CAPÍTULO 18
Joe
Comprobado. Ha sido el peor verano de mi vida.
Quedan unas semanas para volver al instituto.
Con suerte, Clara irá al Livangsbon College conmigo.
No le he visto desde la fiesta de un chico del equipo de los pijos, en junio. Hace dos putos meses. Así que no sé nada de ella, y mucho menos a qué instituto irá.
Me intento distraer con todo lo posible para no pensar en ella, pero me resulta imposible. Cuando voy al baño de mi habitación, están sus gomas de pelo, su peine, el cepillo de dientes que tiene de cuando venía a dormir… También está su sitio en la mesa para cenar, pero ya no hay nadie.
―¿Sigues así, tío? ―pregunta Grayson, acercándose a las gradas.
―No me apetece jugar hoy.
―Joder… Tú eres el responsable de los dos, no puedes decir que no quieres entrenar ―dice cruzándose de brazos.
―Es que de verdad que hoy no puedo.
―¿Y qué quieres?
A ella . La quiero a ella.
―No lo sé.
―Pues eso no vale ―suelta Grayson cruzándose de brazos―. Tienes que dejar de pensar en Clara de una vez. Te vas a volver loco .
―Lo sé, Grayson ―admito en un suspiro, sintiendo que me falta el aire―. Pero es que no es tan fácil.
Mi amigo toma una bocanada de aire y deja atrás su expresión cómica de siempre.
―A ver, Joe. Sé que a veces se metían con ella, y que tu siempre estabas ahí detrás, ¿vale?
―dice intentando mantener la calma―. Pero lo del otro día fue otra cosa.
Vino a buscarte hecha una mierda después de que la pegaran.
¡Estaba rota, tío, que yo estaba delante!
Y tú vas, te congelas y le dices que es un caso perdido.
No puedes pretender que no ha pasado nada, pasarte por su casa a ver si sale a hablar contigo o encontrártela en una fiesta y aparecer en su vida así como así para arreglarlo todo como si nada.
―¡Es que necesitaba verla, Gray! ―le espeto, apretando con fuerza las llaves en mi bolsillo―. Tengo que asegurarme de que está bien, de que sigue com… ―callo mis palabras antes de decir algo que no debo―. Necesito saber que está bien.
Grayson se levanta frustrado, apretando los puños y tomando una bocanada de aire mientras da un paso para ponerse enfrente mío.
―¡Que ya no es tu novia, Joe! ―espeta subiendo la voz, lo que me golpea como un puñetazo fuerte y seco―. Métete eso en la cabeza de una puta vez. No puedes ir corriendo hacia ella haciendo de guardián cuando fuiste tú quién la hundió el otro día .
Sus palabras me caen como un balde de agua helada y me quedo completamente paralizado en el sitio.
―Pero…
―Joe ―me llama con un tono bastante serio, sin dejarme hablar―. Fuiste un cabrón, no hay otra forma de decirlo, tío. Hiciste todo lo contrario a lo que necesitaba en ese momento. Viste lo mal que estaba y le diste completamente la espalda.
―¡Yo no quería hacerlo, Gray! ―grito, y la voz se me quiebra con impotencia―.¡Solo me puse nervioso! No tenía ni puta idea de lo que tenía que hacer al verla así… me superó, ¿vale?
―Pero eso Clara no lo sabe, Joe ―replica él, agitando las manos y perdiendo la paciencia gracias a mi cabezonería―. Ella solo sabe lo que le dijiste, que ya no la quieres, que te estás cansando de ella o no sé que coño pensará una chica en esos momentos. Pero no debe de ser nada bueno.
―No me digas eso, tío ―digo abatido, pasándome las manos por el pelo con fuerza y dejándolas ahí para cubrir mi cara y no llorar.
Un poco desesperado al ver que me hundo en la miseria, se vuelve a sentar a mi lado y me da un golpecito en el hombro.
―A ver. Sois tal para cual, llevas desde los nueve años con ella, lo sé. Pero si de verdad la quieres, tienes que darle su tiempo. A lo mejor esta vez no te perdona. Pero tienes que dejar de agobiarla para calmar tus propios nervios .
Niego con la cabeza y me levanto del asiento, dejando a mi amigo solo en las gradas.
―No creo que hagas nada útil huyendo, eh ―grita a mi espalda.
Sin girarme, le hago la peineta con el dedo y camino lentamente hacia el aparcamiento.