CAPÍTULO 19
Clara
Hoy empiezo el instituto.
Al final no voy a ir al público de la ciudad porque Darcy y las demás van a estudiar ahí, y no pienso cruzármelas. Ni loca.
Ahora voy al Livangsbon College con Evie. Es un alivio, la verdad; no habría soportado otro año en la misma clase que el resto, pero no me entusiasma mucho la idea de seguir viendo todos los días a le hermana de mi exnovio.
Me duele pensar en todo lo que se me pasa por la cabeza cada vez que la miro.
El problema es que para pagarme esto mi hermano se la ha tenido que jugar pidiendo un aumento en el trabajo.
Y para rematar, se enteró de la pelea gracias a una de las tantas veces que ha venido Joe a intentar hablar conmigo.
Pero mis hermanos no le dejaron pasar del porche.
Suerte de ellos. No quiero verle la cara. No estoy lista para hablar con él.
―Clara, o sales ya o llegarás tarde ―me grita Xander desde el otro lado de la puerta, pegando sus fuertes y característicos portazos.
―¡Voy!
Me miro por última vez al espejo. Analizándome a cuerpo entero porque el uniforme no me convence para nada. Siento que me queda fatal, como si todo me apretara o se me marcara donde no debe. La falda es de estampado de tartán, verde oscura y azul marino.
De parte de arriba llevamos una camisa blanca con un jersey azul marino que va a juego (menos mal, porque al menos el jersey es ancho y me tapa un poco.
Aunque no creo que con el calor que hace hoy me lo pueda dejar puesto mucho más tiempo).
Para las piernas puedes llevar medias largas negras o calcetines cortos azules; yo obviamente me voy a poner las medias largas para taparme lo más posible.
Ah, y también viene con una corbata azul que nadie se pone nunca, aunque la verdad es que queda bastante bonita.
Xander se me queda mirando mientras cojo la mochila.
―Estás muy guapa ―me dice alborotándome el pelo, que ya me ha crecido hasta más de la mitad de la espalda.
―Gracias ―agradezco sonrojándome, aunque no sé si por el cumplido o por los nervios.
―Ahora vete a clase. Y recuerda, si alguien te dice algo, contraataca.
Asiento con la cabeza, pero es mentira. Sé perfectamente que me voy a quedar callada, como siempre. Ojalá fuera tan fácil como él lo dice.
Salgo de casa con los movimientos más lentos del mundo, intentando alargar cada segundo para no llegar nunca.
Al cabo de un largo rato, ya estoy a las puertas del Livangsbon College .
Entro cabizbaja, agarrando mis manos entre sí mucho más fuerte de lo normal, apretándomelas y arañándolas lo justo para que mi atención se dirija al dolor y no a los nervios y a las ganas de vomitar.
Mi plan es: no llamar la atención de nadie, no hablar con nadie y sobre todo, no salir con nadie.
Así de simple.
Paso por los pasillos para llegar a mi taquilla. Desgraciadamente, el pasillo de primero está conectado con el de segundo, por lo que tengo más posibilidades de ver a Joe y de que él me vea a mí.
Joder.
Después de la confusión por ver tantas taquillas juntas, encuentro la mía. La número 106.
Guardo todo lo que no necesito y voy a clase.
Al fin ha llegado la hora del almuerzo.
Ya no aguanto más tiempo sentada en el aula de clase cuando no paro de pensar en el mal rato que me toca pasar ahora.
Camino hacia la cafetería para recoger el almuerzo, aunque en realidad no sé ni para qué pierdo el tiempo haciendo la cola. Tengo clarísimo que probablemente no sea capaz de acabar comiendo nada de nada.
Además, hoy por ser el primer día de curso, les ha dado por poner pizza y ensalada en el menú. A cualquiera le parecería un regalo, pero a mí solo me provoca un nudo en el estómago que, cada vez que avanzo en la cola, se hace más grande.
Para distraerme un poco mientras espero mi turno, mis ojos analizan el lugar por completo.
Se llegan a distinguir perfectamente los distintos grupos de personas que ya están sentadas en las mesas.
A la derecha se colocan los que tienen pinta que se pasan el día estudiando, a los que todo el mundo llama raritos, y también los nuevos de primero que andan un poco perdidos.
A la izquierda ocupan el sitio las chicas populares, los de los cursos mayores y los del equipo de fútbol gaélico.
Yo simplemente camino cabizbaja, con la mirada fija en mis zapatillas e intentando coger la comida de la forma más discreta posible para ser completamente invisible.
Todo sale como lo tenía planeado, pero justo cuando voy a salir de la cafetería para irme al baño, veo entre la gente, a un chico que me mira fijamente desde la parte izquierda del comedor. Grayson .
Mierda . Todos saben que donde esté Grayson, está Joe.
Tengo que irme de aquí. Y rápido .
Agacho la cabeza y salgo esquivando a la gente haciéndome más pequeña, sin que me noten.
―¿Clara? ―pregunta Grayson, caminado cada vez más cerca mío.
Me paro por inercia al oír mi nombre, pero luego camino como si no fuera yo. No necesito que la situación se complique aún más .
El chico se pone en frente mío y acaba frenándome contra su cuerpo.
―Sé que eres tú ―me atrapa, sonriendo de la misma manera en la que lo hace siempre―. Hace mucho que no te veía, hermanita ―me alborota el pelo.
―Emm, sí.
