, que analiza cada pequeño movimiento que hago.

―¿Por qué?

Eso mismo me pregunto yo.

Ya no puedo poner de excusa lo de que me dolía la cabeza, porque aunque es cierto que el dolor es horrible, me afectó más cuando le vi acoger entre sus brazos a la chica.

Pero, ¿cómo le voy a decir eso?

No puedo estar celosa. No tengo ningún derecho. Soy yo la que le evita, pero luego me molesta verle con otra, ¿no?, ¿acaso soy estúpida?

Sí .

Eso no puede ser.

―¿Por qué no estás en clase? ―vuelve a preguntar, acercándose más a mí.

―No quería ir.

Joe me acaricia la mejilla con más delicadeza que una pluma mientras me mira a los ojos.

―¿Quieres que vayamos a un sitio?

Confundida, le devuelvo la mirada.

¿Quiere que nos vayamos del colegio?

―No… no puedo.

―¿Por qué? ―pregunta con un destello de decepción en la voz.

―Iba a la enfermería ―confieso en un murmullo apenas audible.

Sus cejas se juntan en un gesto de absoluta confusión que, en un pestañeo, se transforma en alarma.

Analiza mi rostro buscando señales de algo que me duela, una palidez o un rastro de cansancio mientras va acortando la distancia para sostenerme entre sus brazos. Cuando vuelve a darse cuenta de mi mano, sube las cejas y asiente como si lo entendiera todo.

―¿Quieres que te acompañe a que te curen la mano?

―No voy por eso.

Se queda paralizado por un instante.

―Entonces, ¿por qué vas?

―Me duele bastante la cabeza ―indico fingiendo una leve sonrisa.

―Tengo medicina en la mochila ―dice pasándose la mano por el pelo―, no sé si querrás.

Desesperada por algo que me alivie el dolor lo antes posible, asiento fuertemente.

Se le asoma una sonrisa en la cara y me toma de la mano izquierda.

Me dirige hasta los vestuarios y abre su mochila para sacar la pastillita, que me la da junto con la botella de agua.

―¿No te apetece hacer algo ahora? Será rápido ―indica subiendo las manos, dejándolas a la vista, intentando que le crea.

Me le quedo mirando unos segundos. Puedo percibir su sinceridad en los ojos. Es como si de veras necesitara que le creyera.

―Solo será un rato, si quieres luego te llevo a casa.

―A mi casa ―indico rápidamente.

No puedo ir a su casa. No después de…

―Claro, ¿a cuál te referías tú? ―pregunta frunciendo el ceño.

―Es que como cuando iba a la tuya decías… Bueno, da igual, no he dicho nada ―me excuso volviendo a coger tono en las mejillas.

―¿Quieres ir a mi casa? ―pregunta alzando las cejas, sorprendido.

Jope. Estoy notando como el calor sube y recorre toda mi cara inevitablemente.

―Ahora no está Evie si es lo que te preocupa.

―No me preocupa eso.

―¿Entonces?

―No puedo ir a tu casa, ni a ningún sitio ―intento escapar de nuevo.

―¿Por qué?

Joder, que insistente.

―¡Porque estás tú! ―acabo exclamando rendida, de espaldas a él.

―Pero pensé que era porque no querías estar con mi hermana y… y…

―Ni contigo, Joe ―intento convencerme a mí misma de lo correcto―.

Tú y tu hermana hicisteis exactamente lo mismo, Evie me miró y se rio, les siguió el rollo a las otras y me dejó tirada.

Tú también lo hiciste, no hay ninguna diferencia entre los dos, no me hicisteis daño físico, ese ya le tenía, solo preferisteis no ayudar, y eso me dolió más que todas las heridas que tenía.

Ahora intento no acercarme a ti, pero no puedo, ¿vale?

, siempre estás en medio, o si no eres tú, es Grayson.

Respiro hondo y continúo.

―Y se me están complicando mucho las cosas, porque se supone que debería de estar enfadada contigo tanto como lo estoy con Evie, pero no puedo estarlo―suspiro cogiendo aire después de hablar tan rápido―.

Ahora si no te importa, voy a los pasillos de primero a tumbarme en el sofá hasta que acaben las clases.

Joe se queda de piedra.

Normal. Ni yo me creo de dónde me he sacado todo eso.

―Pues si me importa que te vayas ―contesta haciendo un gesto con los brazos.

Me giro y me le quedo mirando fijamente, sorprendida por su inesperada intervención .

―Te quiero, Clara, muchísimo. Más de lo que te imaginas. Y sé que fui un completo imbécil y un gilipollas, y si pudiera viajar atrás y hacerlo bien, lo haría.

―Pero no puedes ―le interrumpo, sintiendo el dolor en el pecho más profundo―, el daño está hecho.

―Lo sé, joder, créeme que lo sé. Pienso en ti todos los putos días, y me mata que no me hables.

No sé qué hacer para que me perdones y lo único que quiero es llevarte a mi casa, meterte en mi habitación, y dormir juntos y hablar como lo hacíamos antes…

¿Sabes?, eres en lo único que pienso y me estás destruyendo poco a poco.

Aunque sé cuándo me perdones, valdrá la pena.

Joder, no me esperaba eso.

―¿Cómo sabes que te perdonaré?

―Porque te quiero, y el amor lo puede todo, incluso hacerte cambiar de opinión.

Pues sí, puede que me haga cambiar de opinión. O puede que no.