―Desde la fiesta ―murmura, haciendo desaparecer su sonrisa―. Por cierto, ¿cómo estás? Te veo bien.
Jope, ahora me siento mal por haber reaccionado así cuando le vi aquel día.
―Estoy bien, gracias.
―¿No me vas a dar un abrazo? Sigo siendo uno de tus mejores amigos, ¿verdad?
Asiento con la cabeza y me acerco a su enorme cuerpo para que me abrace. Hace tiempo que no le veía, y ha cambiado mucho. Sobre todo, ha crecido, me saca como dos cabezas.
―¿Dónde vas ahora? ―pregunta curioso.
―A comer.
―¿A dónde?
―A otra parte.
―No hay otra parte para comer, a no ser que vayas al baño como en las películas ―dice riéndose―. Sería una chorrada.
Bajo la cabeza, ocultando mi penoso rostro, que ahora irradia vergüenza, y con las mejillas ardiendo y deseando que el suelo me trague en este mismo instante .
―Ibas al baño, ¿verdad? ―deduce abatido.
No contesto, solo finjo una sonrisa e intento seguir mi camino.
―Ni de coña te dejo comer sola en el baño, Joe se cabrearía mucho conmigo.
Mi cuerpo se tensa automáticamente al oír su nombre. Llevo tanto tiempo evitando cualquier tipo de tema relacionado a él, que ahora, me cuesta oír su nombre sin que el corazón me dé un vuelco.
―Es verdad… ―dice Grayson con un suspiro, asintiendo varias veces con la cabeza―. Ya no os habláis.
Me agarra del brazo y me vuelve a atraer hacia donde está él.
―Sé que es mi mejor amigo, pero fue un cabrón al decirte eso viendo cómo de mal venías.
Joder.
Las lágrimas otra vez no, por favor, ahora mismo no me puedo permitir ponerme blanda.
Es el primer día de insti. Me trago el nudo de la garganta y me contengo como buenamente puedo.
De pronto, empiezo a verlo todo un poco borroso por culpa de la humedad en los ojos, pero parpadeo rápido, negándome a que salgan las lágrimas.
Respiro hondo y finjo que dentro de mí no está pasando absolutamente nada.
―Vamos, te presentaré a los chicos que no conoces, a partir de ahora te sentarás con nosotros .
―¡No!, no, estoy bien sola ―intervengo, notando como el corazón se me acelera de repente.
―Si lo que te preocupa es Joe, está con el entrenador, no creo que le dé tiempo a almorzar.
Tira de mi brazo hacia dentro de la cafetería y nos dirige a la mesa de los de fútbol.
―Chicos, esta es Clara ―me presenta Grayson, poniéndome delante suyo para que todos me vean―, Clara estos son Ewan, Brody, Bruce, Cayden, Luke, Regie y Noah. A Royce y a Cedric ya los conocías.
―Hola ―saludan todos, sonriéndome y dándose codazos entre ellos.
―Te va a tocar sentarte en el hueco de la ventana, eres la que menos pesa ―indica Royce, acompañado de un gesto con la cabeza.
Asiento temblorosa y paso por el medio hasta llegar a la ventana. Intento dar un salto, pero no llego a subirme. Decidida a no rendirme, lo intento varias veces más, pero no puedo llegar a sentarme en el dichoso hueco.
Me hago parar con una oleada de vergüenza, porque sé que me están mirando y no quiero quedar como una niña que no sabe ni subirse a un hueco en una ventana.
De repente, unos brazos me agarran por atrás y me aúpan hasta sentarme. Por suerte, es Grayson .
―Gracias ―respondo tímida y con el corazón a mil por hora por el susto, aclarándome la garganta en un intento de disimular.
―No hay de qué, hermanita.
Se sienta cerca de donde estoy y da una palmada para que los chicos me dejen de mirar y se centren en lo que intenta decir.
―¿Es tu hermana, Grayson? ―pregunta uno con sonrisa pícara, evitando completamente de lo que estaba diciendo su amigo―, que calladito te lo tenías.
―No, imbécil, no es mi hermana, solo la llamo así. En verdad es la novia del Capi.
Todos abren los ojos con una mezcla de escándalo y terror, y me dejan de mirar.
―¿Qué pasa conmigo? ―dice una voz a lo lejos, que hace que esas simples palabras me resuenen en la cabeza como un eco.
Alzo la cabeza y le veo. El chico musculoso, alto y rubio más guapo del mundo.
Y ahora con gafas. Eso sí que no me lo imaginaba, es algo nuevo.
Joe Hunt está acercándose a la mesa sonriendo, pero con confusión en el rostro. Con suerte, todavía no me ha visto.
Se toma su tiempo para sentarse un una silla en el otro extremo, al lado de Grayson y de Royce.
Vigila toda la cafetería como si estuviera buscando algo que no ve.
Mirando cada centímetro de la sala con una concentración que es imposible de romper, y por suerte, lo suficientemente absorto como para no mirarme.
Ni siquiera sabe que estoy aquí, cosa que por un lado me tranquiliza, pero por otro me pone aún más nerviosa.
Necesito largarme lo antes posible.
―Chiss ―llamo a Grayson, que me mira expectante y bastante tenso.
―¿Qué pasa? ―susurra acercándose, moviéndose lentamente para que Joe no se dé la vuelta.
―Bájame de aquí ―le pido en voz baja, demasiado inútil como para hacerlo yo misma.
―Creo que deberías de hablar con él.
―No, Grayson, por favor.